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lunes, 8 de enero de 2018

El nacimiento de la lingüística moderna



Con la publicación en 1916 del Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure surgirá lo que se ha venido considerando desde entonces una verdadera ciencia lingüística moderna. 

Desde que Ch. Bally y Schehaye dieran a la imprenta los apuntes tomados en las aulas del profesor ginebrino, la lengua sería un objeto de estudio válido por sí mismo y recibiría un tratamiento de carácter científico. 

Esta dimensión científica del hecho lingüístico implicaría un acercamiento empírico a la materia objeto de estudio así como la búsqueda del objetivismo en esta labor. De igual modo, la lingüística se dotaría de una terminología propia y centraría sus esfuerzos en la descripción del fenómeno, renunciando al carácter prescriptivo. 

Del análisis del Curso es posible extraer una serie de máximas que definirán tanto la lingüística saussereana como todo la Lingüística que podríamos englobar en el denominado paradigma formal de los estudios lingüísticos.

Así, la nueva lingüística centrará su atención en la lengua oral, manifestación primigenia de toda lengua que, solamente subsidiariamente, se registra de manera escrita.

Por otro lado, el concepto de signo lingüístico, entidad biplánica que guarda una relación arbitraria o convencional entre sus elementos, será un concepto nuclear de toda la lingüística posterior. Se establecerá de este modo la conocida dicotomía entre significante y significado, las dos caras del signo lingüístico que presentan entre sí una relación, además de convencional, solidaria.

Como hemos apuntado, la lingüística saussereana centrará sus esfuerzos en la descripción del sistema de una lengua. Entendiendo que la lengua conforma un sistema que cuenta con una estructura interna en la que cada uno de los elementos se organiza con respecto a las unidades del sistema en virtud a las relaciones que mantienen entre sí. Este tipo de relaciones pueden ser básicamente de dos tipo: in praesentia o in absentia. 

Por último, la lingüística saussereana centrará sus estudios en el estadio actual del sistema. Es decir, adoptará un punto de vista eminentemente sincrónico.

miércoles, 3 de enero de 2018

Evolución general de la lingüística



Resulta ya común delimitar el comienzo de la lingüística moderna con la publicación, en 1916 del Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure. Con anterioridad a este hito solo podríamos hablar, con propiedad, de estudios sobre el lenguaje. Durante este periodo previo el lenguaje será estudiado como una herramienta supeditada a un fin mayor, ya sea el estudio de la psique humana o la proyección social del lenguaje.

Posteriormente, tras los trabajos de Friedrich August Wolf en el siglo XVIII, la filología experimentará una progresiva evolución que, especialmente en el siglo XIX, le llevará a centrarse en el estudio diacrónico de las lenguas y en su clasificación tipológica.

Con la publicación del Curso el lenguaje se convertirá en un objeto científico válido por sí mismo con lo que se inicia, con propiedad, el estudio científico del lenguaje. 

Más adelante estudiaremos con mayor detalle la figura de Ferdinand de Saussure así como los aportes que realizara al desarrollo de la lingüística. No obstante, llamemos un momento la atención sobre una de las dicotomías planteadas por el profesor ginebrino.

Efectivamente, Saussure diferenciará claramente entre lengua, lo esencialmente lingüístico, y el habla, la manifestación concreta de una lengua. Esta distinción entre Langue y Parole, en la terminología saussureana, se encuentra en la base de la posterior evolución de la ciencia lingüística.

Así, en un principio los estudios lingüísticos se centrarán en el estudio del sistema, es decir, en lo que Saussure denominó lengua. Con esto se dará comienzo al denominado paradigma formal de la lingüística, dentro del cual sería dado incluir al estructuralismo, tanto europeo como americano y, al menos desde los años cincuenta, a las diferentes variantes de la Gramática Generativa.

De este modo, todas aquellas corrientes que se pueden agrupar bajo el paradigma formal compartirán un conjunto de presupuestos teóricos. Todas ellas se centrarán en el estudio inmanente del sistema lingüístico prescindiendo del análisis del uso y desatendiendo, consecuentemente, la actividad lingüística de los hablantes. De igual modo, considerarán que la función primordial del lenguaje es la expresión del pensamiento y reconocerán en la oración la unidad máxima de la lengua.

Frente a este paradigma formal, a partir de los años sesenta, surgirán todo un conjunto de corrientes que centrarán su atención en el uso de la lengua. Se tratan de disciplinas lingüísticas que afrontan el estudio del lenguaje desde presupuestos no inmanentistas y que, partiendo del convencimiento de que la función básica del lenguaje es la de comunicar, prestarán especial atención a la actividad lingüística de los usuarios en un contexto comunicativo donde la unidad de análisis máximo ya no será la oración si no el texto.

Todas estas corrientes lingüísticas como la Pragmática o la Lingüística del texto conformarán el denominado paradigma comunicativo de la lingüística.

Pese a las evidentes discrepancias que es dado descubrir entre ambos paradigmas somos de la opinión, junto a Enrique Bernárdez, Introducción a la lingüística del texto, de que ambas posturas no son contradictorias. Tal y como señala Bernárdez, ambos paradigmas responden a la evolución de la ciencia. Así, cuando en cualquier disciplina las posibilidades interpretativas que proporciona el análisis inmanente se agotan, esta establece relaciones externas que le permitan avanzar en la comprensión del fenómeno objeto de estudio.

martes, 2 de enero de 2018

El ensayo en España en la segunda mitad del siglo XX




Las décadas de los 40 y 50

Durante la década de los cuarenta las circunstancias políticas, ideológicas y morales determinarán la evolución del género. Por un lado, el ensayo se convertirá en una poderosa herramienta para propagar los valores afectos al Régimen franquista. Por otro, las citadas circunstancias determinarán la temática de aquellas obras que logran escapar a los condicionantes anteriormente mencionados.

Así, la temática general de estos ensayos literarios se centrará en aspectos relacionados con la crítica literaria o la historiografía. De este modo, los productos más acabados de esta época serán estudios de carácter humanístico realizados por autores de contrastado prestigio como Dámaso Alonso o Rafael Lapesa.

La década de los cincuenta traerá consigo cambios en el ambiente socio-político del país. Cada vez se mostrarán de manera más evidente las posturas discrepantes, tanto de los desafectos, como Pedro Laín Entralgo, como la postura de aquellos sectores inconformistas atrincherados en el seno de la universidad.

De igual modo, durante esta época aparecerán las primeras colecciones de ensayo en editoriales como Taurus, Seix Barral o Guadarrama, las cuales procuran conectar la escena intelectual hispana con el pensamiento europeo.

Dentro de nuestras fronteras destacarán autores como Pedro Laín Entralgo, España como problema, Julián Marías; Los españoles, Historia de la filosofía o Enrique Tierno Galván, Humanismo y sociedad.

Pero junto al ensayo literario que se produce dentro de nuestras fronteras es necesario reseñar la presencia de un ensayo del exilio.

Una de las consecuencias directas de la victoria franquista en 1939 sería la expatriación de buena parte de los intelectuales de talante liberal. No obstante, estos autores no renunciarían a la creación de ensayos que, fuertemente influídos por la figura de Ortega, procurarán estar al tanto del pensamiento universal. 

Estos autores manifestarán una honda preocupación por la realidad histórica y cultural de España, indagando en las causas que han determinado la situación actual.

Entre estos escritores podemos incluir a María Zambrano, discípula de Ortega quien aunará en su prosa ensayística la filosofía y el lirismo. Sus textos, como Filosofía y poesía o Claros del bosque, se centrarán en la historia de España, la Guerra Civil y la literatura.

Años 60 y 70

Durante los años 60 distintos acontecimientos darán un nuevo impulso al género ensayístico. En este sentido resultarán cruciales el desarrollo de las ciencias humanas, el contacto directo con el pensamiento europeo y norteamericano o la aparición de publicaciones periódicas dedicadas a la discusión de aspectos socio-culturales como Triunfo o Cuadernos para el diálogo. Igualmente, la aparición de nuevas editoriales de carácter independiente como Anagrama, Tusquets o Laia resultarán cruciales en el desarrollo del género.

Por su parte, el aperturismo político de los años 70 posibilitó que los autores adoptaran una mayor actitud crítica así como una creciente libertad expresiva unida a una innegable voluntad comunicativa. 

A lo largo de estos años los ensayos se ocuparán de aspectos políticos, destacando en ellos una radical impronta divulgativa. Junto a estos temas surgirán otros que hasta ese momento habían esto ausentes en el género. Así, empezarán a surgir un conjunto de textos que se ocuparían del cine, la contracultura o las filosofías orientales.

Desde los años 80

La consolidación de las libertades redujo el interés por el ensayo de carácter ideológico mientras introdujo nuevas temáticas.

Durante los años 80 las reflexiones ensayísticas se centrarán en aspectos tanto éticos como estéticos de la sociedad.

Durante los años 90 y primeros años del nuevo milenio, las ensayos se centrarán en interpretar convenientemente los cambios sufridos por la sociedad española. Así, cuestiones como las consecuencias de la transición, los diferentes nacionalismos, el papel los medios de comunicación, o de las nuevas tecnologías junto a los retos a los que se enfrenta la ecología ocuparán las páginas de los ensayos en los últimos años.

También en lo formal el ensayo experimentará importantes cambios. En términos generales se puede afirmar que el ensayo tiende al hibridismo genérico al tiempo que goza de mayor libertad formal y adopta un estilo accesible.

Entre los autores más celebrados del ensayo contemporáneo encontramos a autores como Manuel Sacristan, Gustavo Bueno, Agustín García Calvo o José Antonio Marina.

El ensayo literario español durante el Novecentismo



Con el término de novecentismo se pretende agrupar a un conjunto de intelectuales de talante liberal y pertenecientes a la alta burguesía que desplegarán en el primer cuarto del siglo XX una destacada actividad pública con el objetivo, tal y como sucedería con la generación anterior, de reformar y modernizar España.

Estos autores, que en opinión de Marichalar, La vocación de Manuel Azaña, será la primera generación de intelectuales con intención política en España, tendrán una clara vocación europeizante, considerando que solo es posible la renovación patria participando del desarrollo científico europeo. Esto les llevará a preconizar la necesidad de “cientificar” España, pues consideran que solo superando el atraso secular que el país mantiene en el ámbito científico será posible su progreso. Por otro lado, estos autores considerarán necesario racionalizar la política, promulgando fórmulas encaminadas a la reforma en este ámbito. Por último, la práctica del ensayo literario será percibido como la vía más adecuada para alcanzar sus fines. Será este el motivo por el cual sentirán una verdadera preocupación de carácter estilística.

José Ortega y Gasset

Los pilares fundamentales del pensamiento orteguiano serán la razón vital y el condicionamiento de las circunstancias. A lo largo de sus escritos tratará de establecer puntos de unión entre la filosofía racionalista pura y la vitalista irracionalista llegando a concluir que la razón es una parte indisociable de la experiencia vital.

Verdadero guía intelectual, tanto para su generación como para las venideras, indagará en la realidad radical de la vida humana individual destacando su desarrollo histórico y por lo tanto la incardinación del sujeto con las circunstancias que lo rodean.

Su producción ensayística es amplia y valiosa en su conjunto, por lo que resulta complejo seleccionar aquellas obras que puedan resultar especialmente significativas. No obstante, en Meditaciones del Quijote Ortega reflexionará sobre las circunstancias que rodean al país y en La deshumanización del arte propondrá una descripción del nuevo arte del momento.

Otros autores novecentistas

Muchos serían los autores que podríamos incluir bajo este epígrafe y cualquier selección, sean cuáles sean los criterios, resultará obviamente injusta. No obstante, obligados por el carácter general del presente trabajo, haremos mención a la producción ensayística de Manuel Azaña. En obras como Plumas y palabras, recopilación de sus artículos aparecidos en La pluma y España, o en La velada de Benicarló, Azaña repasará los males patrios proponiendo medidas reformadoras en la educación y en la organización del estado.

Igualmente relevante será la figura de Eugenio d´Ors. Este autor, vinculado en un principio al nacionalismo catalán, será el inventor del término “novecentismo”, el cual opondrá al irracionalismo y sentimentalismo decimonónico. Frente a estos planteamientos deudores del Romanticismo d´Ors propondrá un nuevo clasicismo, un arte intelectual y el regreso a las normas de proporción y belleza. 

Entre la producción del intelectual catalán destaca su Nuevo glosario, que recoge sus artículos -glosas- aparecidos en prensa. Otras obras de interés serán Tres horas en el museo del Prado o La filosofía del hombre que trabaja y juega.

El ensayo literario en la España del cambio de siglo




El papel del periodismo en el desarrollo del ensayo

El desarrollo del ensayo literario en el siglo XX no sería comprensible sin tener en cuenta la importante evolución que a lo largo de este siglo habría de experimentar la prensa escrita. Convertida en una eminente plataforma desde la que crear una opinión a nivel social, la prensa pronto se percibió como una poderosa herramienta de divulgación de las ideas que, especialmente en el primer tercio del siglo, pretendían una transformación efectiva del país. De este modo, semanales como España, Faro o Europa se convirtieron en piezas necesarias de un plan educativo de ámbito nacional que, sentido como una necesidad por la minoría intelectual, pretendía regenerar la sociedad hispana. 

En la puesta en marcha de esta estrategia jugará un papel principal el filósofo José Ortega y Gasset. Con la creación de publicaciones como El Sol, donde verían la luz algunas de sus obras como La rebelión de las masas o La deshumanización del arte, o la Revista de Occidente, Ortega cederá el protagonismo social a los intelectuales que, por primera vez, se convertirán en líderes de opinión gracias a sus creaciones ensayísticas.

Primer tercio

Todo un grupo de escritores fineseculares experimentarán en el cambio de siglo, una progresiva falta de fe en la filosofía positivista. La idea de progreso continuo y las posibilidades que la ciencia empírica parecía haber abierto, se mostraron repentinamente inoperantes. A este sentimiento, que se ha dado en denominar crisis de conciencia finisecular, se unirá, en el caso español, la angustia experimentada ante la crisis política que el régimen de la Restauración venía sufriendo.

Ante estas circunstancias se plantea la necesidad de una radical reforma de carácter nacional que, al menos en un primer momento, debería basarse en la búsqueda de la auténtica identidad hispana presente en su historia, en su arte y en su paisaje y paisanaje.

Afrontarán esta labor un conjunto de intelectuales, todos ellos miembros de la baja burguesía, que desde planteamientos en su mayoría de talante liberal procurarán influir con sus ensayos en el devenir histórico de España. 

Serán los ensayos de estos autores los que de manera evidente contribuirán a configurar las características del ensayo moderno: apreciable tendencia hacia la reflexión crítica, mayor presencia del componente subjetivo y la presencia de un diálogo constante con el lector.

Ángel Ganivet

Junto con Costa Ganivet se convertirá en la figura más destacada del Regeneracionismo. En sus ensayos, como Idearium español, intentará descubrir los rasgos definidores de la identidad hispana. Entre los más destacados podemos incluir el afán de independencia, el fuerte individualismo y el espíritu guerrero.

Miguel de Unamuno

La personalidad por momentos contradictoria y la evolución personal del escritor bilbaíno son fácilmente identificables en su producción ensayística. En ella abundarán muestras de un razonamiento subjetivo al tiempo que reflejarán su personal visión del mundo. Para ello empleará un estilo caracterizado por el predominio de la oración breve, la abundancia de exclamaciones, el gusto por los neologismos y los regionalismo así como el uso de metáforas y una adjetivación profusa. Todos estos elementos dotan a sus textos de una buscada confidencialidad con el receptor.

Como ya se ha apuntado, los ensayos literarios de Miguel de Unamuno reflejan la evolución sufrida por el escritor modernista. Así, a medida que avanza en su trayecto vital el escritor irá centrándose en diferentes problemas. De este modo, en sus primeros ensayos se puede detectar la preocupación sentida por la necesidad de modernizar y europeizar España, postura que más adelante mudará en un enconado casticismo. Más adelante sus obsesiones se enmarcarían en el debate interno entre la razón y la fe para situarse, ya en sus últimos años, en posturas cercanas al idealismo.

Como meros apuntes de su dilatada producción citemos aquí solamente dos obras.

En En torno al casticismo Unamuno planteará la necesidad de modernizar el país pero sin renunciar a lo esencialmente hispano, presente en la su literatura y en su arte, pero también en la intrahistoria del pueblo anónimo.

Por otro lado, en Del sentimiento trágico de la vida, Don Miguel planteará una búsqueda obsesiva de la inmortalidad. No obstante, esta, implica, al menos bajo su punto de vista, la lucha irresoluble entre la razón y la fe.

Azorín

También es posible rastraer la evolución de José Martínez Ruíz en su producción ensayística. En este caso, el aspecto más notable de la misma se centrará en los presupuestos ideológicos que lo conducirán desde posturas cercanas al anarquismo hasta una ideología de carácter mucho más pragmática. 

Por lo que se refiere al conjunto de sus ensayos es dado diferenciar aquellas obras de clara intención regeneracionistas de los ensayos dedicados a temas exclusivamente literarios. 

Serán sin duda los primeros los más difundidos. En ellos el autor pretende encontrar la esencia de lo nacional en el paisaje, en los pueblos castellanos y en las vidas que transcurren en ellos. Son por eso ensayos repletos de descripciones de carácter impresionista en las que con cierta morosidad no exenta de lirismo el autor alicantino profundiza en la psicología nacional.

Pertenecen a este grupo obras como Castilla, donde la reflexión sobre el paso del tiempo deja un poso de amargura ante la inmutabilidad de una desagradable realidad. Por su parte en La ruta de don Quijote Azorín se ocupará de los paisajes y las pequeñas experiencias cotidianas que configuran la esencia de lo español.

Por lo que se refiere a sus ensayos literarios José Martínez Ruiz se revelará como un magnífico crítico de base intuitiva y profundamente subjetivo. Ejemplos de esta veta ensayística serán Al margen de los clásicos o Lecturas españolas.

lunes, 1 de enero de 2018

El ensayo en España durante el siglo XIX




Durante el siglo XIX España atravesará una convulsa situación socio-política. Estas circunstancias explicarán la especial vitalidad del género ensayístico durante este periodo. En él los intelectuales hispanos encontrarán un espacio privilegiado donde debatir sus diferencias ideológicas. Entre aquellas que presentarán una mayor virulencia estarán las que mantendrán los partidarios de la modernidad frente a los defensores de la tradicionalidad hispana.

De igual modo, el estilo sencillo preconizado durante el siglo XVIII será sustituido por un estilo más oratorio, cargado de frases largas, referencias cultas y el empleo de un tono elevado en general. Estas obras se mantendrán a medio camino entre el periodismo, que durante este siglo experimentará un extraordinario auge, y los estudios especializados.


Primera mitad

Durante la primera mitad del siglo XIX el cuadro de costumbres experimentará un notable desarrollo lo que provocará que, durante este periodo, las obras más significativas del género ensayístico formen parte de este subgénero. Así, para Ricardo Navas, Romanticismo español, historia y crítica, el autor de estas obras se convertirá en un auténtico censor que criticará de manera despiadada todos y cada uno de los aspectos no deseables de su sociedad. 

Estas obras, al igual que todo ensayo literario, se caracteriza por carecer de trama argumental. Sus temas preferidos son de carácter político, económico o social y el tratamiento de estos temas se aproxima al tono filosófico.

Los autores más reseñables de este tipo de obras serán Eugenio Tapia, Sebastián Miñano o Mariano José de Larra,, quien publicará sus obras bajo el seudónimo de el Duende o El pobrecito hablador.

Segunda mitad

La segunda mitad del siglo XIX se caracterizará por el enfrentamiento de dos concepciones opuestas a la hora de entender la idiosincrasia nacional así como la determinación del camino que habría de tomar el pueblo español a la hora de dar solución a sus problemas.

Así, para un sector de los intelectuales hispanos, la solución a los males patrios se encontraba en un conservadurismo de corte tradicionalista. De tal opinión serán estudiosos como Marcelino Menéndez Pelayo, defensor a ultranza de un militante nacionalismo de base ultracatólica en Historia de la heterodoxos españoles, o Jaime Balmes, quien en El protestantismo comparado con el catolicismo ejercerá de pensador católico con una clara intención divulgativa. 

En oposición frontal al catolicismo tradicionalista se manifestarán un conjunto de intelectuales liberales que seguirán el ideario de Friedrich Krause. Este autor propondría una religiosidad de base racional alejada de la concepción en ocasiones excesivamente pasional y emotiva que se preconizaba desde las filas conservadoras.

Este ideario, de fuerte impronta pedagógica, se concretará en la Institución Libre de Enseñanza, innovadora entidad pedagógica que buscaba la formación integral de sus alumnos. Para ello, desde una perspectiva ética, se plantearía un sistema de aprendizaje alejado de la pura memorización de saberes y de base empírica.

Entre los autores que formarían parte de este grupo es necesario mencionar a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución y magnífico pedagogo que daría a las letras hispanas ensayos tan valiosos como Educación y enseñanza.

viernes, 29 de diciembre de 2017

El ensayo literario en España durante el siglo XVIII




Al finalizar el siglo XVII los caminos de la prosa narrativa estaban prácticamente agotados. La llegada del neoclasicismo, con su obsesión preceptista y didáctica, vendría a finiquitar definitivamente la evolución de la ficción narrativa pura.

En contraposición, los mismos presupuestos apuntados hicieron del ensayo el género predilecto de la literatura neoclásica. Las características propias del género lo convertían en un instrumento ideal para la instrucción de las masas al tiempo que se amoldaba de manera satisfactoria a las exigencias de los nuevos mecanismos de difusión de información: la prensa periódica.

En consonancia con la misma finalidad de estos textos la preceptiva neoclásica propondrá la utilización de una prosa clara, directa y precisa, que provoque la reflexión sin convertirse en motivo de reflexión ella misma. Como en otros muchos aspectos de la época, se trata de alcanzar el punto medio. En este caso entre la disertación científica y la conversación cotidiana.

Como hemos apuntado la aparición de la prensa creará el habitat idóneo para el desarrollo del ensayo literario. Esta se convertirá en un vehículo privilegiado para la difusión de las nuevas ideas que traerá consigo el siglo XVIII y en sus páginas la prosa ágil y ligera del ensayo neoclásico encontrará su espacio natural. 

Entre las publicaciones periódicas de este periodo en las que el ensayo tendrá mayor protagonismo podemos citar a El Censor, el Diario de los eruditos de España o El pensador.

Apuntan Felipe B. Pedraza y Milagros Rodríquez Cáceres, Las épocas de la literatura española, que el denominado cuadro de costumbres, obra breve de impronta costumbrista, se encuentra en sus planteamientos teóricos muy próximo al ensayo. Estas obras, de frecuente aparición en prensa, presentaban un tono crítico que los acerca al carácter didáctico de los ensayos literarios. Así, tanto la producción de Ignacio Erbada, Los fantasmas de la corte y estafernos de Madrid, como la de Juan Cristobal Romea y Tapia, El escritor sin título, se convertirían, en opinión de los dos estudiosos citados, en acabados ejemplos del ensayo neoclásico.

Benito Jerónimo Feijoo

Recaerá en el benedictino la responsabilidad de convertirse en uno de los ensayistas más destacados de este periodo. Con una prosa clara y sencilla, siempre al servicio de la erudición y la sagacidad, pretenderá desterrar mediante sus ensayos la superstición de la sociedad hispana fomentando una visión crítica de la realidad cimentada en la razón y el empirismo. 

Entre sus producciones más celebradas podemos citar Cartas eruditas y curiosas o Teatro crítico universal.

José Caldalso

La figura de José Cadalso resultará crucial a la hora de comprender la maduración y evolución del género ensayístico en la literatura hispana. En sus obras, Cartas marruecas o Eruditos a la violeta, partirá del ideario ilustrado para desarrollar un discurso coherente de carácter reformista. Así, se ocupará tanto del atraso que sufre la sociedad hispana aplicando, desde un punto de vista externo, una leve carga crítica o, tal y como hiciera Leandro Fernández de Moratín en La derrota de los pedantes, se encargará de vilipendiar aspectos concretos de la República literaria de la época.

Gaspar Melchor de Jovellanos

Será el asturiano el campeón del ensayo utilitario y reformador. En sus obras se propondrán respuestas concretas y prácticas encaminadas a la reforma técnica y política de España. En esta dirección se encaminan tanto su Informe en el expediente de la Ley agraria o la Memoria sobre la policía de los espectáculos y diversiones públicas.

Hacia una breve definición del ensayo literario




Podemos definir el ensayo como una composición literaria en la que el autor nos muestra, por lo general de forma breve y didáctica, su particular punto de vista sobre una cuestión concreta.

De manera habitual este tipo de obras carece de trama y suele emplear un estilo argumentativo con el que pretende clarificar y defender la postura mantenida por su autor.

Resulta ya tradicional situar el origen del género en el siglo XVI, cuando Montaigne escribe sus Essairs (1580). No obstante, esta obra, consecuencia del auge del antropocentrismo renacentista y consecuentemente de la introspección como fuente de autoconocimiento, guarda evidentes deudas con obras pertenecientes a la Antigüedad Clásica. De este modo, no son pocos los autores que atribuyen la paternidad del género a autores clásicos como Cicerón, Séneca o Plutarco.

También en nuestras letras contamos con célebres antecedentes que si bien no respondían a los presupuestos programáticos de este género -dado que no existía como tal- sí que tanto en sus pretensiones como en su organización parecen comportarse como precursores del mismo. Este es el caso, por ejemplo, de las Cartas de Alfonso de Cartagena o el Camino de perfección de Santa Teresa.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Influjo del Romanticismo en los diferente géneros literarios hispanos




El influjo que tendrá el Romanticismo en la literatura española será desigual en relación al género literario al que prestemos atención. En lo que sigue se repasarán las obras más destacadas del periodo en cada género así como las influencias más relevantes.

Teatro

En teatro el subgénero que resultará prototípico del movimiento romántico será el drama histórico,  el cual tendrá su origen en las obras de este surgidas en el seno de la literatura alemana.

En general, su desarrollo en la Península será lento aunque, de manera gradual, se asimilarán tanto los temas como las técnicas, especialmente en lo concerniente a la ruptura con las reglas neoclásicas de tiempo,acción y espacio.

Anunciará la tendencia romántica la obra de Mariano José de Larra Macías. Aunque mantiene la fidelidad a las reglas la obra de Larra presenta ciertas novedades que entroncan con la vena romántica. Así, se abandona la tradicional división en tres jornadas optándose por cuatro. Igualmente, el número de personajes sobre las tablas se incrementa notablemente respecto a sus predecesoras y la trama resulta mucho más compleja y no exenta de tintes violentos y un ambiente tétrico.

No obstante, el triunfo pleno del drama romántico hispano llegará de la mano del duque de Rivas. Don Ángel de Saavedra empleará en su Don Álvaro o la fuerza del sino todo el arsenal técnico, retórico y temático del Romanticismo. La distribución del argumento en cinco jornadas, la absoluta ruptura con la reglas neoclasicistas, la mezcla de géneros así como la utilización de prosa y verso concuerdan a la perfección con el argumento general de la obra, donde el fatum al cual debe enfrentarse el héroe alcanza tintes trágicos. 

Junto al mencionado duque de Rivas cabría citar aún a algunos autores, como Juan Eugenio Hartzembusch quien en obras como La jura de Santa Gadea o Los amantes de Teruel combina la temática romántica con los recursos técnicos señalados.

Representante tardío del Romanticismo en España será la figura de José Zorrilla. Este autor, magnífico dominador del tiempo y el espacio escénico, construirá obras de indudable perfección formal dotadas de una organización estructural redonda. Entre las obras de este autor podemos citar Don Juan Tenorio o Traidor, inconfeso y mártir.

Lírica

Será de nuevo el duque de Rivas el encargado de inaugurar la vena romántica en nuestra lírica. Con su obra El moro expósito retoma un tema épico regresando así a ese pasado idealizado del que hemos hablado. En lo formal romperá con el neoclásico decoro al mezclar diferentes estilos, tanto el vulgar como el sublime.

Idéntica mezcla, añadiendo un ambiente tétrico y tendiendo incluso a la confusión entre los diferentes géneros, es la que realizará Miguel de Espronceda en su obra El estudiante de Salamanca. La calidad del texto, junto al conjunto de sus canciones, protagonizadas de manera general por seres marginales o inadaptados, lo sitúan en un lugar preeminente dentro la lírica romántica hispana.

Como en el caso del teatro nuestra lírica también contará con magníficos frutos tardíos. Tanto Gustavo Adolfo Bécquer con sus Rimas como Rosalía de Castro con A orillas del Sar, crearán una poesía de poderosa impronta subjetiva que de manera breve y empleando un lenguaje sencillo trasladará al verso la íntima y personalísima voz de sus autores.

Narrativa

La narrativa romántica en España se basará en tres pilares fundamentales: la huida a un pasado mítico, en este caso vuelve a ser la Edad Media; la utilización del componente nacionalista con una clara intencionalidad política y el influjo directo de las obras narrativas de Walter Scott. El resultado de tales influjos se concretará en la obra narrativa más destacada de la literatura romántica hispana: El señor de Bembibre de Enrique Gil Carrasco. Se trata esta de una novela histórica situada en el Bierzo. En ella se nos refieren los últimos momentos de la orden templaria. De la lectura de esta obra es dado extraer concomitancias con la situación política que atravesaba el país al tiempo de ser escrita. Igualmente, la leyenda cimentada sobre los caballeros templarios dota al conjunto de un ambiente sugestivo y telúrico.

Opinan Pedraza y Rodríguez, Las épocas de la literatura española, que el cuadro de costumbres, de breve extensión, carácter descriptivo y distribución periódica por medio de la prensa, es un ejemplo más de la narrativa romántica. Estos pequeños retazos del convivir hispano, cuya autor más destacado es Mario José de Larra, quien publicaría sus artículos bajo el seudónimo de Duende o El pobrecito hablador, se centraban en la crítica, a veces sangrante, de aquellos aspectos negativos que conformaban la escena social y política hispana. 

Para finalizar, no podemos dar por concluido este breve repaso a la narrativa romántica hispana sin aludir a la obras en prosa de Gustavo Adolfo Bécquer. Sus Leyendas, aunque tardías, son una acabada muestra del Romanticismo. En estas breves estampas Bécquer mezcla realidad y fantasía al tiempo que muestra un especial gusto por los elementos sobrenaturales, los ambientes tétricos, los personajes prototípicos y los grandes temas románticos: el amor absoluto, el arte y la religión.

Influjo del contexto histórico en el desarrollo del Romanticismo hispano



Tras la expulsión de las tropas napoleónicas ocupará el trono Fernando VII en 1814, restaurando el antiguo régimen absolutista. Se dará de este modo comienzo a un periodo sumamente complejo para los intelectuales hispanos que, salvo en el trienio liberal (1820-1823) verán francamente mermadas sus libertades y como la España fernandina se cerraba a cal y canto a cualquier influjo europeo.

La situación se volverá insoportable durante la denominada década ominosa (1823-1833). Durante estos diez años muchos de nuestros intelectuales se verán obligados a exiliarse lo cual, por otro lado, les permitirá entrar en contacto con las corrientes literarias imperantes en el resto de Europa. 

A la muerte de Fernando VII en 1833 dará comienzo la guerra sucesoria entre los partidarios de Carlos, hermano de Fernando, y los de Isabel, hija del monarca. Durante los diez primeros años del reinado de Isabel II los sectores progresistas ocuparon el gobierno, lo cual facilitó el retorno de muchos de los exiliados. Desde 1843 hasta 1853 el gobierno será ocupado por los miembros más moderados de la arena política. 

Si analizamos los datos de carácter histórico podremos entender que fueron estas circunstancias las que determinaron la aparición, profundidad y pervivencia del movimiento romántico en España.

Así, salvo la aparición de puntuales precursores románticos como la publicación periódica de El europeo en Barcelona entre 1823-1824 o la aparición de La defensa de la Comedia española de Agustín Durán en 1828, las primeras muestras de literatura romántica coincidirán con el regreso, a partir de 1833, de los intelectuales exiliados. 

De igual manera, coincidiendo con la llamada Década moderada (1843-1853) el embrionario Romanticismo hispano certificará su defunción. De nuevo las circunstancias políticas no son las más idóneas. A esto habría que añadir por un lado la moderación sufrida por muchos de nuestros literatos que, de un modo natural, irán conformando las filas del Realismo. A esto unamos la muerte física, en nada metafórica, de otros muchos.