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martes, 8 de enero de 2019

La palabra como unidad. 1

Pudiera resultar, al menos a estas alturas, absurdo plantear la naturaleza lingüística de una entidad (no me atrevo a usar el término unidad) tan comúnmente aceptada como sería la palabra. 
No obstante, un antiguo profesor, al cual le debo en buena medida el mismo espíritu crítico que me lleva a cuestionar sus enseñanzas, me hizo reflexionar sobre la no poca complejidad que se encierra sobre un concepto a priori tan simple.

En primer lugar, no resulta sencillo estudiar la palabra. Se hace necesario adoptar un punto de visto y restringir el campo de juego en el cual habremos de movernos (aunque esto último, lo hago con más fe que convicción, pues tales eran las premisas básicas de las cuales partía mi antiguo profesor).

Por lo que se refiere al punto de vista es claro que podemos optar por estudiar la palabra desde una perspectiva diacrónica o desde un perspectiva sincrónica. 

Desde el primer posicionamiento deberíamos atender a la evolución tanto semántica como morfológica experimentada por la palabra, atendiendo, además, a los complejos procesos analítico-sintéticos a los cuales se ha visto sometida la lengua. 

Obviamente (al menos a mí me lo parece), este punto de vista resulta excesivo si tenemos en cuenta mis limitadas pretensiones (y luces). Consecuentemente, dejaremos esta tarea de dioses (mi profesor decía pancrónica -cosa que cuando menos mete respeto-) para mejores y más capacitados cerebros (Emiliano.... Hay queda el guante)

Más sensato resulta por lo tanto afrontar el problema desde una perspectiva sincrónica (la única interesante según el bueno de Ferdinand) y propongámonos hacerlo desde una perspectiva eminentemente morfológica. Esto implicará desechar, al menos hasta no agotar la capacidad explicativa de la morfología, explicaciones semánticas (que ya sabemos que no es gramática) o sintácticas (que aunque es gramática no es morfología -obvio-).

Visto esto, lo primero será intentar definir el término en cuestión. Claro está que no aceptaremos definiciones semánticas como la propuesta por Aristóteles : "la etiqueta de las cosas" (he puesto las comillas por aparentar pero dudo mucho que pueda considerar esto una cita textual). Ahora, pasados más de dos milenios, es fácil hacer guasa a cuenta del pobre estagirita. Pero no hace demasiado que Hernando Cuadrado consideraba a las palabras como una unidad de contenido que constituía una sentido al agrupar de manera solidaria e intencional (véase intención comunicativa) diferentes unidades significativas.

Así, dicho como lo acabo de decir, parecería que Cuadrado tiene más razón que un santo (que seguro que la tiene porque seguro lo dice de otra manera y no como esta simplificación falsaria que yo propongo, pero claro, como lo escribo yo voy arrimando el ascua a mi sardina así, de a poquitos). No obstante, este planteamiento resulta válido cuando hablamos de complejos morfológicos (palabras) que cuentan con un referente en extralingüístico. No obstante la cuestión se complica cuando nos referimos con el mismo término a unidades complejas susceptibles de ser analizadas en unidades sincréticas dotadas con valor categorial. (Qué, Cuadrado, ¿cómo se te ha quedado el cuerpo?)

Por lo tanto es obvio que no podemos fiarnos de una definición de carácter semántico. Además, ya habíamos dicho que nada de Semántica. 

Otra posibilidad de definir el concepto "palabra" es desde un punto de vista fonético: va entre pausas (bueno, esto sería más bien una cuestión ortográfica porque en el discurso no siempre es cierto), tiene acento y se realizan en un solo golpe de voz (no sé yo por qué pero lo de golpe de voz me hace gracia).

Todo esto está muy bien pero no es posible obviar las fuerzas de análisis y síntesis que de manera connatural se ejercen sobre el sistema lingüístico. Ya sé que el punto de vista adoptado era el sincrónico pero es que además de que las citadas fuerzas se han dejado sentir en el pasado (Hay están el futuro simple para dar testimonio) también es posible contemplarla en el presente. 

Fijémonos si no en los casos de verbos soporte "Hacer el tonto" o de perífrasis verbales "tener que ir" o de locuciones "caer en la cuenta". En estas construcciones sincrónicas del sistema comprobamos como se está produciendo una lexicalización, gramaticalización o ambas. Desde un punto de vista fonético cada uno de los elementos de estas construcciones cumplen con los rasgos propios atribuidos a la palabra, sin embargo ni semántica ni funcionalmente podríamos considerarlas palabras.

domingo, 28 de enero de 2018

Complemento Circunstancial



Se trata de un complemento circunstante no integrable en el grupo acentual del verbo que cuenta con una considerable movilidad dentro del grupo oracional. 

Las unidades que pueden desempeñar esta función son el sintagma adverbial, la construcción preposicional, el sintagma nominal o la oración. 

Tradicionalmente se ha establecido una clasificación semántica de los diferentes tipos de C.C. Obviamente, esta clasificación no será estudiada de manera exhaustiva al no responder a criterios exclusivamente sintácticos.

Clasificación semántica de los Complementos Circunstanciales:
  • De cantidad: La película no me gustó demasiado
  • De causa: Roban por necesidad
  • De compañía: El juez llegó con la policía
  • De finalidad: Te llamo para avisarte
  • De instrumento: Cortó el pan con la navaja
  • De manera: Lo saludó cortesmente
  • De materia: Construyó su casa con ladrillos
  • De medio: Tu invitación me llegó por correo
  • De lugar: Solía veranear en la playa
  • De tiempo: Él llegó esta mañana
  • De provecho: Lo compré para ella

El Atributo y el Predicativo



En la Nueva Gramática de la Lengua Castellana las Academias de la Lengua Castellana aportan una visión amplia de lo que debemos entender por Atributo. Así, el Atributo es un complemento verbal que denota propiedades o estados de cosas que se predican de algún segmento nominal u oracional.

Bajo esta perspectiva, el Atributo no funciona ni como un argumento ni como un circunstante, ya que, al menos en las construcciones copulativas, el verbo no selecciona argumentos sino que vincula unidades sintácticas añadiendo información relacionada con el tiempo, el aspecto, el modo y la concordancia.

De este modo, la Nueva Gramática establece una clasificación de los Atributos en función de la unidad sintáctica en la cual se integran, diferenciando entre aquellos que se insertan en construcciones verbales de aquellos que lo hacen en construcciones no verbales. Centrémonos en esta ocasión en los primeros. 

Dentro de las construcciones verbales en las que puede insertarse un Atributo debemos atender en primer lugar a aquellas formadas por verbos copulativos. En estas construcciones, en las que como hemos visto el verbo funciona unicamente como portador de las categorías de tiempo, modo y aspecto -”ser”, “estar”, “parecer”- el Atributo no puede eliminarse y es susceptible de integrarse, cuando se sustituye por un representante pronominal -”lo”-, en el esquema acentual del verbo. De igual modo, con estos verbos, el Atributo mantendrá una relación de concordancia con el grupo nominal del cual predica una cualidad.

Junto a las construcciones verbales con verbos copulativos nos encontramos con las construcciones con verbos semicopulativos. Estos verbos que se encuentran lexicalizados y consecuentemente no aportan su carga léxica a la construcción verbal, cumplen la misma función que los verbos copulativos. Como los atributos de los verbos copulativos estos elementos no son suprimibles y concuerdan cuando es posible con el SUJETO de la oración. En cambio, estos no pueden ser integrados en el grupo acentual del verbo aunque pueden ser sustituidos por “así”, “cómo” o “como”

Mi padre andaba cansado>¿Cómo andaba mi padre?

El policía continuaba grave>El policía continuaba así.

Por último, este tipo de complemento puede aparecer con verbos plenos, es decir, verbos que conservan su carga semántica. En estos casos resulta tradicional hablar de PREDICATIVOS y distinguiremos entre los de SUJETO o los de COMPLEMENTO DIRECTO. 

Los primeros suelen ser potestativos y concuerdan de ser posible con el SUJETO.

Los atletas llegaron cansados a la meta>Los atletas llegaron cansados.

En cuanto a los PREDICATIVOS de C.D. estos serán potestativos cuando no alteren la relación entre el C.D. y el verbo. 

En cambio, resultarán facultativos cuando sí modifiquen esta relación. Es lo que suele suceder con los llamados verbos de percepción o juicio.

Veo lejana la jubilación tiene distinto significado que Veo la jubilación.

En ambos casos el C.D. y el PREDICATIVO concordarán cuando sea posible. Para su identificación debemos recordar que se trata de un complemento distinto al C.D. con lo que al pronominalizar el C.D. el PREDICATIVO no desaparecerá.

Considero estúpida a María>La considero estúpida

Como hemos apuntado, la Nueva Gramática admite la existencia de ATRIBUTOS en construcciones no verbales. No obstante, dejaremos su estudio para otra ocasión.

Son numerosas las clases de unidades que pueden desempeñar la función de ATRIBUTO o PREDICATIVO. Así, pueden desempeñar esta función tanto un sintagma nominal, un sintagma adverbial, un sintagma adjetival, una construcción preposicional o una oración.

viernes, 19 de enero de 2018

Complemento de Régimen y Complemento Agente



Complemento de Régimen

Se trata de un argumento verbal no integrable desempeñado siempre por una preposición que introduce un sintagma nominal, un pronombre o una oración. La preposición viene exigida por el verbo tanto por razones de carácter diacrónico como por una selección de carácter semántico. 

Esta característica implica que, al ser sustituido por un representante pronominal tónico, la preposición debe mantenerse, resultando agramatical la construcción sin ella.

“Las autoridades advierten del peligro/Las autoridades advierten de eso”

“*Las autoridades advierten eso”

Por otro lado, la posición del Complemento de Régimen es relativamente fija sintiéndose su focalización como forzada o directamente agramatical.

“Ciudadanos carentes de valor/?De valor ciudadanos carentes”

Complemento Agente

El Complemento Agente es un argumento verbal no integrable. Su estructura siempre consiste en la preposición “por” seguida de un sintagma nominal o un pronombre. 

El Complemento Agente, cuya focalización resulta forzada, aparece en oraciones pasivas perifrásticas, desempeñando la función semántica de AGENTE. Cuando la oración pasiva se transforma en activa el referente del Complemento Agente pasa a desempeñar la función de SUJETO.

Además, es posible encontrar Complemento Agente en construcciones de participio -Una ciudad rodeada de montañas-, acompañando a adjetivos derivados mediante el sufijo -ble -Gastos asumibles por la empresa- y con ciertos sustantivos deverbales -La supresión de libertades por el dictador-.

miércoles, 17 de enero de 2018

El Complemento Indirecto en castellano



Como el C.D. el Complemento Indirecto (C.I.) es un argumento integrable del sintagma verbal. Las unidades sintácticas que pueden desempeñar esta función son s.n., pronombres u oraciones encabezadas por la preposición “a”. No precisan la preposición los denominados pronombres personales átonos de dativo. 

Es importante señalar que no podemos considerar como C.I. las construcciones encabezadas por la preposición “para”. Estas construcciones no son susceptibles de ser sustituidas por un pronombre de dativo y pueden aparecer junto con un C.I. con un referente distinto.

Este complemento es susceptible de focalización y puede ser sustituido, como ya se ha sugerido, por un pronombre de dativo “le”, “les”. 

El C.I. tiende a duplicarse, lo cual no implica que existan dos C.I. pues no nos encontramos ante dos referentes, cuando esta función la desempeña un pronombre personal tónico o cuando el C.I. se focaliza: “A María le regalaron una moto”, “Le compré una moto a ella”.

Debemos advertir que no resulta admisible emplear los pronombres de dativo como C.D. de igual forma que no es correcto emplear los pronombres átonos de acusativo como C.I. Estas incorrecciones, denominadas leísmo, laísmo y loísmo presentan, no obstante, una excepción. La Real Academia de la Lengua admite el empleo del pronombre átono de dativo como C.D. cuando el referente es masculino y personal.

El Complemento Directo en castellano



El Complemento Directo (C.D.) es un argumento integrable, es decir, es un complemento exigido por el esquema valencial del verbo susceptible se ser sustituido por una unidad lingüística asimilable al grupo acentual del verbo.

Esta función puede ser desempeñada por un sintagma nominal, un pronombre, una oración subordinada sustantiva o un sintagma nominal precedido de preposición “a”. Esta última construcción se empleará cuando el referente del C.D. sea personal o entidades personificadas. Igualmente, podemos encontrar el uso de la preposición “a” encabezando un C.D. cuando introduce pronombres tónicos indefinidos referidos a personas: “No ha visto a nadie”

Los verbos que se construyen con C.D. son los denominados verbos transitivos y según el tipo unidad que seleccionen se ha establecido una clasificación sintáctica de los mismos. De este modo contaríamos con verbos que únicamente seleccionan como C.D. a sintagmas nominales (s.n.): “comer”; verbos que solamente rigen como C.D. oraciones: “opinar” y verbos que admiten bien s.n. u oraciones: “pedir”.

Sintácticamente el C.D. cuenta con una posición relativamente libre en el seno de la oración. La anteposición del C.D. al verbo se denomina anteposición y da lugar a construcciones con el C.D. focalizado.

En la mayoría de los casos las oraciones con C.D. admiten su transmutación a pasiva, lo que implica un cambio de función de la unidad que desempeñaba esta función. De este modo, al transformar en pasiva una oración activa con C.D. la unidad que desempeñaba esta función en la oración activa pasará a convertirse en SUJETO de la oración pasiva: El ladrón persigue a la policía/ La policía es perseguida por el ladrón.

Como argumento integrable el C.D. puede sustituirse por un pronombre personal átono: “me”, “te”, “se”, “nos”, “os”, “lo”, “la”, “los”, “las”. No obstante, en determinadas circunstancias la sustitución puede sentirse como forzada o directamente como agramatical. Ocurre esto cuando el C.D. está compuesto por algunos pronombres indefinidos o grupos indefinidos: “No traje nada/?No lo traje”. Lo mismo ocurre cuando el C.D. funciona como foco de una adverbio: “Tu amigo solo lee la prensa/*Tu amigo solo la lee”.

Por último indiquemos que en una oración podemos encontrar aparentemente dos C.D. Lo que ocurre realmente es que nos encontramos con dos unidades que hacen referencia a un único C.D. Esta concurrencia implica la duplicación del C.D. mediante el empleo de un pronombre personal átono. Se produce cuando el C.D. se focaliza y cuando el C.D. está formado por una preposición “a” seguida de un pronombre personal tónico: “A Juan lo detuvo la policía”, “Lo detuvieron a él”

martes, 16 de enero de 2018

Clasificación de los complementos del verbo en castellano



Porto da Pena en Complementos argumentales del verbo: Complemento Directo, Complemento Indirecto, Suplemento y Complemento Agente, establece una clasificación de los distintos complementos verbales del castellano siguiendo los estudios valenciales del verbo. 

Así, diferencia en primer lugar entre complementos marginales y complementos nucleares. Los primeros no pertenecerían al MODUS y no se podrían focalizar. 

Por su parte, dentro de los complementos nucleares, aquellos que pertenecen al MODUS y son susceptibles de ser focalizados, Porto da Pena distingue entre complementos argumentales y no argumentales. 

Los complementos nucleares argumentales, exigidos por la estructura valencial del verbo, se dividen a su vez en integrables, es decir, aquellos que son sustituibles por una unidad asimilable al grupo acentual del verbo, y no integrables. Entre los primeros estarían tanto el Complemento Directo como el Complemento Indirecto y se agruparían en los no integrables el Suplemento y el Complemento Agente.

Idéntica subdivisión entre integrables y no integrables se da entre los complementos no argumentales. Serían integrables los diferentes tipos de dativos: ético, simpatético, etc…Se incluyen en los no integrables al Predicativo y los diferentes tipos de Complementos Circunstanciales.

Siendo productiva la clasificación establecida por Porto da Pena y pese a estar sustentada en poderosos argumentos, consideramos que es dado realizar una serie de puntualizaciones.

Así, en primer lugar, no atenderemos a los complementos marginales porque, como el mismo Porto apunta, no forma parte del MODUS y consecuentemente su estudio no le atañe a la sintaxis. 

Por otro lado, coincidiendo en esta ocasión con Gómez Torrego, Gramática didáctica de la lengua española, consideramos que los dativos constituyen estructuras que deben ser estudiadas por la semántica.

Igualmente, junto a la Nueva gramática de la lengua española, consideramos que existen predicativos argumentales.

Finalmente, junto a pequeñas consideraciones de carácter terminológico, echamos en falta en la clasificación de Porto la presencia del Atributo.

Siendo esto así, y tomando en consideración tanto la clasificación propuesta como las puntualizaciones realizadas, podemos proponer una nueva clasificación de los complementos verbales. 

Así, entre los complementos argumentales del verbo distinguiríamos, junto a Porto, entre integrables y no integrables. En los primeros estarían el Complemento Directo y el Complemento Indirecto. Como no integrables tendríamos el Complemento de Régimen y el Complemento Agente. 

Otra categoría estaría formada por los atributos, entre los que tendríamos que diferenciar entre copulativos, estos integrables, y los semicopulativos y los predicativos, ambos no integrables.

Por último, contaríamos con los complementos circunstantes, entre los que tendríamos que incluir los diferentes tipos de Circunstanciales y un tipo concreto de Predicativos.

El verbo como núcleo del sintagma verbal



Será L. Tesniere en Elementos de sintaxis, quien desarrollara la teoría de que el verbo cuenta con una valencia sintáctica que le permite relacionarse con otras unidades lingüísticas al subcategorizar esquemas sintácticos.

Un discípulo de Tesniere, Mel`cuk, Studies in dependency syntax, distinguirá entre las denominadas valencias pasivas y las valencias activas. Estas últimas, especialmente significativas en nuestro estudio, implican que una unidad lingüística cuenta con la capacidad de subordinar, entiéndase subcategorizar, a otras unidades lingüísticas.

De este modo, el verbo contará con una valencia activa que le permite subordinar argumentos y circunstantes, es decir, esquemas sintácticos necesarios y no necesarios respectivamente. 

Dentro de los argumentos podemos distinguir entre aquellos externos que no se encuentran dominados por el verbo. Estos argumentos mantendrán una relación de interdependencia, en la terminología de Hjemslev, con el verbo.

Junto a los argumentos externos contaríamos con los denominados argumentos internos, dominados en esta ocasión por el verbo. 

En función del número de argumentos subcategorizados por el verbo se ha establecido una clasificación de los mismos en monovalentes (“morir” exige un solo argumento), bivalentes (“comer” precisa dos argumentos), trivalentes (“robar” selecciona tres argumentos)

Por su parte los circunstantes, como hemos visto no exigidos, informan sobre los distintos aspectos que conforman la realización del proceso enunciado por el verbo: tiempo, lugar, modo…

El concepto de sintagma



Tal y como apunta la Nueva Gramática de la Lengua Española, la sintaxis es el estudio de la manera en que se combinan las palabras y el estudio de cómo se disponen linealmente, así como el grupo que forman.

Partiendo de esta definición de sintaxis, podemos aventurar que esta parte de la Gramática se ocupará de las palabras y de los grupos formados por las mismas. 

No obstante, la palabra es una unidad lingüística ambigua. Según la perspectiva desde la que se complete será una unidad lingüística cuyo estudio incumbe a la morfología o bien formaría parte de la sintaxis. 

Bajo nuestro punto de vista, de la palabra, por su naturaleza, se desprenden evidentes repercusiones sintácticas. Como apuntara Ángel Lopez García, Semántica dinámica, las palabras se comportan en algunos casos como unidades relacionales, es decir, unidades que admiten argumentos. En este sentido véase el caso de los sustantivos “traslado” o “administración” en las siguientes construcciones: “El traslado del cuadro”, “La administración de la empresa”.

En cuanto a los grupos formados por las palabras, debemos distinguir entre grupos sintagmáticos o sintagmas, y grupos oracionales u oraciones. En nuestro caso, podemos definir los sintagmas como una combinación de unidades gramaticales que es capaz de asumir una función unitaria en un unidad de nivel superior en la estructura oracional.

Estos grupos sintagmáticos no presentan una estructura SUJETO-PREDICADO, sino que presentan un esquema genérico NÚCLEO+COMPLEMENTO/MODIFICADOR.

jueves, 27 de junio de 2013

Sustantivos contables y no contables




Propiedades gramaticales

Los sustantivos contables pueden usarse en plural con modificadores de diverso tipo: determinantes definidos (las casas, los amigos), numerales cardinales (tres palabras), indefinidos (muchos viajes) o sin ningún tipo de modificador (Faltan detalles). Los sustantivos no contables no pueden aparecer en plural y van acompañados de los indefinidos mucho, poco, bastante, demasiado, harto, tanto, cuanto, cuánto, etc (mucho pan, bastante dinero). No obstante, este tipo de sustantivos no admiten ni numerales ni el adjetivo medio, tampoco acepta ciertos indefinidos como varios, diversos o determinados.
Se asimilan, al menos en parte, a los no contables los denominados pluralia tántum. Tal es el caso de agujetas, apuros, celos, cimientos o comestibles. Estos sustantivos, pese a emplearse siempre en plural, no aportan información de pluralidad, lo cual hace que no designen entidades enumerables. 
En determinadas funciones sintácticas, especialmente como complemento directo o sujeto en posición pospuesta, los nombres no contables en singular alternan con los contables en plural. No obstante, en estas posiciones, no suelen admitirse sustantivos contables en singular (Compraré pan, comprare libros, *comprare libro). No obstante, se admiten los contables en singular en la interpretación de tipo o clase con el verbo abundar (No abunda la perdiz roja).
La semejanzas gramaticales que se detectan entre los sustantivos contables en plural y los no contables en singular pueden deberse a que estos últimos forman una suerte de plurales léxicos al denotar conjunto de partículas o individuos. Esto explicaría que desempeñen la función de término de la preposición entre sustantivos no contables en singular. Del mismo modo, los verbos que seleccionan argumentos colectivos aceptan en singular los nombres no contables (Voy amontonando basura en el patio).
Una serie de adjetivos parecen acompañar, de manera recurrente, a sustantivos no contables. Tal es el caso de abundante. Este adjetivo puede acompañar a un gran número de sustantivos no contables, no obstante, es rechazado por algunos de carácter abstracto y puede encontrarse con sustantivos contables (cena, desayuno, merienda...). Es decir, que en el caso de abundante, a la hora de intentar distinguir entre nombres contables o no contables, hay que actuar con prudencia.
Clases semánticas de nombres no contables. Cambios de categoría

Intentar establecer una clasificación semántica de los nombres no contables resulta compleja. En primer lugar porque pueden formar parte de este tipo de nombres tanto sustantivos concretos como abstractos y, en segundo lugar, porque determinados nombres, a priori no contables, cuentan con acepciones que pueden ser interpretadas como contables. Por otro lado no es nada infrecuente que en español se utilicen los mismos nombres tanto como contables como no contables, lo cual complica aún más la cuestión.
Habitualmente, cuando utilizamos un sustantivo no contable como contable, solemos hacerlo para referirnos a la clase o tipo en la cual se engloba un conjunto de realidades que contienen un rasgo semántico común. De este modo el sustantivo vino resulta no contable en la oración Bebió bastante vino aquella noche. Si nos fijamos, en este contexto no es posible utilizar el adjetivo medio, o cuando menos el uso del mismo implica una interpretación diferente a la que parece extraerse de la lectura de la oración anterior: Bebió medio vino aquella noche. No obstante, en otros contextos, más en concreto, al referirnos a la clase genérica que engloba un conjunto de vinos, este sustantivo, es interpretado como no contable, aceptando como tal el uso del plural: Los vinos de la Rioja son estupendos.
Algo semejante ocurre cuando el sustantivo no contable pasa a designar de manera individual un fragmento del conjunto. Es lo que ocurre cuando afirmamos, por ejemplo: La pelota rompió dos cristales de la puerta. En este caso el sustantivo no contable cristal se convierte en contable al designar partes individuales del mismo, lo cual permite que aparezca en plural y modificado por un numeral.
Con los nombres de alimentos ocurre algo parecido. Si volvemos al vino de nuestro primer ejemplo comprobaremos que, en determinados contextos, el nombre no contable puede hacer referencia a su modo de presentación. Así diremos, sin ningún tipo de problema: Bebió un vino aquella noche. En este caso el sustantivo vuelve a comportarse como un nombre contable, aunque cabría preguntarse hasta que punto no nos encontremos ante una elipsis que el oyente es capaz de completar gracias a su conocimiento pragmático.
Mucho menos frecuente es el caso contrario, es decir, que un sustantivo contable pase a ser interpretado como no contable. En los casos en los que se produce suele existir un cambio de carácter cuantitativo, aunque no dejan de existir casos en los que se produce cambios de carácter cualitativo. En este sentido la oración Arturo es poco hombre para Adela, lo que se pone en cuestión es la calidad en cuanto hombre, con todo lo que esto implica, de el pobre Arturo. En esta ocasión el sustantivo va acompañado del indefinido poco pero no podría ir modificado por el adjetivo medio. No obstante, en otros casos el cambio de categoría puede afectar al significado de la oración desde un punto de vista cualitativo. Sirva de ejemplo: Aquí en Villaconejos hay demasiado hombre para tan poca mujer.

El sustantivo y sus clases



Caracterización del sustantivo

Desde un punto de vista morfológico el sustantivo se caracteriza por variar en género y número y por participar en diferentes procesos de derivación y composición. Desde un punto de vista sintáctico, el sustantivo da lugar a grupos nominales que tienen la capacidad de ejercer diferentes funciones sintácticas. 
Por otro lado, los sustantivos denotan un amplio campo de entidades de diferente naturaleza y condición. Esta diversidad es la que obliga a agruparlos en varias clases gramaticales.

Clases principales de sustantivos

Una primera distinción se establece entre sustantivos comunes y sustantivos propios. El nombre común se aplica a toda una serie de realidades que forman parte de una misma clase, ya que comparten una serie de rasgos que las agrupan y, al mismo tiempo, las diferencian de otros nombres comunes. Esta característica permite a esta clase de sustantivos participar de relaciones léxicas de hiperonimia, hiponimia, sinonimia y antonimia, así como resultar susceptibles de traducción. No obstante, el nombre común solamente adquiere un carácter referencial cuando se integra en en un grupo nominal. El nombre común mesa, de manera aislada, hace referencia a un concepto general en el cual es posible englobar cualquier objeto concreto que se ajuste a las rasgos generales que se reúnen en su definición. Solo cuando el sustantivo es determinado en el seno de un grupo nominal adquiere valor referencial e individualizador, es decir, el contenido semántico general que se corresponde con determinado sustantivo se concreta en una referencia extraliteraria concreta: una mesa.
Por el contrario el nombre propio identifica un ser entre los demás sin informar de sus rasgos o sus propiedades constitutivas. Esta serie de sustantivos expresan cómo se llaman individualmente las entidades. Esto hace que estas unidades tengan poder referencial por sí mismos y les impide participar en las relaciones léxicas que era posible establecer entre los nombres comunes. De igual modo, tampoco es posible realizar la traducción de este tipo de nombres.
Los nombres comunes se dividen en contables-no contables, individuales-colectivos, abstractos-concretos.

Nombres contables-no contables

Los nombres contables o discontinuos o discretos hacen referencia a entidades que se pueden contar o enumerar. Por su parte, los no contables, también llamados incontables, continuos, de materia, de masa y medibles) designan magnitudes que se interpretan como sustancias o materias.
Son nombres contables libro, planetas, información, vasos. Son nombres no contables tiempo, testarudez, agua. Debemos tener en cuenta que determinados sustantivos no contables pueden comportarse, según el contexto, como sustantivos contables. Es lo que ocurre con, por ejemplo, café. Este sustantivo resulta no contable en expresiones del tipo: En el almacén había café, aceite y trigo. No obstante, el mismo sustantivo actúa como contable en: El profesor se tomó un café.

Nombres individuales-colectivos

Los sustantivos individuales denotan personas, animales o cosas que concebimos como entidades únicas. Por su parte los nombres colectivos designan, en singular, conjuntos de personas o cosas similares. Se aprecia esta distinción entre, por ejemplo, profesor y claustro. El primero designa a un ente particular mientras que el segundo hace referencia a un grupo de profesores.

Nombres abstractos-concretos

Los sustantivos abstractos designan conceptos no materiales, es decir, acciones, cualidades o procesos que atribuimos a los seres o pensándolos como entidades independientes a los mismos. Los nombres concretos hacen referencia a los seres a los que atribuimos las mencionadas propiedades o acciones.

Sustantivos argumentales

Los nombres argumentales cuentan con argumentos que designan participantes exigidos por el significado concreto del sustantivo. En este sentido el sustantivo amigo es argumental porque su significado no se entiende sin la existencia de dos participantes que mantienen entre sí una relación de amistad.

Sustantivos eventivos

Los nombres eventivos son aquellos susceptibles de convertirse en sujetos del predicado tener lugar o términos de la preposición durante (batalla, reunión, cacería).

Sustantivos cuantificativos

Se denominan nombres cuantificativos o cuantitativos aquellos que forman grupos nominales que pueden desempeñar la función de cuantificadores (Una brizna de hierba, un grano de algodón, un litro de leche). 

viernes, 8 de febrero de 2013

Composición: pautas de composición poco productivas y composición neoclásica

Pautas de composición poco productivas

Compuestos con numerales y adverbios

Un cierto número de compuestos se crean utilizando numerales (ciempiés, milflores, milhojas, sietecolores). Más conflictivo resulta el caso de los compuestos, en su inmensa mayoría pertenecientes al ámbito científico, que utilizan numerales procedentes del latín y del griego. Para unos autores no nos encontraríamos ante verdaderos compuestos, sino ante derivados que se ven afectados por prefijos. No obstante, la Nueva gramática de la lengua española los incluye en este apartado y, consecuentemente, así los aceptaremos. Sin embargo, no podemos dejar de hacer notar la incoherencia que se comete al considerar, en esta misma obra, a algunos de estos elementos como prefijos (tetrápodo, bípedo, pentámetro, monodactílico, díptero).
También se crean compuestos con adverbios (o adjetivos en función adverbial). Estos adverbios ocupan el primer lugar del compuesto y pueden utilizar o no vocal de enlace (simpreviva, altisonante). Algo más frecuentes son los compuestos ADV-A creados con los advervios bien y mal (biempensante, malpensante, bienaventurado, malmadado, malnacido, bienintencionado). Generalmente estas palabras son consideradas como parasintéticas. El esquema ADV-V da lugar a un importante número de palabras (malquerer, malgastar, bienvivir).

Compuestos con las pautas V-i-V, V-V. N-V. Otros grupos lexicalizados

La pauta V-i-V no resulta especialmente productiva (quitaipón, subeibaja). El sustantivo correveidile es un compuesto generado con tres imperativos, el último con el pronombre enclítico, lo cual lo hace especialmente curioso.
Responden al esquema V-V toda una serie de compuestos. Entre ellos destacan aquellos que unen verbos de significado contrario y los que duplican el verbo (alzapón, tejemaneje, matamata, pegapega).
En la mayoría de los compuestos que responden al esquema N-V el sustantivo se corresponde con el Objeto Directo del verbo (vasodilatar, alicortar). Sin embargo, en manuscribir y fotograbar no se cumple este principio, sino que denota el instrumento con el cual se realiza la acción.
En ocasiones se lexicalizan grupos verbales que pueden contener pronombres, artículos, preposiciones y otros elementos (acabose, besalamano, bienmesabe, curalotodo).

La composición neoclásica

Bases compositivas cultas. Definición

Un buen número de compuestos adjetivales y nominales se forman con voces de origen latino o griego. A estas voces se les denomina bases compositivas cultas. A continuación presentamos algunas de estas bases con su definición:


Naturaleza

A diferencia de algunas formas de origen grecolatino, como homo-, que se asimilan a los prefijos, otros elementos, como son aquellos de los cuales nos ocupamos ahora, son considerados, por su carácter intermedio entre los afijos y los morfemas libres, como bases compositivas.
Pese a ocupar en no pocas ocasiones un lugar inicial en la palabra, no es posible asimilarlos a los prefijos pues, en no pocas ocasiones, constituyen una nueva palabra junto a un afijo (étnico, hídrico). Consecuentemente, estos elementos suelen ser denominados, al menos por una parte de los gramáticos, como falsos prefijos, cuasiprefijos o pseudoprefijos.
Lo mismo sucede con una serie de elementos que se suelen añadir al final de la palabra (-algia, -arca, -`fugo). Estos pueden formar palabras uniéndose a prefijos y a sufijos (analgésico, anarquista, prófugo).
De igual modo, algunos de estos elementos pueden ocupar tanto una posición inicial como final en la palabra (filoamericano, cinéfilo).
Por último, la existencia de una relación argumental entre estos elementos en el interior de la palabra cuando dan lugar a los llamados compuestos neoclásicos, refuerza la idea de composición, pues este tipo de relación es propia de los compuestos y no se da entre la base y sus afijos.  

miércoles, 23 de enero de 2013

Composición: compuestos de nombre y adjetivo, compuestos de verbo y nombre



Compuesto de nombre y adjetivo

La composición de un nombre y un adjetivo puede dar lugar tanto a compuestos nominales como compuestos adjetivales.

Compuestos nominales y adjetivales N-A, A-N y N+A

La mayoría de los compuestos que responden al esquema N-A es atributiva, pues el adjetivo designa una propiedad del nombre que constituye el núcleo del compuesto (aguamarina, aguardiente, camposanto, caradura). 
También resultan atributivas algunas construcciones con el adjetivo en primera posición (altavoz, buenandanza, buenaventura, malnutrición, extremaunción). 
En ciertos casos la grafía, y consecuentemente la distinta naturaleza de los compuestos que se forman con las mismas palabras, acarrean significados distintos (agua fuerte = 'disolución de ácido nítrico'; aguafuerte = 'estampa'). Relacionado con esto, se prefiere guardamarina para designar a una persona, antes que guarda marina. También resulta preferible emplear guardiacivil para designar a un individuo, aunque se admite guardia civil y Guardia Civil para designar a la institución. 
De igual modo, el esquema A-N puede dar lugar a compuestos adjetivales (grancanario, altoaragonés).
Un grupo limitado de compuestos que responden al esquema N-A presentan el núcleo a la derecha, mostrando, muchos de ellos, una relación argumental entre el nombre y el adjetivo (drogadicto, acidorresistente, catalanohablante, drogodependiente, radioaficionado).
Muchos de los compuestos que responden al esquema N+A designan a individuos. En estos compuestos sintagmáticos el nombre se refiere a una parte o un componente del cuerpo (cabeza rapada, cara bonita, piel roja), una prenda de vestir (camisa roja, cascos azules). El número y el género de estos compuestos se muestran independientes del número y género del sustantivo que los encabeza. Se comportan en este sentido como nombres comunes en cuanto al género, lo cual favorece su interpretación como compuestos, alejándolos de las locuciones nominales.

Adjetivos compuestos según la pauta N-i-A 

Entre todas las pautas compositivas que unen adjetivos y sustantivos la que aquí se estudia resulta la más productiva. Un gran número de estos compuestos son adjetivos que se predican de nombres de persona o de animales (cariacontecido, narilargo, ojizarco, pernilargo). Los adjetivos de estos compuestos presentan los mismo atributos gramaticales del grupo nominal del que se predica el compuesto, y no del sustantivo contenido en este. 
Este tipo de compuestos suelen ser considerados endocéntricos, con núcleo a la derecha. No obstante, algunos autores los consideran exocéntricos pues a su parecer el adjetivo solo denota indirectamente una cualidad de la persona o del animal al que se le atribuye la propiedad que estos designan (Una persona pelirroja no es una persona roja, sino una persona con el pelo rojo).

Compuestos de verbo y nombre

El esquema V-N es el modelo más productivo de entre los que dan lugar a compuestos propios. Da lugar a un gran número de compuestos nominales que designan, además de otra nociones menos sistemáticas, agentes o instrumentos.

Estructura morfológica de los compuestos V-N

No está totalmente claro el carácter endocéntrico o exocéntrico de este tipo de compuestos. Se asimilan a los primeros en cuanto resultan altamente productivos y en que poseen un significado transparente. No obstante, estos compuestos son sustantivos que se forman a partir de verbos y su significado es parcialmente predecible en función del significado de sus componentes.
Por otro lado, se acercan a los compuestos exocéntricos al contar con un género y un número independientes de los que presenta el sustantivo que contienen. 
Este tipo de compuestos mantienen la vocal temática del presente de indicativo. Aquellos pocos que se forman sobre una base imperativa no se consideran propios de este tipo.

Características léxicas de los compuestos V-N

La mayoría de estos compuestos se forman con verbos transitivos de acción (cortaplumas, guardarropa, pintalabios), o con verbos que pueden funcionar tanto como transitivos o como intransitivos (rompeolas, hierbeleches).
La forma más frecuente es la que presenta en el segundo elemento el complemento directo del verbo que ocupa la primera posición (aparcacoches, pasatiempo, quitaesmalte, giradiscos). En algunos casos el sustantivo refiere el complemento de régimen de los verbos (guardabarros, parachoques, guardapolvos, parabrisas). Ya sumamente escasos son aquellos compuestos en los que el sustantivo puede ser interpretado como el sujeto del verbo al cual acompañan (vuelapié, vuelapluma).
El sustantivo, que supone el segundo elemento de los compuestos V-N, aparece en plural si son contables (afilalápices), aunque existen algunas excepciones (girasol, portafusil, portaestandarte). Otro grupo admite las dos formas al usarse en singular (cortafuego(s), matarrata(s), guardabarrera(s), portaequipaje(s), taparrabo(s)). Si el sustantivo es no contable, lo habitual es que aparezcan en singular (cortacorriente, portaleña, tragaluz). Sin embargo, también entre estos se encuentran alternancias (guardafango-aguardafangos, guardarropa-guardarropas, pasapuré-pasapurés). En un pequeño grupo el compuesto singular y el plural hacen referencia a significados distintos (buscapié = 'pretexto', buscapiés = 'cohete', catavino = 'vaso', catavinos = 'persona').
La mayoría de estos compuestos designan utensilios, instrumentos y prendas de vestir (cubrecama, cazamariposas, limpiacristales, guardapolvo). También designan individuos (aparcacoches, portavoz, limpiabotas, guardabosques). Unos pocos designan acciones, procesos, ciertos golpes y juegos (besamanos, soplamocos, pasapalabra, correcalles).

Composición: compuestos de doble sustantivo y compuestos de doble adjetivo

Antonio Azorín, Pipa para gemelos

Compuestos de doble sustantivo

Compuestos N-i-N, N-N y N+N no atributivos

Son varios los compuestos propios que se forman combinando dos sustantivos, con o sin vocal de enlace (telaraña, carricoche, coliflor). Los que presentan vocal de enlace suelen ser coordinativos y los que no cuentan con ella subordinativos. Estos últimos suelen presentar el núcleo a la izquierda (bocacalle, telaraña).
El plural de los compuestos propios se forma sobre el segundo elemento, sea o no el núcleo. Sin embargo, los compuestos sintagmáticos suelen flexionar el núcleo manteniendo invariable el otro segmento (coches cama, ciudades dormitorio).

Compuestos N+N atributivos

El segundo miembro de estos compuestos aporta alguna propiedad particular de la entidad designada por el núcleo (corbata mariposa [forma], bebé probeta [origen], buque escuela [función]). Si el núcleo es un color el segundo segmento lo matiza (rosa palo).
Muchos de estos compuestos se forman con sustantivos que se interpretan como exponentes de ciertas cualidades prototípicas (problema clave, situación límite, alumno modelo, examen relámpago, experiencia piloto).

Compuestos de doble adjetivo

Compuestos A-i-A

Son muchos los compuestos propios que se forman uniendo dos adjetivos. La pauta más productiva es la que combina dos adjetivos de color (aurinegro, albiceleste, blanquiazul, rojinegro). Con ellos se suele designar colores superpuestos de manera contigua o en patrones alternantes. Por el contrario, otros patrones que comparten este esquema, hacen referencia a cierta propiedad resultante de mezclar o combinar otras dos (tontiloco, agridulce, anchicorto).

Compuestos A-A y A+A

Estos esquemas resultan muy productivos con adjetivos relacionales que aluden a la conjunción de los dos ámbitos a los que se hace referencia (audio visual, físico-químico, político-económico). Destacan los formados con gentilicios (angloárabe, luso-brasileño). En no pocas ocasiones los mismos adjetivos dan lugar a dos compuestos, uno univerbal y el otro sintagmático (maxilofacial, maxilar-facial). En el caso de los compuestos propios el primer miembro del compuesto puede acortarse suprimiendo la terminación y añadiendo -o- (afroamericano, bucofaríngeo, espaciotemporal, verbonominal), pero también es posible que que no exista reducción y se añada solamente -o- (alemanoespañol, catalanoparlante) o que se empleen bases supletivas (angloespañol, galaicoportugués, hispanoitaliana).
Se recomienda el uso de compuestos sintagmáticos, separados por guión, cuando los miembros del compuesto mantienen sus terminaciones y cuando los miembros mantienen su denotación de manera independiente (contienda hispano-americana, literatura hispanoamericana).
Los compuestos A-A suelen ser coordinativos y, por lo general, relacionales. No obstante, existe un grupo de compuestos propios formados por adjetivos calificativos (blancoamarillento, negroparduzco). En este caso, a diferencia de lo que ocurría con los adjetivos de color que respondían al esquema A-i-A, el tono designado por estos compuestos denota la mezcla de colores.

martes, 22 de enero de 2013

Composición: estructura interna de los compuestos


Aspectos morfológicos y sintácticos

Los compuestos no admiten modificadores que afecten solamente a uno de sus componentes ni tampoco procesos de derivación exclusivos de uno de ellos. No obstante, un pequeño grupo de compuestos sintagmáticos formados por dos sustantivos admiten un morfema apreciativo, casi siempre en el primer miembro (cabecita loca).
Por otra parte, los pronombres no suelen formar parte de los compuestos. Representan una excepción un pequeño grupo de palabras compuestas en los cuales el pronombre carece de antecedente y que no responden a pautas morfológicas estables (metomentodo, nomeolvides, sabelotodo).
Tampoco resulta habitual, aunque se da en determinadas áreas geográficas, la coordinación de las bases léxicas de los compuestos con otros elementos. De este modo resultan agramaticales construcciones del tipo: *lavaplatos y tazas. Sin embargo, sí que parecen aceptar la coordinación aquellos compuestos sintagmáticos que se encuentran más cerca de las estructuras sintácticas apositivas (Es un momento clave y excitante en el sector).
No se consideran palabras compuestas, sino derivadas, aquellos compuestos que modificados por un afijo. En estos casos se da un proceso de composición>derivación (malhumorar, sacapuntitas). De igual modo, nos encontramos con el proceso inverso, derivación>composición, cuando el compuesto se forma sobre una palabra derivada (cazabonbardero, hispanohablante). Es importante que la representación de la estructura de la palabra manifieste claramente estas diferencias: [saca-punt][itas]; [caza-bombard[ero]].
La parasíntesis es una forma híbrida de composición y de derivación que se produce cuando no existen por sí solas ni la palabra derivada ni la compuesta (mileurista, pordiosero, quinceañero, ropavejero, sietemesino). En estas palabras suelen reconocerse solamente dos componentes [pordios][ero].
Otra opción, estudiada en la prefijación, es la consideración más amplia del concepto de parasíntesis. En este caso se consideran como palabras parasintéticas aquellas, como ciertos verbos, que incorporan a la base un afijo discontinuo [a[clar]ar].
En ocasiones los compuestos aparecen unidos por un elemento de enlace, normalmente la vocal -i-. Esto sucede tanto en los compuestos coordinativos como subordinativos (agridulce, subibaja, perniquebrar). En los compuestos formados por elementos de origen grecolatino se suele utilizar -o- si los términos son griegos o -i- si son latinos (cartógrafo, dermatólogo, apícultor, fraticida).

Aspectos fonológicos

Ya hemos visto que los compuestos univerbales cuentan únicamente de un acento principal, lo cual los distingue de los compuestos sintagmáticos que conservan el acento de los elementos que los componen. En el caso de los primeros es posible distinguir, además del principal, un acento secundario (decimoséptimo).
Igualmente, es posible descubrir cierta independencia fonológica en los componentes de los compuestos univerbales. Así, tal y como sucede con los sustantivos femeninos que comienzan con una /a/ tónica, los compuestos que cuentan con este tipo de sustantivos en su primer miembro se combinan con la variante el del artículo definido femenino (el aguamarina). Del mismo modo, la alternancia /o/-/ué/ o /e/-/ié/ que se produce en ciertos verbos, se mantiene cuando estos ocupan el primer lugar en una palabra compuesta (cuentacuentos, vierteaguas, duermevela).
En los compuestos nominales en los que se yuxtaponen dos vocales estas se mantienen, aunque se suelen fundir si son idénticas (aguardiente, quintaesencia). No obstante, no suele mantenerse la vocal final del primer miembro cuando nos encontramos con la vocal de enlace -i-.

lunes, 21 de enero de 2013

Composición: concepto


Las palabras compuestas

Se llama composición al proceso morfológico mediante el cual dos o más raíces forman una palabra compuesta o compuesto.
Resulta polémico establecer los límites entre las formas compuestas y otro tipo de construcciones como, por ejemplo, las palabras prefijadas, las locuciones o las construcciones en aposición. 
Para empezar, no se consideran en morfología sincrónica compuestos las combinaciones de adverbios, preposiciones y conjunciones (adonde, abajo, asimismo, aunque), ya que no se reconoce en ellos la independencia gramatical de los segmentos que proporciona su etimología. Tampoco son considerados compuestos, sino grupos preposicionales, conmigo, contigo y consigo, ya que, aún estando integrados en una sola palabra, desempeñan funciones propias de este tipo de grupos y es posible coordinarlos con ellos.
Sí se consideran compuestos, los relativos inespecíficos cualquiera, cualesquiera, quienquiera, quienesquiera, dondequiera, comoquiera y cuandoquiera.


Se distingues tres tipos de compuestos: los compuestos propios o univerbales, los compuestos sintagmáticos y los compuestos sintácticos. En el caso de los primeros, los componentes que los forman se unen en una sola palabra ortográfica y, por lo general, en un único grupo fónico (maniatar, maxilofacial). Cuando uno de los componentes de este tipo de compuestos, generalmente el primero, se encuentra acortado, se habla de compuestos acrónimos (cantautor). Los compuestos univerbales no llevan tilde en el primer segmento, de modo que se escribe acidorresistente en lugar de ácidoresistente.
Los compuestos sintagmáticos se forman con palabras que mantienen su autonomía gráfica y acentual. Este tipo de compuestos pueden aparecer separados por un guión o no (hispano-suizo, tren bala).
Son más problemáticos los compuestos del tercer tipo, puesto que parecen formar más bien parte de la fraseología que de la morfología. De manera general, consideraremos que estas construcciones son en la mayoría de los casos algún tipo de locución y no un compuesto.
En función de la relación gramatical que se establece entre sus segmentos constitutivos, los compuestos se pueden clasificar en coordinativos y subordinativos. Los primeros presentan una relación similar a la que en sintaxis se denomina coordinación (agridulce, carricoche, verdinegro) y en ella resulta muy productivo el esquema X-i-X. Por su parte, los compuestos subordinativos ponen en evidencia la relación de subordinación entre uno de los elementos, que es sentido como nuclear, y otro u otros que funcionan como modificadores o complementos (bocacalle, maldecir, matamoscas). Entre estos últimos es posible reconocer los llamados compuestos atributivos. Estos compuestos suelen estar formados por un sustantivo y un adjetivo que aporta alguna característica de la entidad designada por el nombre (camposanto, purasangre).
Una última clasificación de los compuestos responde a la existencia o inexistencia de un componente que funcione como núcleo dentro de los mismos. Los primeros son compuestos endocéntricos y los segundos compuestos exocéntricos. El núcleo de un compuesto caracteriza semánticamente y formalmente al compuesto (anglohablante, patilargo, hierbabuena, casacuna).
Al contrario de lo que sucede en los compuestos endocéntricos, en los exocéntricos las propiedades gramaticales y semánticas del compuesto no vienen determinadas por alguno de sus componentes, sino por el conjunto de ellos (piel roja).

Diferencias entre compuestos univerbales, compuestos sintagmáticos y locuciones

Para distinguir entre unidades compuestas y unidades gramaticales compuestas suelen emplearse una serie de criterios:

  1. Prosodia
  2. Flexión
  3. Composicionalidad
  4. Productividad
  5. Expansión y recursividad

El primer criterio nos permite diferenciar entre compuestos univerbales, que como hemos visto cuentan con un solo acento, y los compuestos sintagmáticos, que poseen dos.
EL segundo criterio sirve para delimitar las piezas léxicas. La mayor parte de los compuestos sintagmáticos solamente pluralizan uno de sus componentes. Cuando nos encontramos con formaciones que permiten tanto la pluralización de uno de sus elementos como de los dos (asuntos clave-asuntos claves) se suele considerar, en el segundo caso, que nos encontramos ante grupos sintácticos. No obstante, sí presentan doble plural los compuestos sintagmáticos coordinativos (droguerías perfumerías, relojes despertadores).
Las construcciones del tipo de: cabeza cuadrada, lengua larga o relaciones públicas resultan especialmente problemáticas. La existencia en estos casos de la llamada concordancia sistemática (un cabeza cuadrada-unos cabezas cuadradas) los asimila a las locuciones nominales. No obstante, al resultar comunes en cuanto al género, se acercan a los compuestos exocéntricos y se alejan de las locuciones, que tienen género masculino y femenino.
El tercer criterio hace referencia a la posibilidad de interpretar las unidades complejas a partir de la información presente en las unidades simples, así como en función de los principios combinatorios que las integran. Las locuciones suelen ser en este sentido bastante opacas mientras que los compuestos suelen resultar bastante transparentes.
El cuarto criterio está relacionado con el anterior. Por productividad entendemos el rendimiento que ofrece una determinada pauta gramatical. La productividad máxima corresponde a las unidades sintácticas. También son muy productivos ciertos esquemas compositivos como V-N o A-i-A. Por el contrario las locuciones nominales presentan una productividad mínima.
Finalmente, el criterio quinto establece una división tradicional entre la morfología y la sintaxis. Es propio de la sintaxis expandir un componente de una construcción o repetir linealmente una pauta  concreta. No obstante, es posible detectar cierta recursividad en algunos compuestos (limpiaparabrisas, hispanoangloamericano).

Prefijación: prefijos negativos, opositivos, de actitud favorable y adjetivales



Prefijos negativos

Denotan negación los prefijos cuyos derivados expresan la noción contraria a la expresada por la base. También son considerados de este modo los que aportan una noción de ausencia de una acción, propiedad o entidad y los que indican la inversión de una situación previa.

El prefijo in-

El prefijo in- presenta las variantes i- ante bases que comienzan por /l/ o /r/ e im- ante "b" o "p". Son numerosos los adjetivos formados de este modo que constituyen los antónimos de las bases sobre los cuales se forman (imposible, inválido, ilícito). Resulta menos productivo con bases verbales y nominales (imcumplir, insubordinar, impiedad, inacción). 
En las oraciones copulativas los adjetivos que admiten in- suelen combinarse con el verbo ser, mientras que los adjetivos que aceptan estar suelen rechazar este prefijo, salvo inconsciente.
Tampoco resulta habitual crear adjetivos con este prefijo sobre bases adjetivales relacionales. Son una aparente excepción inconstitucional, incivil o irreligioso, ya que en la práctica se interpretan como calificativos.
En ciertos casos, los adjetivos prefijados con in- corresponden a cultismos en los que este ya se encuentra incorporado. En estos casos caben dos posibilidades. O bien aceptamos una base supletiva que es posible identificar (informe, indoloro, impune), o bien no se analizan como prefijos desde un punto de vista sincrónico (impecable, intonso, ileso).
Es bastante frecuente que ciertos adjetivos derivados en -ble admitan la presencia del prefijo in-. En estos casos se considera que el prefijo se agrega al adjetivo [in[traducible]]. No obstante, un grupo de adjetivos formados con estos mismos componentes admiten dos segmentaciones según sea el significado que se le otorgue al derivado. Así incomunicable puede ser analizado tanto como [in[comunicable]]; 'que no puede ser comunicado', o como [[incomunica]ble]; 'susceptible de ser incomunicado'. No obstante, y contra lo establecido la Nueva Gramática de la lengua española que aquí seguimos, el diccionario de la RAE solo admite una definición de este vocablo; exactamente la de 'no comunicable'.

El prefijo des-

Se crean numerosos nombres que denotan un valor opuesto al de la base o un sentido privativo (desempleado, desdicha). También se combina con bases adjetivas, en su mayoría vinculadas a participios (desafecto, descompuesto).
Este prefijo da lugar a esquemas parasintéticos des-N-ado, des-A-ado que crean numerosos derivados adjetivales.
En cuanto a los derivados verbales creados con des-, se distinguen cuatro interpretaciones posibles: ausencia (desconocer), cese o cancelación (deshabitar), acción contraria (descoser) o acción inadecuada (desinformar). No obstante, algún derivado puede aceptar varias de estas interpretaciones.
En ciertos casos los verbos del primer grupo no siempre expresan la mera ausencia de determinada acción, sino que a veces expresan también actuaciones intencionadas como desobedecer. Ciertamente existe cierto matiz de intencionalidad en verbos de este tipo pues no son exactamente sinónimos no obedecer y desobedecer
La interpretación de acción contraria, también llamada reversiva, presupone una acción previa denotada por la base, lo que no ocurre en la primera de las interpretaciones anteriormente vistas. En este sentido, el prefijo des- actuará, para dar lugar a esta interpretación, sobre verbos que expresen cambios de estado o de posición.
Respecto a este punto, debemos considerar en múltiples ocasiones cuál será la interpretación más adecuada de un determinado derivado, pues esta determinará la dirección y la naturaleza de los procesos derivativos que se han puesto en marcha. De este modo, en no pocas ocasiones resulta mucho más adecuado interpretar una estructura parasintética antes que dos procesos derivativos, uno de sufijación y otro de prefijación. Así, la interpretación de, por ejemplo, desaguar  no será reversiva, puesto que desaguar no es exactamente la acción contraria de aguar, sino que se corresponde mejor con la interpretación de 'quitar el agua' y, por lo tanto, con la segmentación des-agua-ar
Sucede lo mismo con toda una serie de verbos como desacreditar(se), descorazonar(se), desequilibra(se), desganar(se), deshabituar(se), deshonrar(se), desilusionar(se).

El prefijo a- y los prefijos negativos separables

El prefijo a- cuenta con la variante an- que se presenta ante bases que comienzan por vocal. Cuando se une a determinados adjetivos calificativos y a un amplio número de adjetivos relacionales expresa el concepto contrario al expresado por la base (anormal, atípico). También es frecuente su interpretación privativa tanto en adjetivos, como en sustantivos (acéfalo, afasia).
Tiene también valor negativo el prefijo separable sin- que se combina con bases sustantivas para designar clases de personas (sin techo, sin ley).
También expresa 'ausencia' el prefijo separable no cuando va antepuesto a bases nominales deverbales (no agresión, no intervención).

Prefijos opositivos y de actitud favorable

Es un grupo reducido el de los prefijos que muestran la actitud hacia algo o finalidad con que se realiza una determinada acción. Expresan oposición anti- o contra- y denota actitud favorable pro-
El prefijo anti- se usa en bases nominales y sobre adjetivos relacionales (antiaborto, antiácido, antialérgico). Es posible una doble interpretación en adjetivos como antifascista, que puede significar tanto 'lo opuesto a lo + adjetivo' o bien 'lo opuesto al N-ismo'. 
Por su parte, la pauta anti-N ha dado lugar a adjetivos (o bien sustantivos en aposición) con ciertos nombres abstractos o con las bases nominales de lo que se pretende evitar o prevenir, muchas de ellas terminadas en -nte (reglas antisubsidios, antiaéreo, anticongelante).

Prefijos adjetivales

Este tipo de prefijos aportan un significado similar al de los adjetivos. De hecho, estos prefijos suelen considerarse como elementos compositivos, si bien es posible asimilarse al grupo de los prefijos si se les asigna un estatuto especial dentro de esta categoría. Forman parte de este grupo:
  • neo-, equiparable a nuevo (neogótico).
  • paleo-, la entidad designada por el sustantivo al que antecede se manifiesta en su faceta más antigua o más temprana (paleocristiana).
  • para-, la expresión denotada por la base no debe ser considerada en su sentido estricto (paraciencia).
  • pseudo-, hace referencia a variantes o versiones falsas, fraudulentas o fingidas de la noción denotada por la base (pseudocientífico).
  • homo-, igualdad entre dos entidades en relación (homogéneo).
  • hetero-, diferencia entre dos entidades en relación (heterónimo).

jueves, 10 de enero de 2013

Prefijación: prefijos de incidencia argumental, cuantificativos, gradativos y escalares



Prefijos de incidencia argumental

Se denominan de este modo los prefijos que tienen repercusión en la estructura argumental de los predicados o en la relación que se manifiesta entre sus argumentos. Veamos detenidamente las nociones que pueden expresar.

Reflexividad

El prefijo auto- aporta a la base a la cual se adjunta un significado reflexivo, añadiendo un matiz enfático, al  subrayar que el referente del sujeto ejerce la acción por sí solo y sin la ayuda de nadie, si este se aplica a verbos pronominales que ya tienen valor reflexivo (autocrítica, autolesionarse).

Reciprocidad

El prefijo inter- y su variante patrimonial entre- pueden aportar un valor de reciprocidad al combinarse con verbos (extraños viandantes interactúan con cuantos viandantes salen a su paso). Este prefijo puede combinarse tanto con verbos transitivos como intransitivos.
En aquellos contextos en los cuales su presencia no resulta imprescindible aporta un matiz enfático (se entrecruzan mensajes).
Este prefijo, en su interpretación recíproca, no suele combinarse con nombres eventivos no deverbales (*intercontrol), aunque si que suele resultar muy productivo al combinarse con adjetivos relacionales (interdepartamental, interinsular).

Asociación

El prefijo inter- suele imponer un requisito de pluralidad a los adjetivos denominales a los que se antepone. Algo similar ocurre con el intra- que forma adjetivos relacionales a partir de sustantivos que designan cosas compuestas de diversos elementos (turismo intranacional, conflicto intrafamiliar).
El prefijo co- y sus variantes con- y com- dan lugar a predicados colectivos o simétricos (coeditar). Cuando un derivado formado con este prefijo es seguido por un grupo preposicional que expresa 'acción o situación conjunta', se produce una redundancia con-V...con que aporta énfasis (Coeditó el texto con ella). Cuando este prefijo se combina con sustantivos, expresa que la noción denotada por la base es compartida por otros individuos (coproducción, codirector,coautor).

Prefijos cuantificativos, gradativos y escalares

Los prefijos cuantitativos se asocian a las nociones de cantidad o número, los escalares con la noción de escala, orden o jerarquía y los gradativos con la de grado.

Prefijos cuantificativos

Estos prefijos pueden alterar la categoría de la base a la cual se adjuntan (multicolor, monosílabo, bisílabo) y suelen contar con correlatos en el grupo de los adjetivos y los adverbios cuantificadores de valor indeterminado. Otros, en cambio, aportan el significado propio de los numerales.
Se identifican con los adjetivos y adverbios cuantificadores los prefijos multi- y pluri-, que se suelen combinar con adjetivos relacionales o con otros que se asimilan a este grupo que están formados sobre bases nominales (multifocal, plurinacional, plurilingüe, multicolor).
El prefijo poli-, que se asimila al cuantificador varios, se combina con adjetivos y sustantivos formados sobre bases griegas, aunque, actualmente, su uso se ha extendido y suele operar sobre adjetivos patrimoniales (políglota, polisemia, polideportivo).
Son muchos los prefijos que se asimilan a los numerales. Presentamos a continuación una tabla de equivalencias donde es posible estudiar los diferentes prefijos que, en cada caso, se emplean para expresar un numeral concreto:

NUMERALES
PREFIJOS
uno
mono-, uni-
dos
bi-, bis-, biz-
tres
tri-
cuatro
cuatri-, cuadri-, tetra-
cinco
penta-
seis
hexa-
siete
hepta-
ocho
octo-
nueve
enea-
diez
deca-
once
endeca-
doce
dodeca-


Los prefijos correspondientes a cardinales superiores a doce no son frecuentes en la lengua general.
Los llamados multiplicativos, denotan potencias de diez:

POTENCIAS
PREFIJOS
X diez
deca-
X cien
hecto-
X mil
kilo-
X millón
mega-
X mil millones
giga-
X billón
tera-


Prefijos fragmentarios:

FRACCIÓN
PREFIJOS
decima
deci-
centésima
centi-
milésima
mili-
millonésima
micro-
milmillonésima
nano-
El prefijo semi- puede adoptar una interpretación cuantitativa cercana al significado de medio (semicírculo). Un caso análogo es el representado por el prefijo hemi- (hemisferio).

Prefijos gradativos y escalares

Los prefijos gradativos miden el grado con el que se manifiesta una propiedad o ponderan la intensidad con la que tiene lugar una acción o un evento. Se asimilan a estos aquellos que establecen jerarquías o niveles en el interior de diversas escalas. Estos últimos prefijos reciben en ocasiones la denominación particular de escalares.
El sufijo super- es gradativo con ciertos adjetivos, adverbios y sustantivos (superblando, superbien, supercoche). Su variante patrimonial sobre- también puede adoptar este valor con bases verbales, adjetivales y nominales (sobredosis, sobrealimentar, sobrenatural).
El prefijo re- denota intensificación cuando se combina con ciertos adjetivos, participios adjetivales y un buen número de verbos (rebueno, redicho, rebuscar).
Tanto el prefijo ultra- como el prefijo archi- expresan grado máximo de una gradación. El primero se combina con adjetivos calificativos y relacionales y en determinadas ocasiones puede expresar exceso (ultracatólico, ultracivilizado, ultraconservador). La diferencia entre el concepto de grado máximo y la connotación de exceso no siempre está clara, sobre todo cuando se combina con ciertos sustantivos (ultraderecha, ultraviolencia).
Por su parte, el prefijo archi- suele combinarse con adjetivos calificativos y con participios en función adjetival (archiconocido, archidivertido, archifamoso).
El prefijo semi- puede dar lugar a una interpretación gradativa cercana a la de 'grado medio de una propiedad' (semidormido), pero también puede denotar una propiedad cercana a otra que no se llega a alcanzar plenamente (semianalfabeto). Los adjetivos formados con este prefijo pueden ser calificativos o relacionales.
El sufijo hiper- denota exceso (hiperactividad), mientras que infra- , que se combina con adjetivos, verbos y sustantivos, y el prefijo hipo- denotan insuficiencia (infrasalario, infravivienda, hipocalórico). No obstante, el prefijo más productivo para expresar insuficiencia es sin lugar a dudas sub-, el cual, combinado con verbos, contribuye a que denoten acciones que se dan en un nivel inferior al deseable o a expresar la falta de condiciones necesarias para que algo pertenezca a la clase de cosas denotadas por una base nominal (subdesarrollar, subcultura).
El prefijo sub- también permite formar sustantivos que designan rangos o niveles de una jerarquía que se consideran subordinados a otros (subteniente, subatómico). También expresa jerarquía el prefijo vice- (vicepresidente).