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jueves, 18 de octubre de 2012

La teoría de la literatura en el siglo XX




"La teoría literaria en el siglo XX", José María Pozuelos Vyvancos
Curso de teoría de la literatura


Auguste Comte
Los estudios literarios de la segunda mitad del siglo XIX estarán caracterizados por el triunfo de las ideas positivistas promulgadas, entre otros, por Auguste Comte. Durante estos años los estudiosos de la literatura acumularon datos, en muchas ocasiones inconexos, y se empeñaron en aplicar a la literatura los métodos propios de las ciencias literarias. Se hará necesario esperar hasta la publicación de La Introducción a las ciencias del espíritu en 1883 por parte de Wilhelm Dilthey para que comience a evidenciarse la necesidad de romper con los presupuestos positivistas. La ciencia literaria, como una de las ciencias del espíritu establecidas por Dilthey, debía disponer de un método propio, al tiempo que conquistaba el grado de autonomía necesario como para ser considerada una verdadera ciencia. Lo explica magistralmente el profesor René Welleck al considerar las distintas interpretaciones de la ciencia que se oponen al modelo positivista:
Hay muchas otras teorías de este tipo que tienen un rasgo en común: todas proclaman la independencia de la historia y de las ciencias morales en contra de su sujeción a los métodos de las ciencias naturales. Todas ellas muestran que estas disciplinas tienen sus propios métodos o pudieran tenerlos tan sistemáticos y rigurosos como los de las ciencias naturales. Pero que su objetivo es diferente y su método es distinto; y, por consiguiente, no hay necesidad de imitar y envidiar a las ciencias naturales. Todas estas teorías también concuerdan en el rechazo a aceptar una solución fácil que muchos científicos y hasta estudiosos de las Humanidades parecen propiciar. Rehúsan admitir que la historia o el estudio de la literatura son simplemente un arte, es decir, una empresa de libre creación no intelectual, no conceptual. La investigación histórica así como la literaria, aunque no son ciencia natural, son un sistema de conocimiento organizado con sus propios métodos y objetivos, no una colección de actos creadores o registros de simples impresiones individuales.

Los primeros en romper con este tipo de estudios serán los representantes de la escuela formalista rusa. Para este grupo de filólogos el texto literario constituía un objeto científico que debería ser sometido a investigación para descubrir, en última instancia, las propiedades comunes a todo texto literario, lo que, según Jakobson, constituirá la "literariedad". No obstante, las ideas de este grupo tardarán en conocerse en el resto del occidente cultural. No será hasta la década de los setenta del siglo XX cuando las propuestas de los formalistas rusos serán divulgadas, junto a presupuestos estructuralistas, por el neo-formalismo francés.
Una vez que es sentido y certificado el agotamiento del positivismo decimonónico, serán múltiples las propuestas teóricas que a lo largo del siglo XX se irán sucediendo (y en ocasiones conviviendo) para explicar el fenómeno literario. La existencia de diferentes corrientes se justifica por las múltiples relaciones que la teoría literaria mantiene con otras disciplinas. De este modo, según sea la ciencia "auxiliar" con la que un determinado grupo de estudiosos establezca vínculos más serios, así los trabajos de estos se inclinarán en una determinada dirección.
Este hecho se encontrará en el origen del carácter pluralista e interdisciplinar propio de los estudios literarios. La mencionada pluralidad será, por su parte, resultado de una serie de oposiciones entre las que cabría destacar la que se produce entre lo que el profesor Pozuelo Yvancos ha dado en denominar esencialismo metafísico y el funcionalismo pragmático. En la base de esta oposición se encuentra el esclarecimiento de la finalidad última de los estudios literarios. Así, mientras para los esencialistas la pregunta a la que deben responder los estudios literarios es ¿qué es la literatura?, para los funcionalistas la cuestión sería dilucidar a qué llamamos literatura. A los primeros le ganará la pretensión de definir inequívocamente lo que es la literatura recurriendo al análisis exhaustivo de sus obras para extrapolar las cualidades inherentes a lo literario. Los funcionalistas, por su parte, intentarán comprender la literatura en tanto práctica social, y esto le llevará a promulgar que el concepto de literatura es tan cambiante como lo son las sociedades.
Edmund Husserl
Pero el marco general en el que se asienta la teoría literaria del pasado siglo se ve sometido a otras tensiones propiciadas por el auge de diferentes sistemas filosóficos. Así, no resultará posible comprender la evolución de los estudios literarios sin atender a la influencia que sobre los mismos ejercieron el marxismo, el psicoanálisis, la fenomenología y la hermenéutica.
Por su parte el marxismo y el psicoanálisis harán surgir la duda sobre la infalibilidad de los lenguajes naturales para nombrar el mundo de las cosas. Esta duda provocará que muchos teóricos de la literatura consideren el valor de la palabra en su uso, abriendo las puertas de la teoría literaria a la Pragmática.
Por su parte la fenomenología, al negar todo juicio y partir de lo dado, en cuanto fenómeno que solo tendrá valor al ser asumido por la conciencia del sujeto, se convertirá en la base filosófica del formalismo y del estructalismo pero, también, al recorrer el camino que la conduce a la hermenéutica de Gadamer, jugará un papel capital en la crisis de la crítica formalista/estructuralista que desembocará en el surgimiento de la teoría de la recepción.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La filología y la ciencia de la literatura. Aspectos generales



Apuntes  tomados del capítulo realizado por el profesor 
Ricardo Senabre para el libro Curso de teoría de la literatura .


Desde la segunda mitad del siglo XIX el estudio de la literatura ha experimentado un importante auge. Este se ha debido, en parte, a la inclusión del estudio de la historia de las literaturas nacionales en los planes de estudios de los países desarrollados, pero también al impulso que desde este periodo sufrió la investigación científica relacionada con el fenómeno literario.
Tal vez el punto de partida para la ciencia literaria podría situarse en 1897, cuando Ernest Elster publicó Prinzipien der Literaturwissenchaft. Esto no implica que con anterioridad a este momento que se quiere epifánico, no existiese una preocupación real por la literatura y su estudio, lo que ocurría es que los presupuestos de esta seudociencia literaria solían basarse en criterios tan poco sólidos como el gusto personal del comentarista.
Heinrich Rickert
Es el auge del positivismo el que en última instancia propiciará que se aplique al estudio de la literatura métodos científicos adecuados al objeto. No obstante, muchas fueron las críticas que surgieron entonces, y que en cierto modo continúan hoy en día, contra las pretensiones cientifistas del estudio literario. Para muchos la literatura, como otras muchas ciencias de la cultura, no contaba con la posibilidad de verificar los datos derivados de sus investigaciones, lo cual la situaba al margen de la ciencia.
Dilthey
Contra esta objeción se levantará la autorizada voz de Heinrich Rickert, quien, desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, distinguirá entre ciencias naturales y ciencias culturales. Esta distinción será hecha suya y asumida por Dilthey, que la desarrollará en su obra Introducción a la ciencia del espíritu.
Una de las ideas más importantes que se derivan del desarrollo de una epistemología literaria (y que no he recogido en la entrada Sobre la comprensión del fenómeno literario) es que las ciencias culturales son por definición integracionistas, es decir, que el avance de la ciencia mediante la enunciación de nuevas teorías no implica, tal y como sucede con las ciencias naturales, la negación de las teorías científicas precedentes (piénsese lo que sucede con la física newtoniana cuando Albert Einstein propone su Teoría de la Relatividad), sino que las integra. Esto supone que en las ciencias culturales, y por ende en la ciencia literaria, la tradición tenga un peso sumamente importante.
Por último, resulta necesario recordar las aportaciones realizadas por el filósofo alemán Georg Gadamer a la ciencia literaria. Este filósofo alemán renovará la hermenéutica con su obra Verdad y método, legitimando la intuición como herramienta válida para, a partir de ella, establecer el punto de partida de la investigación literaria racional.

Georg Gadamer
Diferentes modos de acercarse al objeto literario: Crítica literaria, Teoría de la Literatura e Historia de la Literatura.

Es posible acercarse al objeto literario básicamente desde tres puntos de vista, los que proporcionan la Crítica literaria, la Teoría de la Literatura y la Historia de la Literatura.

Crítica literaria

Se trata de un ejercicio intelectual de carácter analítico que se ocupa de una obra o de un conjunto de obras que se encuentran de algún modo relacionadas entre sí. Intentará encontrar y explicar los mecanismos por los cuales un discurso se convierte en una obra de arte.
Dentro de la crítica literaria es posible diferenciar diferentes grados puesto que no se pueden considerar como equivalentes la crítica literaria realizada por un lector, basada en su gusto personal, y la que hace, apoyado en un método científico, un filólogo.
El primer grado de crítica literaria será, consecuentemente, aquel en el que un lector analiza la obra literaria limitándose a la impresión que esta le ha producido.
Un segundo nivel, más sofisticado, es el representado por el crítico que pretende descubrir e inventariar las particularidades formales del texto.
Por último, el grado de crítica literaria más complejo, es el que pretende descubrir el sentido completo de la obra literaria. En relación con la captación del sentido es ya tradicional distinguir dos actitudes encontradas. Por un lado para Rildhey la obra literaria posee un sentido único que es posible descubrir reconstruyendo el proceso creador de la misma. Frente a esta postura encontramos la propuesta de Gadamer (que hiciera suya el profesor Fidel López Criado en sus clases de Historia de la Literatura, eso sí, sin citar la fuente) que sostiene que cada lectura descubre uno de los sentidos posibles que es dado encontrar en una obra literaria.
Por último, debemos recordar que las valoraciones estéticas sobre la obra no pueden forman parte nunca de la crítica literaria, al menos si el objetivo no es una mera crítica divulgativa.

Teoría de la Literatura

El papel de la Teoría de la Literatura es el de encontrar las constantes que resultan comunes a muchas obras literarias y que, consecuentemente, constituyen factores nucleares de lo que podemos denominar "literatulidad"

Historia de la Literatura

Por su parte la Historia de la Literatura se ocupa de ordenar los materiales literarios estudiados por la crítica en la secuencia temporal.

Poética

Aristóteles
La Poética, como disciplina encargada del estudio de las convenciones literarias, en un sentido al que hoy en día atribuimos a la Teoría de la Literatura, nace con Aristóteles. En su obra, titulada precisamente La Poética, el estagirita establecerá una serie de principios generales relacionados con la obra literaria que perdurarán hasta el día de hoy.
Aristóteles establecerá, así, que la mímesis es el punto de partida de la creación artística. Igualmente propondrá una clasificación genérica que, al menos en sus aspectos generales, perdurará de manera embrionaria hasta la fecha. Así mismo planteará los rasgos principales del teatro y la epopeya. También le debemos a Aristóteles una teoría de la recepción (el efecto catártico) que procura entender de qué modo la obra afecta al receptor. Por último, establecerá la importancia entre los conceptos de verdad y verosimilitud.

Retórica

La Retórica surgirá en el siglo V a. de c. con la finalidad de crear discursos con fines disuasorios. Tradicional se ha dividido en cinco partes: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Dentro de la dispositio se reconocen las cuatro partes, también tradicionales, del discurso: el exordio, la narratio, la confirmatio y la peroratio.
Monumento a Quintiliano
en Calahorra
Tzvetan Todorov ha reflexionado sobre la manera sistemática, pero al tiempo sutil, en que ha ido evolucionando esta disciplina. Según este teórico de la literatura, la Retórica ha pasado de dotar a la palabra de una finalidad suasoria a ocuparse de la palabra por la palabra, es decir, se pasó de utilizar a la belleza como un medio para lograr la persuasión, a que la belleza se convirtiera en el objetivo último del discurso. Esto supuso que la antigua unión entre res y verba que se daba en la Retórica clásica desapareciera para dar paso a la unión entre la forma y el contenido.
Con la llegada del racionalismo en el siglo XVIII, la Retórica diferenciará dos tipos de discursos según sean los fines de estos. Por un lado contaríamos con unos discursos estéticos, preocupados únicamente por la belleza y, por otro, discursos de tipo práctico, en los cuales el uso de elementos retóricos son considerados perjudiciales. Esta situación conducirá a un embotamiento de la disciplina que se verá reducida al inventario de recursos que tradicionalmente se recogían en la elocutio.
En los últimos tiempos ha ido ganando mayor fuerza la denominada neoretórica, una corriente teórica que pretende revitalizar los postulados de esta disciplina al tiempo que intenta desarrollar plenamente algunos de sus presupuestos. Entre los autores que podríamos incluir en este grupo estarían Barthes, Genette, Jakobson y los miembros del grupo μ.

La filología en la comprensión del fenómeno literario

Si reflexionamos sobre el acto de comunicación literaria podemos establecer diferentes tipos de relaciones entre los elementos que los conforman. Según sean estas, así nos encontraremos distintas disciplinas literarias que se encargarán de dilucidar algún aspecto concreto de dicha relación.
De este modo, si consideramos la relación que se establece entre el mensaje y el emisor, podemos concluir que esta será estudiada por la crítica biográfica, la crítica psicoanalista o la crítica historicista. Igualmente, de la relación que se entabla entre el mensaje y el receptor se encargarán la hermenéutica o la Teoría de la recepción.
No obstante, en todo proceso comunicativo existe un elemento excéntrico que puede determinarlo de manera importante: el ruido. En el sistema de la comunicación lingüística el ruido lo conforma todas aquellas alteraciones que puede sufrir el mensaje y que resultan ajenas a la voluntad del autor.
Un caso de ruido típico son las referencias culturales o construcciones lingüísticas que impiden al lector la correcta y completa comprensión del texto. Sin embargo, las que a priori más interesan al filólogo son aquellas alteraciones textuales que ha experimentado el texto como resultado de su transmisión. Consecuentemente la labor de este será la de intentar reconstruir el texto original con la mayor fidelidad. Para llevar a cabo esta labor se requiere del filólogo que tenga conocimientos lingüísticos amplios, que igualmente sea conocedor de la tradición histórica y cultural en la cual se asienta la obra y que maneje con rigor y soltura métodos de trabajo carentes de desviaciones subjetivas.
Con todo, no debemos pensar que la filología no ha evolucionado a lo largo del tiempo. En el Renacimiento la tarea del filólogo era la de aclarar el texto, atendiendo a los puntos oscuros que pudieran surgir en lo lingüístico, lo literario o lo cultural. Esto suponía que practicar la labor filológica implicaba tener la capacidad de manejar aspectos propios de la crítica literaria, de la teoría de la literatura y de la historia literaria. No obstante, estas primeras reconstrucciones resultaban en muchos casos intuitivas y era el capricho o gusto del reconstructor, lo que determinaba la elección entre múltiples variantes posibles. Habría que esperar hasta el siglo XIX para que Karl Lachmann estableciera su sistema conjetural, el cual propugnaba la búsqueda del arquetipo, si es necesario mediante el cotejo de los manuscritos, y recurrir a la enmendatio solo en el caso de que el cotejo no resultase convincente.
Hoy en día se considera necesario que el filólogo, además de reconstruir el texto de acuerdo a la voluntad del autor, estudie detalladamente las circunstancias culturales e históricas en la que se produjo la obra. Igualmente, debe realizar una interpretación lo menos subjetiva posible de la misma. Es lo que se conoce como filología hermenéutica.

La transmisión de los textos

La literatura, pese a ser en un principio oral y pese a que este sea su medio de expresión más natural, nos ha llegado en la mayoría de los casos mediante la lengua escrita. Así, entre las muestras literarias que conservamos, es posible distinguir, en primer lugar, entre las obras que nos han llegado en manuscritos y aquellas que se conservan mediante textos impresos (Resulta interesante, cabría decir que imprescindible, considerar seriamente la posibilidad de incluir en estos sistemas de transmisión uno nuevo, el constituido por los medios digitales. La cuestión es que estos nuevos sistemas de transmisión que sirven como base para una ciberliteratura o e-literatura están dando lugar a nuevos tipos textuales o hipertextuales que sería necesario catalogar críticamente, es decir, establecer de manera suficiente si estos productos forman parte de la Literatura o dan lugar a un nuevo producto cultural). Los manuscritos a su vez se dividen en textos autógrafos y textos apógrafos (escritos a mano pero no por la mano de su autor). Los manuscritos se escriben en folios que a su vez se agrupan en cuadernos y que así mismo se unen para formar códices (que pueden contener cuadernos de una misma temática o no). Un caso especial de manuscritos lo representan los palimpsestos, documentos que han sido borrados para volver a escribir sobre el mismo soporte otro texto.
Si tenemos en cuenta el camino por el cual nos llegan a nosotros los textos podemos distinguir entre una tradición directa, formada por todos los manuscritos o impresos que contienen la obra en cuestión, ya sea parcial o íntegramente, y una tradición indirecta, formada por las noticias o citas de las que se tienen conocimiento sobre esa obra. Entre las posibles fuentes de información indirecta tenemos la referencia, muchas veces textual, a fragmentos de la obra que encontramos en otros textos, las traducciones, los resúmenes y las prosificaciones medievales. A partir de esta tradición es posible incluso llegar a reconstruir con relativa precisión textos hoy perdidos. Es el caso de la reconstrucción hecha por don Ramón Menéndez Pidal de un presunto Cantar de los siete infantes de Lara a partir de las noticias que de él se da en las crónicas de la época.

Diferentes tipos de ediciones

Edición mecánica

Pretende reproducir, tal cual, el documento. Normalmente se basa en técnicas fotográficas que proporcionan una reproducción totalmente fiel del original. Estas obras se conocen de manera general con el nombre de ediciones facsimilares y hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, resulta relativamente sencillo poder consultarlas.

Edición facsimilar del Cantar de mio Cid.

Edición paleográfica

Este tipo de edición busca representar íntegramente las características gráficas, los signos, abreviaturas, etc. propias de un texto. En muchos casos se realizan ediciones paleográficas-interpretativas que manteniéndose fieles al texto deshace las abreviaturas o conjetura soluciones para el material perdido o ilegible con el ánimo de hacer el texto más comprensible.

Edición crítica

Se trata del núcleo de la crítica textual y en ellas se pretende reproducir del modo más correcto posible un texto cuya transmisión ha producido múltiples alteraciones y del cual se poseen testimonios en muchos casos divergentes. El objetivo de este tipo de ediciones es el de acercarse de manera fiable a la forma que el autor pretendió dar a su obra.
En la creación de este tipo de ediciones deben tenerse en cuenta las reglas propuestas por Lachmann y que lleva al cumplimiento de diversas fases:

  • Recensio. Recogida de todos los testimonio existentes que nos hayan llegado de la obra ya sea por medio de la tradición directa o indirecta.
  • Collatio. Examen interno de los datos recogidos en la recensio y su posterior cotejo.
  • Eliminatio. Supresión de aquellos testimonios que resultan ser copias de otros.
  • Creación del stemma. Se configura una árbol genealógico que informe de la relación y filiación de las diferentes variantes.
  • Enmendatio. Modificación de aquellos aspectos de la obra que resulten polémicos de acuerdo con la voluntad de su autor.

Edición anotada

Básicamente se tratan de ediciones críticas que suman a los presupuestos de este tipo de ediciones una serie de datos relacionados con el autor, el entorno cultural y el contexto lingüístico con el propósito de que ayuden al lector a comprender cabalmente la obra editada.



jueves, 11 de octubre de 2012

Cien mejor que uno



Llegué al libro de Surowiecki después de la lectura de Socionomía de Dolors Reig. Lo que tal vez buscaba en él era toda una serie de estrategias, sumamente agudas y perspicaces, que me ayudaran a comprender de qué modo actúan los grupos y, al tiempo, aprender qué hacer para que las actuaciones de los grupos resulten más inteligentes. Bien, pues me temo que ni lo uno ni lo otro. 
En buena medida creo que esto ha sido así porque he realizado una lectura muy superficial de la obra de James (seguro que no se lo merece). Ya se sabe, lo leí en la cama, en el parque mientras mi hija jugaba con sus amiguitas, en la oficina de empleo mientras aguardaba mi turno... En fin, de todas aquellas formas y maneras en las que uno no debe leer un libro si pretende enterarse medianamente de su contenido. Sin embargo, y asumiendo completamente la parte de culpa que me corresponde, creo que el propio libro tiene también alguna responsabilidad en todo esto.
Veamos. A mí me ha quedado bastante claro que el señor James considera que las decisiones que pueden llegar a tomar un grupo, pongamos que lo suficientemente numeroso, heterogéneo, independiente y descentralizado, tienen muchas probabilidades de mostrarse más inteligentes que las que puede tomar, por decir algo, un servidor. Esto será así, al menos, si nos enfrentamos a tres tipos de problemas concretos: problemas cognitivos, problemas de coordinación y problemas de cooperación. Los problemas pertenecientes al primer tipo son aquellos para los que es posible llegar a una solución definitiva, según explica el propio autor. Lógicamente estos serán los que se podrán resolver con mayor probabilidad de éxito (es difícil resolver un problema para el cual contamos con varias soluciones y sentirse plenamente satisfecho) y donde los grupos se muestran más inteligentes (obviamente porque su inteligencia es demostrable empíricamente). Los llamados problemas de coordinación son aquellos que pretender hallar el modo de coordinar el comportamiento de unos sujetos con respecto a otros de tal manera que todos ellos puedan hacer, básicamente, lo mismo al mismo tiempo. Estos problemas resultan, desde luego, más complejos y las multitudes tienen mayores dificultades a la hora de encontrar soluciones satisfactorias a los mismos (o por lo menos resulta más complejo determinar inequívocamente que la solución a la que llega la multitud es satisfactoria). Aún así, según este autor, las multitudes lo hacen, aunque sea en laboratorios o en aquellas circunstancias en las que pequeñas variables como el egoísmo, el instinto, la avaricia y otros múltiples factores intrínsecamente humanos carecen de importancia. Por último, en los problemas de cooperación, la dificultad estriba en que los sujetos dejen a parte sus egos y trabajen juntos para alcanzar un fin concreto de manera eficiente.
Dejemos a un lado que los problemas que plantea el autor son sustancialmente distintos. Dos de ellos son de tipo social y propios de los grupos mientras el otro es general. Obviemos también que en muchas ocasiones, cuando los grupos no se han mostrado inteligentes, han entrado en juego características individuales de los seres que los conforman pero que, paradójicamente, son tan comunes que bien podríamos calificarlas simplemente de humanas. Olvidemos la ideología neoliberal que se esconde tras la concepción del mercado.  No importa demasiado que el texto fuera escrito en el 2005 (que interesante sería hablar de las inteligencias de los mercados ahora, y que esclarecedores resultarían al respecto los asépticos experimentos de los profesores de Harvard). Todo esto resulta más bien confuso y sé que mi perspectiva se encuentra viciada por las circunstancias y mis personales opiniones. Lo peor de todo, lo que hace a este libro culpable de que yo no haya sido capaz de leerlo con la debida atención y respeto, es que está lleno de anécdotas, de un conjunto de casuística, en ocasiones vacua, que pretende demostrar ora que los grupos son muy listos, ora que los grupos son muy tontos y todo sobre el principio perogrullesco de que la gente es gente. 
No obstante, debo confesarme que soy bastante injusto. En esto alguna culpa tiene, como he dicho, la ideología. Y creo que hablando de estas cosas la ideología puede llegar a convertirse en una algo muy feo. 
El libro ciertamente propone una idea interesante. Las multitudes pueden ser inteligentes si se dan las circunstancias y es cuestión de procurar que esas circunstancias se cumplan. Es necesario ver un poco más allá de la presunta infalibilidad de los mercados y otorgarle una posibilidad a las multitudes en otros ámbitos, al menos en los que sea posible prescindir de las pasiones individuales, o en los que estas pasiones sean domesticables sin que ello suponga un menoscabo.

Los derivados nominales



La consideración que se hace aquí de la derivación es una consideración restrictiva. De este modo se entiende por derivación el proceso de formación de palabras mediante afijos.
Denominamos a su vez derivación nominal a aquella que nos permite derivar sustantivos a partir de otras categorías.
Es posible establecer dos grandes clasificaciones, según tengamos en cuenta la base de la que se obtienen los sustantivos o si nos fijamos en el significado de la nominalización.
Atendiendo al primer criterio tendremos:
  • Sustantivos deverbales. Son creados a partir de verbos.
  • Sustantivos denominales. Derivan de otros sustantivos.
  • Sustantivo deajetivales. Se forman a partir de adjetivos.

Teniendo en cuenta la significación de la nominalización tendremos como grupos más destacados:
  • Nombres de acción. Designan la acción expresada por un verbo y a menudo su efecto. Suelen ser sustantivos deverbales.
  • Nombres de cualidad. Expresan cualidades, estados y otras propiedades, inherentes o accidentales de las personas o cosas. Es habitual incluir dentro de este grupo a los sustantivos de cualidad o estatus, así como los de empleo o actividad. Suelen ser sustantivos deadjetivales.
  • Nombres de agente. Expresan el agente de la acción.
  • Nombres de instrumento. Indican instrumentos.
  • Nombres de lugar. Se refieren a lugares. Pueden formar estos últimos tres grupos tanto sustantivos deverbales como denominales.

A esta clasificación es preciso añadir alguna consideración de tipo semántico. Así, debemos recordar que resulta bastante habitual que los derivados se reinterpreten dando lugar a significados nuevos. De este modo es posible que se reinterpreten nombres de cualidad para expresar dichos y hechos (una osadía, una indecencia) o materias (una rareza).
En esta misma línea se debe tener presente que los límites que separan los diferentes grupos semánticos son débiles y no resulta extraño que un nombre que en un determinado contexto puede interpretarse como perteneciente a un determinado grupo en otro, se catalogue como perteneciente a un grupo distinto. 

Por último, es preciso recordar que desde una perspectiva sincrónica (la que se seguirá aquí si no se expresa lo contrario) se deben evitar las bases opacas y preferir las variante alternante. Esto también implica que en el análisis morfológico de las voces derivadas tendremos en cuenta la percepción del hablante antes que la etimología.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Verbos irregulares. Verbos defectivos



Se llaman verbos defectivos a aquellos que presentan una conjugación incompleta, es decir, los que constituyen paradigmas que carecen de algunas formas flexivas.

Defectividad por motivos semánticos y sintácticos

Pertenecen a este tipo de verbos los referidos a fenómenos de la naturaleza (amanecer, llover, nevar..). También son verbos defectivos por motivos semánticos y sintácticos los verbos terciopersonales acaecer, acontecer, atañer, competer, concernir, holgar, obstar, ocurrir, urgir...
Los verbos soler y acontecer se emplean en perífrasis de infinitivo con sentido imperfectivo, por eso solo se conjugan en presente de indicativo, presente de subjuntivo, pretérito imperfecto de indicativo y pretérito perfecto compuesto.

Defectividad por motivos morfofonológicos

Ciertos verbos de la tercera conjugación (arrecir, aterir, descolorir o embaír) solo se usan en la forma flexiva que presentan la vocal temática -i-. El verbo abolir, que tradicionalmente se consideraba defectivo, se usa actualmente en todas sus formas.

Defectividad por motivos léxicos

Hay una serie de verbos que actualmente han caído en desuso (buír, colorir, despavorir y fallir) pero cuyos participios, no obstante, se han adjetivado y se siguen utilizando (buído, colorido, despavorido, fallido).

Verbos irregulares. Verbos de conjugación especial



El verbo haber

El verbo haber es el encargado de construir los verbos compuestos y las perífrasis verbales de necesidad y de obligación (haber de + infinitivo/haber que + infinitivo). También funciona como verbo terciopersonal (2) en las construcciones impersonales. 
Por su parte la semivocal de la forma hay se considera una variante enclítica del adverbio demostrativo y (allí) que se vincula también a otras formas verbales como soy, estoy, doy y voy
El verbo haber cuenta así mismo con pretérito fuerte (hube, hubiste, hubo, hubimos...)

Raíces verbales supletivas

Hablamos de suplencia cuando una palabra cuenta con dos bases léxicas distintas que se alternan. Dentro de los verbos contamos con un número reducido que sufren este fenómeno como herencia latina.

El verbo ser presenta una serie de raíces alternantes. s- en soy, somos, soís, son, sé o sido; es- o e- en es; er- en el imperfecto; fu- en las formas del tema de pretérito (pretérito perfecto simple de indicativo, pretérito imperfecto de subjuntivo, futuro de subjuntivo); se- en las formas de tema de futuro.

El verbo ir cuenta con tres raíces: i- para todos los tiempos del tema de futuro, las formas no personales del tema de pretérito, el imperfecto de indicativo y el imperativo de plural id; v- para el resto de las formas del  tema de presente (presente de indicativo, presente de subjuntivo y las formas del imperativo ve y vayan); fu- en el resto de las formas del pretérito (perfecto simple, imperfecto de subjuntivo, futuro de subjuntivo).

El verbo dar, pese a pertenecer a la primera conjugación, se conjuga de acuerdo al paradigma de la segunda y tercera en las formas del tema de perfecto.

La Edad Media en la Península Ibérica



Etapas históricas


El reino visigodo

Entre los pueblos que se asentaron en la Península Ibérica tras la caída del Imperio romano destacará el de los Visigodos. Se trata del pueblo más romanizado de todos los que cruzaron los Pirinéos y no tardará en desplazar a los otros (suevos, vándalos, alanos). 
Muy pronto los visigodos se mezclarán con los hispanorromanos adoptando su lengua (la cual conocían en parte) y convirtiéndose al cristianismo. Durante el III concilio de Toledo, en el año 589, Recaredo, y todos sus nobles, abandonará la fe arriana para ingresar en el seno del cristianismo.
Para Menéndez Pidal (Los godos y la epopeya española) la cultura visigodo tendría un peso determinante en la configuración de la literatura hispana. 
Otros autores consideran, sin embargo, que el posible influjo de estos pueblos sería, más bien, limitado
. (Sobre el origen de la épica castellana)

La España musulmana

Será la enconada lucha entre Ágila, hijo de Witiza, y Rodericus, la que abrirá las puertas de la Península a las tropas musulmanas en el año 711. Los partidarios del primero de los contendientes solicitarán la colaboración de los árabes y estos, tras derrotar a don Rodrigo en la batalla de Guadalete, se quedarán en el territorio conquistado vinculándolo política y administrativamente al califato de Damasco.
Sin embargo, tan solo cuarenta y cinco años después, en el 756, Abd-al-Rahmán I romperá toda relación con el califato proclamando Al-Ándalus emirato independiente. Casi dos siglos después, en el 929, Abd-al-Rahmán III convertiría a Al-Ándalus en califato con lo que se rompía cualquier relación, tanto política como religiosa, con oriente.
Tras el esplendor del califato y el poderío militar demostrado por Almanzor en el siglo X, vendrá un periodo caracterizado por la desintegración de Al-Ándalus en los llamados reinos de taifas. Desde este momento, y pese a las invasiones almorávides y almohades, el juego de poder establecido entre musulmanes y cristianos en el tablero de la Península se decantó, definitiva pero lentamente, a favor de estos últimos.

La España cristiana

Los pueblos cristianos que lograron sobrevivir con relativa independencia a la invasión árabe, sintieron como una verdadera necesidad la recuperación de los territorios perdidos. Esta pulsión será la que funcionará, en última instancia, como catalizador de un proyecto de reconquista y restitución que tardaría casi ocho siglos en llevarse a cabo plenamente. Como es obvio, un proceso de esta magnitud en lo temporal hubo de resultar tremendamente complejo.
Los cristianos avanzaron con relativa facilidad en la meseta central, alcanzando el Duero y su cuenca en apenas cincuenta años, mientras que Zaragoza permanecerá en manos musulmanas hasta 1118 y Valencia hasta 1238, dos años antes había sido tomada Córdoba.
Se trata, por lo tanto, de un proceso irregular, pero que sin duda recibirá su mayor impulso en los siglos XII y XIII, coincidiendo con el desarrollo económico y cultural de toda Europa. En la primera mitad del siglo XIII las campañas del Fernando III de Castilla le llevan a Córdoba y Sevilla, mientras que Jaime I de Aragón conquista Valencia y las Baleares quedando las posesiones musulmanas reducidas al reino de Granada y al de Niebla, que sería tomado por Alfonso XI a finales del siglo siguiente.
El afán expansionista de los reinos cristianos no se limitará, sin embargo, al territorio peninsular. A lo largo del siglo XIII la corona de Aragón se expandirá por el Mediterráneo.
El siglo XIV supondrá un freno en la política expansionista de estos reinos, y lo será por diferentes motivos. En primer lugar los reinos cristianos de la Península, como los del resto de Europa, sufrirán las consecuencias de la propagación de la peste negra. La población se verá fuertemente diezmada y esto repercutirá en el desarrollo económico de los reinos.
Castilla, por su lado, viviría sus propios conflictos internos, como las minorías de Alfonso XI y Fernando IV y varias guerras civiles.
El siglo terminará con las primeras revueltas antijudaicas (1391) tanto en la corona de Castilla como en la de Aragón.

Conglomerado racial y cultural

La situación política por la que pasará la Península Ibérica durante la Edad Media facilitará que en su territorio confluyan diferentes grupos sociales.
La invasión de los musulmanes supondrá el surgimiento de Al-Ándalus, un territorio en el que necesariamente habrían de convivir una base de población hispanogoda con los recién llegados musulmanes. Entre los primeros se dará una lenta pero progresiva división. Por un lado estarían los muladíes, hispanogodos que se islamizaron incorporándose al mundo musulmán. Por otro estaban los mozárabes, que mantuvieron su lengua, su religión y sus tradiciones.
A medida que la Reconquista avanzaba fue dándose en las tierras cristianas la situación inversa. En ciertos territorios permanecieron algunas bolsas de población musulmana cuyos miembros reciben el nombre de mudéjares. Estos colectivos se dedicaban principalmente al cultivo de la tierra y dejaron un importante legado en las artes decorativas.
A estos grupos hay que añadir a los judíos. Presentes en la Península desde hacía bastante tiempo se especializaron en el campo de la industria y el comercio. La convivencia con este grupo fue pacífica, aunque no exenta de tensiones, durante un largo periodo de la Edad Media, pero a finales del siglo XIV, como hemos visto, comenzarán una serie de persecuciones religiosas que culminarán con su expulsión de los mismos en el año 1492.
Otro grupo poblacional de relativa importancia será el de los extranjeros. La necesidad de ocupar efectivamente las tierras ocupadas obligará a los reyes cristianos a desarrollar continuas campañas para atraer a los territorios recién conquistados población extranjera. A estos grupos se les denominó genéricamente como francos y a través de ellos llegaron a los territorios cristianos buena parte de las modas y de la cultura imperante en el resto de Europa.

Marco social

La Península medieval era esencialmente agrícola. El sistema de explotación de las tierras estaba completamente ligado a la estructura social del poder. Normalmente las tierras estaban en manos de un gran señor, seglar o eclesiástico, que explotaba las tierras añejas a su residencia con el concurso de los campesinos; colonos, libres o siervos. El colono trabajaba la tierra con la obligación de entregar al señor una parte de su cosecha o trabajar ciertos días en las tierras exclusivas de este. No obstante, la peculiar situación política de la Península, imposibilitó que en su territorio se instaurase plenamente el sistema feudal. La Reconquista y la necesidad de los grandes señores y de los reyes de ocupar las tierras recién ocupadas, propiciaron que se ofrecieran condiciones ventajosas a aquellos campesinos dispuestos a establecerse en la Extremadura. De este modo, las tierras tomadas a los musulmanes sirvieron como una excelente válvula de escape al excedente poblacional de los reinos del norte al tiempo que mejoraba las condiciones de vida de los campesinos. Esta situación cambiará a lo largo del siglo XIV, al estancarse la Reconquista.
Otro sector económico de creciente importancia a lo largo de la Edad Media será la ganadería. Esta, en manos de los grandes señores, pronto entrará en conflicto con los intereses de los agricultores. La creación de la Mesta en 1273 proporcionará a los ganaderos indudables ventajas sobre los pequeños propietarios limitando el desarrollo económico de los reinos.

Los grupos sociales mayoritarios

A grandes rasgos la población medieval de la Península Ibérica se podía agrupar en cuatro grandes grupos: clero, nobleza, monarquía y pueblo llano. Si agrupamos la monarquía y la nobleza tendremos la concepción triestamentalista de la sociedad medieval aceptada generalmente: oratores, bellatores et laboratores.

El clero

El poder del clero en una sociedad caracterizada por su teocentrísmo puede resultar obvia, pero no debe cometerse el anacronismo de creer que el poder de este sector estaba únicamente limitado a su labor de intercesores divinos. El clero contaba, además de su indudable poder religioso, con un poder económico e incluso militar muy, pero que muy terrenal. Además, el clero unirá a estos el poder cultural, pues tras la caída del Imperio romano y la expansión árabe, los monasterios se convirtieron en los únicos centros culturales de la época, adoptando el papel de guardianes y difusores (no siempre imparciales) del saber.
En los territorios peninsulares la iglesia servirá para poner en contacto el conocimiento procedente de la cultura clásica y oriental, que está en manos de los musulmanes, con el mundo cultural del occidente cristiano. Así mismo propiciará el contacto con la cultura existente en el resto de Europa (especialmente Francia) y su participación será crucial en el nacimiento de las primeras universidades. Recordemos al respecto que el auge en el siglo XII de las escuelas catedraliceas constituirá la primera piedra en la construcción de los denominados studium generale, antecedente directo de las universidades modernas. En los reinos cristianos el desarrollo de estos centros llegará con cierto retraso y no será hasta 1212 cuando Alfonso VIII funde en Palencia el primer estudio general de la Península.
También en el siglo XIV la Iglesia dará un paso importantísimo en la consolidación de las lengua romances. El IV concilio de Letran en 1215 apoya las predicaciones en lengua vulgar.

La nobleza

La nobleza contará con el poder militar y político, al que cabría añadir el económico por los evidentes beneficios derivados de su situación de poder en los otros dos ámbitos. Generalmente el señor feudal establecía una serie de pactos con los colonos que ocupaban su tierra ofreciéndoles su protección a cambio de trabajo y bienes de consumo. No obstante, este sistema, que en esencia podría asimilarse al sistema feudal, en la Península implicaba mayores dosis de libertad para los colonos tal y como hemos señalado más arriba. Igualmente, la situación política, propiciaba una movilidad social inaudita para la época. La baja nobleza, inmersa en las luchas contra los musulmanes, veían en estas una posibilidad de medre social al tiempo que sus éxitos justificaban sus pretensiones.

La monarquía

El poder de los reyes en esta época se encontrará supeditado a sus relaciones con los miembros de la nobleza y a las alianzas establecidas con ellos. Así, a lo largo de la Edad Media el poder efectivo de los reyes variará enormemente.
También a la monarquía se le deben grandes logros en lo cultural. Como hemos visto debemos a un rey la fundación de la primera universidad y en el ámbito de la lengua y la historiografía mucho es lo que se le debe a Alfonso X, apodado El Sabio.

El pueblo llano

Representa la clase más amplia de la población, la que cuenta con peores condiciones de vida y la que sustenta toda la pirámide social. Es la fuerza de trabajo y estaba constituida principalmente por agricultores, aunque en el siglo XIV don Juan Manuel distinguirá en su Libro de los estados entre labradores, mercaderes y ruanos.
Esta distinción resulta interesante pues evidencia que ya en el siglo XIV existía una nueva clase social que, al no ocupar las tierras de ningún señor, no mantenían ninguna obligación con él, esto los hacía más libres, posibilitándoles convertir a las ciudades en un centro de actividad económica, lo cual, como es obvio, les permitirá aumentar sus cotas de poder. Es el surgimiento de la burguesía.

martes, 9 de octubre de 2012

Verbos irregulares. Pretéritos fuertes y participios irregulares



Pretéritos fuertes

Algunos verbos cuentas con pretéritos perfectos simples con irregularidades vocálicas y consonánticas. Son paradigmas heredados generalmente del latín (con algunas excepciones como anduve o tuve) que se caracterizan porque la primera y tercera persona del singular de este tiempo poseen acento en la raíz. Estos pretéritos, denominados tradicionalmente como pretéritos fuertes frente al resto de verbos que cuentan con pretéritos débiles, se muestran igualmente irregulares en la desinencia: -o en la tercera persona de singular y -e en la primera persona del singular. En las demás formas de estos pretéritos el acento recae sobre la VT que es siempre -i- para la segunda persona del singular y primera y segunda del plural, pero es -ié- para la tercera del plural. Este último diptongo se reduce a -e- en conducir, decir, traer y sus derivados.
En muchos pretéritos fuertes, pero no en todos, se altera la vocal de la raíz que recibe el acento. 
Tienen perfecto fuerte los siguientes verbos y sus derivados. Se agrupan según sea la vocal de su raíz.
  • Vocal /a/: traer.
  • Vocal /i/: decir, hacer, querer, venir.
  • Vocal /u/: andar, caber, estar, haber, placer, poder, poner, saber, tener, verbos terminados en -ducir.

Participios irregulares

Los participios irregulares también son denominados participios fuertes y coinciden con los pretéritos en que suelen ser formas heredadas del latín y presentar el acento en la raíz. Es un paradigma limitado pero las características que presentan se trasladan también a sus derivados:

Abierto, absuelto, cubierto, dicho, escrito, hecho, muerto, puesto, roto, visto y vuelto.

En ciertos casos conviven dos formas del participio, una regular junto a otra irregular. En estos casos existen diferencias en la extensión y uso de una u otra forma. Esto sucede, entro otros verbos, con elegir, freír, imprimir, prender y proveer
Los participios irregulares (electo, frito, impreso...) suelen ser más frecuentes como modificadores nominales (un libro impreso en papel barato), así como atributos o complementos predicativos (las patatas están fritas). No obstante, en las formas compuestas se suelen imponer las formas regulares (los venezolanos han elegido un nuevo presidente).

Verbos irregulares. Verbos con irregularidades consonánticas




Fenómenos de epéntesis

Se llama epéntesis a la figura de dicción que consiste en añadir dentro de alguna palabra algún fonema inexistente en su etimología. Así, por ejemplo, se añade un /k/ en la primera persona del singular del presente de indicativo y en todo el subjuntivo de los verbos terminados en -ecer (no en mecer y remecer) según el modelo de agradecer. También ocurre esto e los verbos terminados en -ducir y lucir.
Se produce la epéntesis de /g/ en la primera persona del singular del presente de indicativo y en todo el presente de subjuntivo en una serie de verbos cuya raíz termina en -l (salir, valer), en -n (poner, tener, servir), en -s (asir) y en -i (oír). En algunos casos esta irregularidad concurre con alguna otra. Tal es el caso de los verbos tener y venir que sufren también la variación vocálica /i/~/ié/.
Los verbos vocálicos caer y traer, así como sus derivados, presentan epéntesis de /ig/ en las formas tónicas del tema de presente. 

Irregularidades que comprenden procesos de síncopa y epéntesis

La síncopa es la eliminación o supresión de uno o de varios fonemas en la posición media de una palabra. En los temas de futuro (futuro simple y condicional simple de indicativo) de ciertos verbos irregulares se produce la reducción de la VT. También se puede producir alguna alteración adicional en estas mismas formas. Esto sucede porque al desaparecer la VT el grupo consonántico resultante resulta inviable o extraño a la lengua. 
Así, en ciertos verbos se produce solamente la síncopa: saber (sabré), haber (habré), querer, poder y caber.
Otros producen una /d/ epentética: salir (saldré), tener (tendré), valer y venir.
Un último grupo realizan una síncopa adicional del último elemento consonántico de la raíz: hacer (haré), decir (diré).

Concurrencia de irregularidades consonánticas y vocálicas

El verbo hacer y el verbo decir dan lugar a la alternancia /θ/~/g/ en la primera persona de singular del presente de indicativo y en todo el presente de subjuntivo. En el verbo decir se produce además el cierre vocálico /e/~/i/ que se produce en todos los tiempos salvo que le siga una /í/ tónica.
Se produce alternancia /ab/~/ep/ en el presente de indicativo y subjuntivo del verbo caber (segunda opción) así como en el presente de subjuntivo del verbo saber.




lunes, 8 de octubre de 2012

Tiempos líquidos



Escribir algo con sentido y  pertinente es siempre una tarea compleja, pero esta se vuelve titánica y absurda si pretendemos hacerlo sobre una obra de Bauman. Sé (estúpido sería continuar engañándose a estas alturas) que mi capacidad es limitada y que lo que pueda llegar a comprender de las tesis de este buen hombre queda consecuentemente circunscrito a esa limitación. Apenas escucho el tañido de las campanas y no logro ubicarme pero, el tañido es tan ensordecedor...
Lo primero que me llama la atención de este libro (con los ecos de la lectura de Mundo consumo) es la facilidad con la que consigo trasladar las propuestas de sus páginas a la cotidianidad. Pongamos por caso la tesis de que los Estados-Nación han perdido el poder. No es necesario ser una lumbrera ni estrujarse demasiado las meninges para comprender que la actual situación por la que pasa nuestro país es un caso de manual de lo expuesto por Bauman. El Gobierno, con su falta de acción política, con la aceptación fatalista de las condiciones socio-económicas dictadas desde los marcos de poder global, no hace otra cosa que confirmar lo expuesto por el filósofo. En este sentido, creo que lo que los movimientos populares descentralizados que cada día se hacen oír más están pidiendo no es, en última instancia, que el Estado-Nación recupere esas cotas de poder. Esto se antoja imposible, pues los gobiernos han renunciado de facto y  complacientemente a hacerlo, además no está en sus manos. Lo que esas masas piden, ya que el gobierno al renunciar a sus responsabilidades se vuelve ilegítimo, es su propio empoderamiento. La asunción de los principios de la sociedad red, de la que habla Castells, por parte de los mencionados movimientos sociales, no es otra cosa que la toma de conciencia colectiva, espontánea y natural de las nuevas condiciones que rigen el mundo (incluida la toma de decisiones políticas). A todo ello el Estado-Nación responde con el miedo, disparando a la base misma de la condición humana.
El lento pero demoledor adoctrinamiento impuesto por el capitalismo (y su sistema de valores) ha logrado dinamitar los principios de solidaridad innatos al ser humano. El hombre ha ido conquistando con su esfuerzo de hormiguita su cubículo capitalista (esos espacios seguros de los que también habla Bauman). En él tiene su ficción de libertad y si se esfuerza pasará un invierno tranquilo. Pero es una hormiga solitaria y, consecuentemente asustadiza. Tiene miedo de convertirse en cigarra, de que la devoren las termitas, de que se derrumbe su magnífico hormiguero adosado... y el miedo es tan fácil de propalar y las termitas tan fáciles de exterminar si se emplea la fuerza necesaria...
Bueno, para que seguir si todo ya es conocido.