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lunes, 19 de noviembre de 2012

Benito Pérez Galdós: técnicas narrativas



Buena parte de las características narrativas de la obra de don Benito Pérez Galdós son las mismas que caracterizan a la novela realista, no por nada Galdós será considerado como uno de los más destacados cultivadores del género. 
De manera general podemos concluir, tal y como plantea Gullón (Galdós, novelista moderno), que don Benito irá depurando su estilo y perfeccionando su técnica en la medida en que va avanzando en su carrera, lo cual, bien mirado, no es decir demasiado, pues parece lógico que el novelista, sobre todo un autor tan prolífico, conozca mejor las herramientas de su oficio conforme las va manejando. Lo que sí ya resulta más interesante es la afirmación realizada por Pedraza y Rodríguez Cáceres (Manual de Literatura Española: Época del Realismo) a cerca del predominio de la expresión directa y eficaz de las ideas sobre los virtuosismos técnicos en la obra de Galdós.

El narrador

Lo más habitual en las novelas de Galdós es encontrarnos con un narrador omnisciente, algo por otro lado común a buena parte de la novela realista. No obstante, entre la amplia obra del escritor canario nos encontramos ejemplos de novelas dialogadas (Realidad, Casandra, El abuelo...), obras epistolares (La incógnita) o autobiográficas (El amigo Manso).
En la inmensa mayoría de casos en los que la voz narrativa pertenece a un narrador de tipo omnisciente, este puede ser testigo de los sucesos o mero transmisor de los hechos que un tercero le ha narrado (Fortuna y Jacinta). No resulta extraño que este narrador caiga frecuentemente en digresiones que le facilitan al lector información pertinente sobre los antecedentes de la historia o que, simplemente, se dedique a la especulación de carácter filosófico. Este modo de narrar hace que la acción se demore, permitiendo al lector familiarizarse convenientemente con todos los aspectos de la narración.
Pero lo que sin duda llama más la atención de este tipo de narrador es que, como apunta Sánchez Barbudo (Estudios sobre Galdós, Unamuno y Machado), es un narrador que narra desde la novela misma, tan cercano a los sucesos que duda, critica o se muestra chismoso, tan paradójicamente humano como los personajes de quien habla. Esto hará que el tono narrativo predominante sea de carácter conversacional, lo cual colaborará a que entre narrador y lector se establezca un tono de confianza, llegándose incluso a apelar  directamente a este último.
Finalmente, el narrador galdosiano, como no podría dejar de ser, se muestra extremadamente cuidadoso con las descripciones, que suelen ser detalladas tanto al presentar personajes como espacios.

Diálogo, monólogo y lo onírico

Galdós destacará por el dominio del diálogo, el cual en sus novelas aparecerá intercalado con la voz del narrador, quien contribuirá a puntualizar ciertos aspectos relacionados con la personalidad de los dialogantes. De este modo, los personajes se irán construyendo tanto por lo que dicen como por lo que el narrador va diciendo sobre ellos, lo que dará lugar a un retrato completo de los mismos. Esto ayuda a que la novela gane en viveza, acercándola a esa realidad que el autor pretende reflejar.
En este sentido, destaca el magnífico uso que hace Galdós de la lengua hablada. De manera perfecta don Benito ajusta un gran número de idiolectos a las diferentes personalidades que deambulan por su universo novelesco. Recoge las múltiples inflexiones del habla coloquial renunciando a la retórica y tomándolas de la vida misma. Esto le llevará a utilizar un gran número de giros y expresiones castizas que se incrustan a cada paso en el habla de los personajes y del propio narrador.
A la caracterización de los personajes contribuirá también el uso del monólogo interior. No se trata, tal y como ocurre en el Ulysses, de un monólogo revuelto e inconexo. Esto no implica que carezca de complejidad, sino que cuenta con la suficiente como para dar entrada en la novela a aspectos de la vida de los personajes que solo nos es posible descubrir inmiscuyéndonos en sus más íntimos pensamientos, los que realizan a solas, dejando fluir su conciencia de manera libre. En combinación con este recurso, utilizado con la misma finalidad, suele emplear don Benito Pérez Galdós el monólogo interior libre. Ambos serán frecuentes en las novelas de introspección psicológica, tales como La desheredada, Fortunata y Jacinta o Miau.
Muy relacionado con estos dos recursos se encuentra la utilización de los sueños por parte de Galdós. Como en el caso del diálogo, y de manera muy cercana al monólogo interior, los sueños le permitirán a don Benito mostrar los aspectos más íntimos de sus personajes. En ellos se dejan al descubierto las aspiraciones  más profundas de los tipos galdosianos, pulsiones estas que no resulta posible descubrir en la vigilia, pero que se muestran de manera alegórica en el mundo de lo onírico.

Tratamiento de los personajes

Con frecuencia se considera que Galdós es el autor que con mayor intensidad y amplitud describe los diferentes tipos que constituyen la "comedia humana" de la España de la Restauración. Ofrece el autor canario, como hemos dicho, un retrato completo de sus personajes, lo que pasa por la realización de una prosopografía y una etopeya totales que no descuiden ni los aspectos de su fisonomía ni sus honduras psicológicas.
En ciertas ocasiones Galdós optará por recurrir a descripciones burlescas, que hacen gala en buena medida del humor galdosiano y anticipan algunos rasgos de lo que será el esperpento. Igualmente, Galdós llevará a cabo descripciones enaltecedoras de aquellos personajes que gozan de la estima de su autor. Forman parte de este grupo los héroes galdosianos, en múltiples ocasiones representantes acabados del burgués liberal de talante positivista defensor del progreso.
Para Baquero Goyanes ("La 'perspectiva cambiante' en Galdós") don Benito utilizará con fruición en la descripción de sus personajes lo que denomina la "perspectiva cambiante". Esta técnica consiste en dotar a los personajes de la suficiente dosis de mutabilidad como para que se ajusten de manera coherente a la variación psicológica que los seres humanos padecemos en el mundo real. Se constituyen de este modo entes complejos, que dudan y cambian de parecer según sean las circunstancias y las necesidades que les acucian. Es cierto que esta técnica será menos habitual en sus primeras novelas. Doña Perfecta constituye un ejemplo prototípico de personaje de una sola pieza. Es obvio que el dominio de este recurso irá madurando en la medida en que el autor conozca el oficio de novelista.
Otra característica de los personajes de Galdós es que su mundo novelístico no se circunscribe a una sola novela. Resulta bastante habitual que los personajes reaparezcan en distintos textos, construyendo de este modo un paisaje humano que parece caminar y respirar por el orbe ficticio creado por el autor. Este tipo de relaciones intertextuales, especialmente común en las llamadas "novelas contemporáneas", dotan a la ficción novelesca de una autonomía conscientemente pretendida por Galdós, la cual, si cabe, se ve reforzada por la inclusión en sus novelas de personajes pertenecientes a la realidad de su tiempo.
Entre la nómina de personajes creados por Galdós encontramos un grupo que Ricardo Gullón (op.cit.) ha denominado personajes anormales. Este gusto por la anomalía social, que algunos autores como Pedraza y Rodríguez Cáceres (op.cit.) han emparentado con las técnicas naturalistas, pretende registrar una serie de patologías "psíquicas" que se derivan directamente de las condiciones ambientales impuestas por la sociedad contemporánea. Se trata de seres ambiguos y contradictorios que buscan alcanzar su pleno desarrollo vital pero que lo encuentran coartado por las imposiciones sociales. Gullón habla de cuatro tipos de personajes anormales:

  • Dementes. Podemos considerar como tal al pobre Villamil, que termina enloqueciendo en Miau o, desde cierto punto de vista al menos, a Nazarín en la obra homónima.
  • Neuróticos. Un caso de histerismo de manual sería el de Beatriz en Nazarín.
  • Epilépticos. Tal es el caso de el ciego de Torquemada en la cruz y Torquemada en el purgatorio Rafael del Aguila.
  • Rebeldes. Sería posible incluir en este grupo a Mauricia la Dura, de Fortunata y Jacinta, pura energía ella que se mueve entre lo enigmático y lo demoníaco.


Humor

El humor será una constante a lo largo de toda la creación literaria de Benito Pérez Galdós. Discurre este por las novelas galdosianas con sosegada mansedumbre, cimentado en la ironía que en múltiples ocasiones se vuelve hacia los personajes, lo cuales serán tratados con una mezcla de cariñoso desdén y cordialidad.
Alberto Montaner ("Galdós, humorista" y otros ensayos) distingue dos etapas a su juicio claramente diferenciadas.
En sus primeras novelas Galdós haría gala de un humor quevedesco, que caería muchas veces en lo caricaturesco. Generalmente los antagonistas son descritos en estas novelas como seres grotescos, recurriendo en muchas ocasiones el autor a la animalización o cosificación de sus rasgos más destacados. Para Baquero Goyanes (Perspectivismo y contraste) contra lo que podría parecer, Galdós no detecta ninguna contradicción entre el empleo de estas máscaras de carácter burlesco y sus pretensiones realistas.
Durante su etapa de madurez el humor galdosiano continuará presente si bien, como señala Montaner, ya no resultará tan hiriente como en la etapa anterior.






viernes, 16 de noviembre de 2012

Benito Pérez Galdós: trayectoria literaria



En lo literario, Galdós se muestra como una personalidad tremendamente fecunda y ambiciosa. Entre sus pretensiones estaba la de renovar plenamente el panorama de la novela española. Se trata, igualmente, de un escritor precoz, ya que comienza a escribir antes de que lo hagan otros novelistas contemporáneos y mayores que él como Alarcón, Pereda o Valera.
Comenzará su andadura literaria, si obviamos los textos juveniles, en el teatro. Sin embargo, el fracaso de algunas obras que no llegarán a ser estrenadas, hace que centre sus esfuerzos en el campo de la novela. Desde La Sombra, escrita en 1866, hasta la última de sus novelas, La razón de la sinrazón, de 1915, Galdós escribirá, sin tener en consideración los Episodios Nacionales, más de treinta novelas. Por su parte, los mencionados Episodios, ocuparán la práctica totalidad de su vida creativa. A ellos dedicará Galdós los años que transcurren entre la publicación de Trafalgar en 1872 hasta la de Cánovas en 1912. 
Desde 1892 regresará Galdós al teatro, actividad que le reportará en esta segunda etapa no pocas alegrías y que ya no abandonará hasta su muerte (la última de sus obras, Antón Caballero, quedará inconclusa). 
Por lo que respecta a su labor como periodista, don Benito no la abandonará desde que comienza su colaboración con La Nación en 1865 hasta fechas cercanas a su muerte. 

Algunas características básicas de la narrativa galdosiana 

Unos de los principios básicos que determinarán la creación literaria de Benito Pérez Galdós está relacionado con el papel jugado por el folletín en el desarrollo y evolución de la novela realista. Galdós, pese a ser un ávido consumidor de este tipo de relatos en su adolescencia, dejó constancia en múltiples ocasiones de la falta de estimación que siente por este género, lo cual, como indica Ynduráin (Galdós entre la novela y el folletín), no le impedirá sufrir el leve contagio de algunos de sus recursos, al menos en las obras de su etapa inicial y en las dos primeras series de los Episodios Nacionales. Galdós tomará de estas obras la utilización de tipos esquemáticos, de ciertas situaciones y la aplicación a la novela del tono y del estilo que caracteriza al folletín.
Por otro lado, don Benito cree que la labor del novelista es la de reconstruir toda la sociedad en el texto literario. No obstante, el escritor canario centrará su atención en la clase burguesa madrileña, de la cual forma parte. Especial interés mostrará por intentar reflejar la vida de los sectores sociales relacionados con la burocracia, una clase media que se caracteriza por vivir más hacia fuera, hacia el mundo de las apariencias, que hacia dentro, coherente con las propias circunstancias personales con las que le toca capear. Galdós, así, desnudará ante el lector ese mundo interior, caracterizado por los contrastes derivados de cierta hipocresía social que conduce a sus protagonistas a aparentar lo que no son y nunca podrán ser. La crítica satírica del "quiero y no puedo" se convertirá de este modo en uno de los leitmotiv recurrentes de la narrativa galdosiana, llevándole, en no pocas ocasiones, a acercarse a tipos y ambientes ajenos al mundo burgués, pero que se encuentran directamente relacionados con esta especie de "mal pasar" disimulado del que estamos hablando. Entran así en las novelas de don Benito el paisaje y el paisanaje del Madrid humilde, que si bien es cierto que en pocas ocasiones desempeñan un lugar central en sus textos, si que funcionan como conveniente contrapunto (el ejemplo más evidente puede que sea Misericordia) a ese animal herido que es la clase media venido a menos.
Ejerce de este modo Galdós una crítica de la sociedad contemporánea, pero una crítica que Oleza (La novela española del XIX: del parto a la crisis de una ideología) considera en todo caso constructiva y sincera. Se trata de hacer evidentes los problemas nacionales para, desde esa identificación, colaborar a la mejora de las condiciones de vida de la sociedad en su conjunto. Se sitúa de este modo la obra de don Benito en la órbita de la ideología del liberalismo individualista tan propia de la época y con la cual simpatizó el autor.

Etapas de la narrativa galdosiana

En el siguiente apartado recogeré dos clasificaciones distintas de la narrativa galdosiana. La primera de ellas responde, en su mayor parte, a la propuesta por Gustavo Correa, la segunda, más tradicional, sigue la propuesta por Pedraza y Rodŕiguez Cáceres (Manual de Literatura Española: Época del Realismo).

Gustavo Correa

  • Novelas de la primera época.
    • Periodo histórico (1867-1874). Durante esta etapa Galdós se sumerge en la historia para encontrar los antecedentes de la situación contemporánea. La Sombra, La Fontana de oro.
    • Periodo abstracto (1876-1878). Se ocupa de investigar las deformaciones ideológicas de la sociedad española y su influencia en la vida familiar. Se trata de novelas de tesis que proporcionan una visión esquemática de los personajes. Especial importancia del problema religioso. Doña Perfecta, Gloria.
  • Periodo naturalista (1881-1885). Es el momento de máximo esplendor de la narrativa galdosiana. Su novela se ve levemente influida por las teorías naturalistas. Los escenarios rurales son sustituidos por las calles madrileñas por las que camperán a sus anchas los representantes de la burguesía. La desheredada, El amigo Manso, Tormento.
  • Periodo de interiorización de la realidad (1886-1892). Fortunata y Jacinta será la obra de transición de este periodo. En él Galdós se internará en la conciencia de los personajes, interiorizando el concepto de realidad. Fortunata y Jacinta, Miau, Ángel Guerra.
  • Periodo espiritualista (1892-1905). Estrechamente relacionada con la anterior aporta una visión de la realidad eminentemente espiritual. La individualidad se verá vigorizada mediante el ascetismo y el renunciamiento. Se producirá al mismo tiempo una revalorización del mundo moral y religioso. Nazarín, Misericordia.
  • Periodo simbólico (1905-1915). Romperá con las limitaciones de la realidad para centrarse en el universo de la alegoría. El caballero encantado, La razón de la sinrazón.

Pedraza y Rodríguez Cáceres

  • Primeras novelas (1865-1881).
  • Novelas contemporáneas 
    • Primera etapa (1881-1888). Obras más cercanas a la realidad observable y verificable. La desheredada, El amigo Manso, Tormento, Fortunanta y Jacinta, Miau.
    • Segunda etapa (1889-1909). Mayor interés por los fenómenos psicológicos de signo espiritualista. Se hace evidente la influencia de las corrientes religioso-filosóficas de finales de siglo. La incógnita, Misericordia, Nazarín.
  • Novelas finales. (1909-1915). El caballero encantado, La razón de la sinrazón.




jueves, 15 de noviembre de 2012

Vida de Benito Pérez Galdós



Patio de la casa natal del autor
Benito Pérez Galdós nace en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843 en el seno de una familia de talante conservador. Hasta 1862 estudiará en la Isla, donde verán la luz sus primeras y juveniles obras (Quien mal hace, bien no espere, Un viaje redondo del bachiller Sansón Carrasco y La Emilianada). En septiembre de este año se trasladará a Madrid donde comenzará la carrera de derecho. Pronto en la capital descubrirá que la calle le podía ofrecer más valiosas y sugerentes enseñanzas que las aulas universitarias. En las calles pondrá en marcha sus extraordinarias dotes de observador pudiendo asistir en primera persona a los acontecimientos de la noche de San Gabriel en 1865 o a la entrada de Prim en Madrid en 1868.
En 1865 dará comienzo su colaboración con La Nación, inaugurando con ello su carrera periodística que ya no abandonará hasta sus últimos días. Por estas mismas fechas probará suerte escribiendo para el teatro pero su fortuna será más bien escasa. En 1866 escribe La Sombra y solo un año después comenzará La Fontana de oro. En el mismo año 1867 realizará su primer viaje a París donde entrará en contacto con la literatura de Balzac, quien con Dickens, Cervantes y Tolstoi en sus últimos años, habría de convertirse en una importante influencia literaria. Comienza así la prolífica carrera como novelista del escritor canario, que abandonará la vida semibohemia que llevaba hasta entonces y se centrará en su trabajo.
En 1886 será elegido diputado por el distrito puertorriqueño de la  Guayana después de optar al mismo en las filas del partido liberal de Sagasta. Se encuentra en pleno proceso creador de Fortuna y Jacinta y parece postularse al cargo en parte por razones  económicas  y en parte por simple curiosidad. Así, en carta dirigida a Narciso Oller le dirá:
No se duela usted de verme diputado. Yo no soy, no seré nunca, político. He ido al Congreso porque me llevaron, y no me resistí a ello porque deseaba ha tiempo vivamente conocer de cerca la vida política. Ya dentro del Congreso, cada día me alegro de haber ido, porque, sin mezclarme en nada que sea política activa, voy comprendiendo que es imposible en absoluto conocer la vida nacional sin haber pasado por aquella casa. jLO que allí se aprende! ;LO que allí se ve! iQué escuela!
En 1889 será elegido miembro de la Real Academia Española tras superar no pocos escollos. Don Benito no era bien visto por la mayoría de los miembros de la Augusta Casa, principalmente debido a sus ideas políticas y eclesiásticas, y esto parece haber dilatado en exceso su elección. Tal vez, desengañado con la actitud de sus compañeros, Galdós decidirá no tomar posesión del asiento H hasta 1897.
En 1892 volverá al teatro, en esta ocasión con mayor fortuna. En 1901, a petición de Balart, estrenará en el teatro Español Electra. Se trata de una obra claramente anticlerical que provoca un auténtico revuelo desde el día mismo de su estreno. Como resultado de la fuerte controversia provocada, el gobierno deberá dejar el poder. 
En 1896 comenzará el pleito con su editor Miguel Honorio de la Cámara, con el cual había firmado un contrato para la publicación de su obra en 1874. Honorio se mostró un editor ineficiente, provocando serias pérdidas económicas al escritor. Finalmente, el proceso se resolverá favorablemente para los intereses de Galdós, pero este debió pagar una importante suma de dinero a Cámara en concepto de indemnización.
En 1907 regresará al Congreso. En este ocasión lo hace por la circunscripción de Madrid y en el seno del partido republicano. Solo tres años después comenzarán sus problemas de visión, quedándose totalmente ciego en 1912. Galdós pasará en sus últimos años serios problemas económicos y de salud, lo que le llevará a recluirse en su casa madrileña hasta su muerte el 4 de enero de 1920.
Pablo Iglesias
Se ha llamado en numerosas ocasiones la atención sobre el carácter metódico y ordenado de Galdós. Destacaba por su extraordinario poder de concentración y por la sobriedad de sus costumbres. Según Marañón ("Galdós íntimo" en La Lectura) era sencillo, tímido y de una modestia proverbial. 
En lo ideológico se mostraba decididamente progresista, postura que, según Casalduero (Vida y obra de Galdós) adoptaría tras asistir a los fusilamientos de los sargentos sublevados en el cuartel de San Gil. No obstante su implicación en la política activa, no la debió considerar muy en serio, al menos hasta 1907, año en el cual hace pública su adhesión al partido republicano. Desde 1910 Galdós, influido sin duda por la poderosa personalidad de Pablo Iglesias, se sentirá más próximo a las ideas socialistas.
Sus ideas políticas, así como el enconado anticlericalismo del cual hacía gala, le valió el rechazo, muchas veces exacerbado, de los sectores más conservadores de la sociedad española. Sin embargo, las ideas del escritor canario no le impidieron mantener duradera amistad con personalidades del momento que se situaban en sus antípodas ideológicas. Tal es el caso de la relación que mantuvo con el escritor cántabro José María de Pereda, que tanto tendría que ver en los veraneos santanderinos de Galdós, o con Menéndez Pelayo, que jugaría un papel decisivo en el ingreso de don Benito en la RAE.
Mucho se ha opinado sobre el papel que Galdós jugó en el desarrollo de la llamada Generación del 98. Parece claro que entre el autor de Misericordia y los Azorín, Baroja y Unamuno existen ciertas coincidencias. Todos ellos consideran que la mejor forma de aprehender el paisaje y el paisanaje de España es recorriendo su geografía. También parecen estar de acuerdo en la necesidad de analizar los problemas nacionales para llevar a cabo una remodelación profunda de los pilares patrios. Pese a todo, no debemos considerar que Galdós desempeño con respecto a estos la labor de un maestro. Señala Montaner ("Galdós humorista" y otros ensayos) que los miembros de la Generación del 98 no podían más que sentir cierta simpatía y respeto por el escritor realista. Desde su punto de vista, poco era lo que debía estimarse de una etapa que consideraban nefanda para el país y su cultura, de la cual Galdós era un destacado representante.

Dejo acceso a un interesante cuadro cronológico creado por el profesor José Luis Mora García sobre la vida de Benito Pérez Galdós.

Juan Antonio Cebrián nos habla de Benito Pérez Galdós