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martes, 11 de diciembre de 2012

Evolución de la novela en la generación de fin de siglo




Apuntes extraídos del libro de Pedraza y Rodríguez Cáceres Las épocas de la literatura española.

Epígonos de la novela realista-naturalista

Alejandro Sawa
La novela realista no presentará su acta de defunción ante el público lector en una fecha determinada. De hecho, aunque los presupuestos básicos de este tipo de textos hayan cambiado sustancialmente, sería atrevido considerar que el género ha muerto hoy en día. No obstante, en los últimos años del siglo XIX esta forma de novelar se encontraba agonizante. Debemos recordar que las nuevas generaciones de escritores, que no sólo eran poetas, sentían cierta repulsión por la literatura que se venía haciendo con anterioridad a su irrupción en el panorama artístico. La perpetuación de un modelo depauperado exigía la aceptación de algunas renovaciones. 
Una serie de autores continúan con cierto deleite la senda abierta por el Naturalismo. Escritores como Alejandro Sawa introdujeron en la novela temas eróticos que transcurrían en ambientes intencionalmente decadentes. Otros no sabrán superar un Realismo en declive y perpetuarán las formas y la ideología del mismo. Entre ellos cabe citar, tal vez para rescatarlos del ostracismo, a Ricardo León o a Concha Espina. Un tercer grupo, imbuido de los ideales regeneracionistas pero demasiado apegado al estilo realista, creará novelas en las que se ensayará una narrativa de testimonio y denuncia. Formarían parte de este grupo José López Pinillos y Ciro Bayo.
Mención a parte merece Vicente Blasco Ibáñez. Escritor de enorme éxito, partirá del folletín para recalar en la novela social (La bodega), la novela psicológica (Sangre y arena) y la novela de aventuras (El Papa del mar). Pero sin duda, donde destacará, y por lo que será recordado, será por sus novelas de ambiente valenciano.
En otro orden de cosas, Felipe Trigo será uno de los más acabados representantes de la novela erótica. En Jarrapellejos (1914) adoptará una actitud combativa en defensa de la libertad sexual. 

 Una nueva forma de novelar

Los autores más representativos de la generación finisecular alejarán decididamente la novela de los presupuestos decimonónicos del género. La novela ganará en lirismo al tiempo que se torna más subjetiva e impresionista. La preocupación por la representación mimética de la realidad irá decreciendo y los autores se concentrarán en explorar el mundo interior de los personajes.
Ganará fuerza la expresión de los sentimientos y el desarrollo coherente del argumento perderá protagonismo dejando espacio para la introducción de divagaciones intelectuales. El paisaje se convertirá en símbolo y el narrador irá cediendo progresivamente la voz a los personajes. 
La prosa se volverá mucho más ligera, reduciendo los periodos y predominando la yuxtaposición en detrimento de la coordinación y la subordinación.

La novela regeneracionista

En las novelas también entrarán las ideas regeneracionistas que de manera general se encontraban en el ambiente de la España finisecular. Predominarán en estos textos las disquisiciones y los excursos de carácter ideológico, lo que provoca la endeblez de la estructura. En estos escritos la línea que separa la novela del ensayo se vuelve difusa, tal y como ocurre con las obras de Ángel Ganivet (La conquista del reino Maya por el último conquistador español Pío Cid) o de Silverio Lanza (La rendición de Santiago).

La nívola unamuniana

La novela le proporciona a Miguel de Unamuno la libertad adecuada para plasmar sus reflexiones sobre la vida y la muerte. Consciente de la novedad de sus producciones, Unamuno, acuñará el término nivola para referirse a esta nueva manera de novelar que empezará a practicar en Amor y pedagogía (1902) y que encontraremos plenamente desarrollada ya en Niebla (1914).
Aunará filosofía y novela para crear un medio óptimo para indagar en la condición humana. La acción se concentra, se prescinde de la pintura del entorno y se anulan las referencias geográficas e incluso temporales. El texto se centrará en los conflictos existenciales de los personajes y el tiempo de su conciencia, el tiempo interno del vivir de los personajes, sustituirá al tiempo externo. El lector accede a este mundo interior plagado de conflictos personales gracias al monodiálogo. Será el protagonista, en su continuo diálogar consigo mismo, el que nos permitará acceder a su subjetividad cargada de lirismo.
En los últimos años de su existencia Unamuno llevaría a la novela sus particulares obsesiones religiosas. En San Manuel Bueno, martir (1931), Unamuno presentará la trágica contradicción entre la voluntad de creer y la imposibilidad de alcanzar la fe.

La novela impresionista

Pío Baroja romperá con los moldes del género al proponer una novela compuesta de cuadros sueltos que se aglutinan gracias a la presencia de un personaje protagonista. En sus obras se presentan fragmentos de vida en los cuales el autor ha seleccionado con técnica impresionista los detalles más relevantes.
Partirá Baroja de la observación de la realidad, pero resultarán más importantes las sensaciones y las reflexiones que esa percepción suscita. En no pocas ocasiones el novelista se vale de un alter ego para dar entrada en la narración a sus inquietudes, recuerdos o reflexiones. Tal es el caso del Andres Hurtado de El árbol de la ciencia (1911) o del Fernando Ossorio de Camino de perfección (1902).
Sus héroes son antisociales, ejemplificando de manera magnífica el desencanto del mundo o  el culto a la libertad. Baroja no los describirá atendiendo a su perfil psicológico. Preferirá mostrarlos en acción, deambulando de un lugar a otro, para que de este modo seamos capaces de descubrir su personalidad a través de sus actos.
El estilo de Baroja es directo y expresivo, primando la claridad por encima de cualquier artificio retórico.
Dentro de su producción es posible reconocer cierta variedad. Así encontraremos obras que representan a la perfección la novela regeneracionista como Camino de perfección o El árbol de la ciencia, pero también nos será dado descubrir obras de talante picaresco (La busca), decadentista (El mayorazgo de Labraz), aventurero (Zalacaín el aventurero) o político (Cesar o nada).
Junto a Baroja, Azorín será el otro gran representante de la novela impresionista. Para este autor resulta indispensable observar con atención la realidad, pero el propósito de esta mirada atenta no será, como en los realistas, la reconstrucción fidedigna de la misma, sino recoger sólo aquellos detalles que resulten sustancialmente significativos. El resultado será un relato de estructura fragmentaria y discontinua que por momentos da más la sensación de borrador que de obra acabada.
Las disgresiones y descripciones interrumpen constantemente la escasa acción de las novelas de Azorín. El diálogo adopta la forma de largos monólogos yuxtapuestos en los que el autor otorga a sus personajes patente de corso para exponer sus ideas. Entre estas ocuparán un lugar destacado aquellos temas que preocupan más hondamente a Azorín: la meditación sobre la existencia, la muerte, el paso del tiempo, la disolución de la voluntad, la descripción de los pueblos españoles...
Son textos cargados de un profundo lirismo, que participan de una prosa concisa pero al mismo tiempo cargada de recursos expresivos y rítmicos tan propios de toda la prosa impresionista.
El punto culminante de su novela lo alcanzará Azorín con la trilogía autobiográfica de su primera etapa (La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo). Más tarde se ocupará de algunos mitos literarios en Tomás Rueda y Don Juan para intentar, con la llegada de las Vanguardias, obras experimentales (El caballero inactual).

Del decadentismo al expresionismo

Partirá Valle-Inclán del decadentismo modernista para dejar muestra en sus Sonatas de una impecable prosa impresionista. Predomina el esteticismo y la sensualidad a la hora de describir los espacios por los que se maneja el marqués de Bradomín, y no es descartable la herencia parnasiana en el tratamiento de los ornamentos. También cabría incluir en esta estética plenamente modernista los cuentos agrupados en Féminas, Seis historias amorosas y El jardín umbrío.
La trilogía de La guerra carlista desempeñará un papel capital en la evolución del literato gallego. En estas novelas se mezclarán personajes reales y ficticios sobre un trasfondo histórico. Pero se ocupará Valle de la pequeña historia, de los acontecimientos nimios que se esconden tras la grandilocuente epopeya de la guerra civil. La necesidad de referir una guerra hace que el autor renuncie al refinamiento esteticista de las Sonatas. La prosa se vuelve bronca y en ocasiones desgarrada.
El esperpento en la novela culminará con Tirano Banderas, espeluznante retrato grotesco de una dictadura hispanoamericana. La crueldad del régimen dictatorial es puesto ante los ojos del lector con despiadada crueldad, utilizando con profusión las hipérboles macabras.
El proceso de evolución se dará por terminado con El ruedo ibérico. Se trata de un ambicioso proyecto que pretendía dar una visión grotesca y paródica de la España de Isabel II. En los tres libros que se llegaron a publicar de este ciclo (La corte de los milagros, Viva mi dueño y Baza de espadas) se presentan una serie de brevísimos cuadros. Son en su mayoría escenas ridículas que utilizan la técnica impresionista al servicio de la sátira corrosiva. 

Derivación adjetival y derivación verbal


Otros sufijos adjetivales

Agrupamos aquí una serie de derivados adjetivales que pueden comportarse como adjetivos relacionales o como adjetivos calificativos.

Los sufijos -oide, -esco / -esca, -il, -izo / -iza, -uno / -una

El sufijo -oide es muy frecuente en el lenguaje científico para construir adjetivos con bases nominales que admiten la paráfrasis 'que se parece a N' (esferoide, romboide). En la lengua común se utilizan cada vez con mayor frecuencia (fascistoide, infantiloide), añadiendo un matiz despectivo.
El sufijo -esco / -esca da lugar tanto a adjetivos relacionales (juglaresca) como calificativos (quijotesco).
Por su parte -il forma adjetivos calificativos y relacionales especialmente a partir de nombres de persona (infantil, juvenil) que en ciertas ocasiones pueden tener carácter despectivo (borreguil, monjil).
El sufijo -izo / -iza comparte con -dizo / -diza su significación: 'propensión o tendencia'. Suele crear adjetivos denominales (calizo, cobrizo).
Por último, el sufijo -uno / -una alternan el uso calificativo con el relacional. En el primer caso su paráfrasis sería aproximadamente 'semejante a N' y suelen ser despectivos (hombruna, frailuno). Cuando son relacionales expresan la pertenencia a un grupo o a una clase (cebruno, conejuno). 

Sufijos adjetivales de uso más restringido

Menos frecuentes, y de uso en contextos más restringidos, son -iego / -iega (mujeriego), -icio / -icia (alimenticia), -'eo / -'ea (arbórea), -áceo / -ácea (gallináceo) y -áneo / -ánea o -íneo / -ínea (rectilínea, cutáneo).
Recordemos, para finalizar con la derivación adjetival, que muchos participios se pueden usar como adjetivos en determinados contextos.

Derivación adverbial

El sufijo -mente

Se trata de un sufijo de origen latino que ha resultado especialmente productivo en la construcción de adverbios. Pese a que se le considere un sufijo con el significado aproximado de 'de manera' parece mantener una serie de rasgos que lo acercan a los elementos compositivos.
La base a la que se suma el sufijo -mente mantiene su acento secundario. Igualmente, cuando el adverbio en -mente está cuantificado, el cuantificador se agrupa semánticamente con el adjetivo y deja fuera al segmento -mente (muy lentamente = 'de manera muy lenta'). Parece existir también cierta concordancia entre el género del adjetivo que funciona como base, siempre femenino, y el del género del sustantivo hasta el cual es posible remontar el origen del sufijo: mente. Por último, el sufijo se elide en la coordinación.
De manera general los adverbios en -mente utilizan como base adjetivos calificativos, aunque no todos los adjetivos calificativos admiten este sufijo. No lo admiten los adjetivos de color, algunos que expresan grado como enorme, estrecho o largo. Son menos proclives aquellos adjetivos que denotan estados episódicos. Los adjetivos en -ble solo aceptan -mente cuando en ellos no es posible desligar -ble de la base, es decir, cuando no son adjetivos derivados. Tampoco admiten este sufijo aquellos adjetivos que contienen sufijos de grado extremo o los participios pasivos.


Derivación adjetival: sufijos de sentido activo y sentido pasivo



Una serie de derivados adjetivales cuentan con un claro sentido pasivo o activo independientemente de la naturaleza relacional o calificativa de los mismos. En esta entrada estudiaremos los principales sufijos que colaboran en la formación de estos derivados.

El sufijo -dor / -dora

Se suelen formar sobre bases verbales de las tres conjugaciones a diferencia de los sustantivos denominales que emplean este mismo sufijo (cegador, acogedor, aturdidor). Este sufijo presenta algunas variantes: -sitor / -sitora con verbos terminados en -poner (compositor), -tor / -tora con verbos terminados en -venir y -ducir (conductor). 
Estos adjetivos tienen una interpretación activa y pueden parafrasearse como 'que V'.

El sufijo -nte

Un gran número de adjetivos se forman con este sufijo manteniendo la terminación de los antiguos participios de presente. Presenta tres variantes: -ante, -ente y -iente (abundante, convincente, complaciente). La variante -ante es bastante común entre los verbos de la primera conjugación, mientras no existe una distribución fija para las otras dos variantes. Por su parte, el sufijo -nte se utiliza sobre los temas verbales de pretérito, característicos del gerundio (durmiente).
Un análisis sincrónico establece bases supletivas por haplología en ciertos derivados (obedecer>obediente, permanecer>permanente).
Los adjetivos creados con el sufijo -nte construyen con "de" el modificador preposicional que se corresponde con el complemento directo de la base (ignorante de la realidad / ignorar la realidad). Igualmente, conservan la preposición correspondiente al complemento preposicional que selecciona el verbo base (proveniente de otro lugar / provenir de; consistente en una jugosa suma  / consistir en).
Estos derivados suelen expresar alguna propiedad inherente de algo o de alguien.

El sufijo -ble

En su interpretación más productiva el sufijo -ble da lugar a adjetivos de sentido pasivo y modal. Suelen admitir la paráfrasis 'que puede ser V (participio)'. Por norma general, se suelen construir estos adjetivos sobre temas de participio manteniendo la vocal temática -a- para los verbos de la primera conjugación e -i- para la segunda y tercera (transportable, reducible, temible).
En ciertos casos presentan bases supletivas (reductible, visible, factible) que pueden dar lugar a dobletes que , en ocasiones, pueden diferenciarse por leves matices (legible / leíble).
Por otro lado, suelen ser frecuentes los adjetivos terminados en  -ble que admiten la prefijación negativa (invencible).
Es posible diferenciar dos grupos morfológicos de adjetivos derivados en -ble:

  1. Aquellos que se consideran formas derivadas desde el punto de vista sincrónico. Estos suelen mostrar comportamientos sintácticos que los vinculan al verbo transitivo que les sirve como base. Así, pueden ser modificados por adverbios en -mente, lo que no ocurre con los miembros del segundo grupo (fácilmente evitable / *fácilmente amable). También suelen admitir otros complementos como los circunstanciales de lugar o de modo, así como complementos agentivos encabezados por la preposición "por" (transportable en un vehículo; lavable con mucho cuidado; sobornables por cualquiera). Igualmente, los adjetivos de este grupo suelen rechazar el sufijo -ísimo (*transportabilísimo), mientras que los del grupo segundo parecen aceptarlo con naturalidad (amabilísimo). 
  2. Forman parte de este grupo aquellos adjetivos que no se consideran palabras derivadas desde un punto de vista sincrónico. Estos adjetivos no admiten las paráfrasis pasivas del tipo 'que puede ser + participio' (amable ≠ 'que puede ser amado'). No obstante, en determinadas ocasiones, algunos de los verbos de este grupo pueden pasar a formar parte del primero siempre y cuando su base se corresponda con la de un verbo que existe en el español actual (viaje improbable = 'que posiblemente no tendrá lugar' / es una afirmación absolutamente improbable = 'que no puede ser probada'). Estos adjetivos suelen admitir la derivación de sustantivos (afable>afabilidad, amable>amabilidad), aspecto que en el primer grupo solo ocurre de manera ocasional sin que deje de sentirse como algo forzado (la transportabilidad de los materiales).

La base verbal de un pequeño número de adjetivos derivados en -ble es un verbo intransitivo que puede ser o no pronominal. (agradable = 'que agrada'). Como es lógico no admiten paráfrasis con formas pasivas.
Existen también un pequeño grupo de adjetivos denominales (favor>favorable, salud>saludable).

Los sufijos -dero / -dera y -dizo / -diza

Los sufijos -dero / -dera tienen sentido pasivo y hoy en día se encuentra en franco retroceso ante la aparición de los adjetivos derivados en -ble (pagadero hacedero deben luchar con los más frecuentes pagable y factible).
Los sufijos -dizo / -diza pueden parafrasearse mediante verbos pronominales o a través de fórmulas que muestran el sentido pasivo que les suele corresponder (arma arrojadiza = 'que puede ser arrojada').
Estos adjetivos se forman sobre temas de infinitivo, lo que les permite diferenciar la vocal temática de cada conjugación (resbaladizo, movediza, huidizo).
Este sufijo suele expresar `propensión o tendencia' y se suelen combinar con verbos pronominales que denotan cambio.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Derivación adjetival: adjetivos de relación



Propiedades de los adjetivos gentilicios y derivados de antropónimos

Los sustantivos que designan lugares pueden ser tanto propios como comunes. Los primeros reciben el nombre de topónimos y dan lugar a adjetivos que se denominan gentilicios, aunque en determinadas circunstancias pueden comportarse también como sustantivos (El abogado español / Los españoles son gente honrada). Suelen admitir, cuando funcionan como adjetivo, la paráfrasis 'natural de N' o 'relativo o perteneciente a N', propia de todos los adjetivos de relación.
Los sufijos más frecuentes que contribuyen a la creación de esta clase de adjetivos son:

SUFIJO
SUSTANTIVO
ADJETIVO
-aco / -aca
Austria
Austriaco / Austriaca
-ano / -ana
Australia
Australiano / Australiana
-ata
Kenia
Keniata
-eco / -eca
Guatemala
Guatemalteco / Guatemalteca
-ego / -ega
La Mancha
Manchego / Manchega
-eno / -ena
Chile
Chileno / Chilena
-ense
Buenos Aires
Bonaerense
-eño / -eña
Lima
Limeño / Limeña
-eo / -ea
Europa
Europeo / Europea
-ero / -era
Habana
Habanero / Habanera
-és / -esa
A Coruña
Coruñés / Coruñesa
-eta
Lisboa
Lisboeta
Irán
Iraní
-ín / -ina
Mallorca
Mallorquín / Mallorquina
-ino / -ina
Granada
Granadino / Granadina
-ita
Israel
Israelita
-o /-a
Rusia
Ruso / Rusa
-ol / -ola
España
Español / Española

Estos mismo sufijos suelen formar también adjetivos derivados de antropónimos, sean estos nombres o apellidos. Recordemos que los apellidos creados a partir de nombres de pila reciben la calificación de patronímicos.
No existe la posibilidad de prever que sufijo se empleará para la creación de un gentilicio concreto. En no pocas ocasiones un mismo topónimo recibe más de un gentilicio y en ciertos casos ciudades con el mismo nombre emplean gentilicios distintos (gualdalajareño [España] / guadalajarense [México]).
Tampoco resulta extraño que muchos gentilicios se formen sobre bases supletivas que en la mayoría de los casos provienen de las antiguas denominaciones latinas o griegas del lugar (Lugo>lucense<Lucus Augusta).

Algunos sufijos característicos de los adjetivos gentilicios y derivados de antropónimos

El sufijo -ano / -ana se muestra especialmente productivo en la creación de adjetivos sobre la base de topónimos (murciano, bogotano). Igualmente, crea adjetivos sobre sustantivos comunes de lugar (aldeano) o ciertos adverbios (cercano, lejano). 
También se emplea este sufijo para crear adjetivos sobre nombres propios de persona (virgiliano) o apellidos (luterano). El sufijo cuenta con una variante -iano /-iana (lorquiano, freudiano) que no debe confundirse con aquellos casos en los que la vocal "i" forma parte de la base léxica (veneciano).
También resulta muy productivo el sufijo -ino / -ina, tanto en la construcción de adjetivos gentilicios (bilbaino, neoyorkino) o sobre antropónimos (gongoríno, cervantino). 
En ciertas ocasiones puede dar lugar a adjetivos calificativos que pueden parafrasearse como 'semejante a N o que posee las características de N' (cristalino). No obstante, cuando da lugar a adjetivos de relación da lugar a la interpretación clásica de 'relativo o perteneciente a N'.
Es habitual que se utilice este sufijo para crear adjetivos relacionales sobre nombres de especie animal (bovino, ovino), aunque es posible que sean utilizados, en determinadas circunstancias, como adjetivos calificativos (mansedumbre bovina).
Los sufijos -ense (variante -iense), -és / -esa y -eño / -eña son también muy frecuentes en la creación de adjetivos gentilicios. Tanto -es / -esa como -eño / -eña son utilizados frecuentemente para crear adjetivos sobre sustantivos de lugar (lugareño, burgués).  
El sufijo -eco / -eca que crea un gran número de adjetivos gentilicios en América (yucateca, zacateca, guatemalteco) no debe confundirse con el sufijo -eco / -eca que designa defectos. El primero es de origen precolombino (náhualt) y el segundo es de origen romance.
Ciertos adjetivos y sustantivos de carácter gentilicio son el resultado de formaciones regresivas (19). Tal es el caso de andaluz, inglés o alemán.

Otros sufijos que forman adjetivos de relación

Los sufijos -ar y -al se combinan con bases sustantivas para generar adjetivos relacionales (primaveral, militar): La elección entre uno u otro responde a un principio de disimilación. De manera general se selecciona -ar en aquellos casos en los que en la base se encuentra una "l" y -al cuando la base cuenta con un "r". Cuando en una misma base coinciden las dos consonantes suele tenerse en consideración la más cercana al sufijo (larva>larval) y en el caso de que no aparezca ninguna de las dos resulta más frecuente el sufijo -al, que cuenta con la variante -ial (facial).
En los adjetivos creados con estos sufijos es muy frecuente el empleo de bases supletivas de origen latino (legal, fluvial). También, dado su relativo auge en los últimos tiempos debido al influjo del inglés, se han generado dobletes (preferencial / preferente) que no siempre resultan equivalentes (emocional / emotivo).
Los adjetivos formados con los sufijos -orio / -oria y sus variantes -torio / -toria y -sorio / -soria suelen formarse a partir de verbos de la primera conjugación (clasificatorio, vejatoria). Unos pocos de los formados con -sorio / -soria, y menos con -torio / -toria, eligen verbos de la segunda y tercera conjugación (persuasorio, divisorio, suspensorio, definitorio). Muy pocos provienen de sustantivos (ilusorio, meritoria, previsorio).
Los sufijos -ario / -aria suelen formar adjetivos a partir de bases nominales (arancelario, universitaria, sacramentario). En no pocas ocasiones se utilizan bases supletivas (portuario, culinario) o las bases sufren una alteración cuando entran en juego las variantes -tario / -taria (voluntad>voluntario).
El sufijo -ero / -era, además de crear adjetivos gentilicios, da lugar a adjetivos relacionados sobre base nominal que designan productos o materias comerciales, industriales o agrícolas (lechero, pesquero). En ciertas ocasiones pueden dar lugar a adjetivos calificativos que incluyen un matiz despectivo presente ya en la base (arrabalero). También son calificativos algunos adjetivos formados con estos sufijos que se refieren a una afición por ciertas actividades (futbolero, viajera). También funcionan como calificativos ciertos adjetivos, en principio relacionales, cuando expresan gusto o afición por alimentos (María es muy cafetera).
Ya hemos visto que el sufijo -ista puede dar lugar a nombres de persona que designan, entre otras cosas, profesiones u oficios. Igualmente, se pueden utilizar en ocasiones como adjetivos relacionales (Ese muchacho es muy deportista).
Los adjetivos derivados en -ivo / -iva pueden tener tanto bases verbales como nominales (decorar>decorativo, deporte>deportivo). Estos sufijos siempre van precedidos de un "r" o una "t", que pueden formar parte tanto de la base como dar origen a las respectivas variantes -tivo / -tiva y -sivo / -siva. Otra posible variante es la que nos encontramos en los adjetivos derivados de verbos de la segunda conjugación -sitivo / -sitiva (los terminados en -poner) (compositivo), -ctivo / -ctiva (los terminados en -traer) (atractivo). En ciertos casos estos sufijos requieren la presencia de una base supletiva (auditiva, delictivo, dubitativa).




Poetas de fin de siglo: Juan Ramón Jiménez



Juan Ramón Jiménez nace en Moguer, Huelva, en 1881. Por edad está vinculado a la llamada generación  novecentista, pero la relación mantenida con el Modernismo en su juventud, así como el papel jugado en dicho movimiento, hace que lo tengamos en cuenta al estudiar a los poetas de finales del siglo XIX.
Estudió leyes en Sevilla, donde frecuentaría el Ateneo de esta ciudad y donde daría por inaugurara su carrera literaria. Poderosamente influido tanto por Bécquer como por Rubén Darío se trasladará a Madrid en 1900, a donde le había invitado a acudir Villaespesa para "luchar por el Modernismo". Pronto, en la búsqueda de su propia voz poética, se acercará a los simbolistas franceses, a quienes conocerá intensamente. En 1903, junto a otros autores modernistas, fundará la revista Helios. En este mismo año publicará Arias tristes, el primer libro de su producción en el cual es capaz de plasmar enteramente, y sin pleitesías esclerotizantes, su personalidad poética.
Como resultado de sus continuas visitas a la Residencia de Estudiantes conocería a Zenobia Camprubí, la que sería su mujer desde 1916. Solo un año después, tras su viaje de novios a Nueva York, publicaría Diario de un poeta recién casado, obra que marcaría un cambio sustancial en su quehacer poético.
Personalidad sumamente activa, propuso varias modificaciones de la ortografía española que no triunfaron y participó en diferentes proyectos editoriales, entre los que destaca la creación de Índice, una revista literaria en la que colaborarían miembros del Modernismo, del Novecentismo y algunos de los jóvenes poetas que constituirán la Generación del 27.
A raíz de la guerra civil abandona España. Pasa una temporada en Francia y Estados Unidos para recalar finalmente en Puerto Rico, donde desempeñaría su carrera docente como profesor universitario. En 1956 se le concedería el Premio Nobel de Literatura. Moriría en Puerto Rico solo dos años después.
Su obra es el resultado de una personalidad sumamente exigente, tanto con los demás como consigo mismo. La búsqueda del esencial poético le llevó a depurar y desnudar su poesía. Muchos críticos han querido ver en esto un proceso de deshumanización, pero Enrique Rull (El Modernismo y la Generación del 98) considera que más bien nos encontramos ante un proceso de interiorización que parte de presupuestos impresionistas. Juan Ramón Jiménez caminará desde lo sensorial a lo sentimental para finalizar en lo intelectual. 
Su primera etapa, la más modernista de todas ellas, está caracterizada por un sentimiento de honda melancolía que impregna toda la producción de este periodo. En sus primeras obras, decididamente influidas por la poderosa voz poética de Darío (Ninfeas y Almas de violeta, 1900), es reconocible la presencia del Decadentismo tanto en el tratamiento del tema de la muerte como en su acercamiento a lo misterioso. Estas obras, marcadamente esteticistas, dejarán paso a la presencia del simbolismo en Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904), libros donde se hará evidente un pretendido agonismo erótico.
En 1905 publica Las hojas verdes, un libro cargado de elementos orientalistas y donde pondrá en práctica nuevas formas métricas. En Elegías (1908), y sobre todo en La soledad sonora y Poemas mágicos y dolientes (1911), comienza un proceso de depuración de las técnicas modernistas que concluirán con la publicación en 1913 de Laberinto, un texto que anuncia un cambio de rumbo en su producción poética al dar entrada en la misma al componente metafísico.
Resultarán decisivos en el cambio experimentado por la poesía de Juan Ramón el regreso del poeta a Madrid, el descubrimiento de Zenobia y el contacto con Ortega y Gasset. Debido a este último la melancolía de su poesía anterior se tornará vitalismo.
En 1917 publica Sonetos espirituales, obra en la que es ya es posible intuir su aspiración por plasmar la realidad desnuda mediante la utilización de un lenguaje exacto. La búsqueda de ese "nombre exacto de las cosas", tras la cual se encuentra la profunda significación de lo vivencial, estará en la base de lo que se ha dado en llamar poesía pura. 
No obstante, el cambio definitivo no se produce hasta la publicación de Diario de un poeta recién casado (1917). Su viaje a Nueva York le ha puesto en contacto con una sociedad que solamente le aporta una visión fragmentaria, uniformada y vulgar de la realidad. Frente a esto, Juan Ramón, contrapone su ideal de belleza. 
El libro es el resultado tanto de un viaje real como de un viaje interior que le lleva a profundizar en aspectos de su propia evolución afectiva.
La búsqueda de la palabra exacta continuará en Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y Poesía y Belleza (1923). En estos textos la realidad deja de tener existencia autónoma al margen de la subjetividad poética. Será el poeta el que determinará la existencia de un mundo que, finalmente, se mostrará como creación artística del yo.
La última etapa en la poesía de Juan Ramón Jiménez supone la búsqueda interior de la idea de lo absoluto. En La estación total (1946) establece una teoría metafísica que le permite enfrentarse al tránsito hacia la muerte asumiendo la perpetuación de la conciencia. En los Romances de Coral Gables (1948) el poeta se muestra menos optimista. La soledad se convierte en uno de los temas centrales y la fusión con la totalidad se vuelve dudosa. Espacio (1943-1953) será un poemario de negación. El poeta se rebela ante la obligación de abandonar este mundo y escenifica su disconformidad en las múltiples conversaciones que entabla con su conciencia inmortal. Por último, en Animal de fondo (1949), el poeta se encuentra con su dios, el cual vive dentro de sí mismo. En sus versos el autor encontrará respuesta a todas las cuestiones que le han venido preocupando a lo largo de sus últimos libros. 


jueves, 6 de diciembre de 2012

Poetas de fin de siglo: Antonio Machado



Machado añora Soria y lo que en Soria dejó
Antonio Machado nace en Sevilla en 1875, pero pronto se traslada a Madrid donde ingresa en la Institución Libre de Enseñanza. Su paso por esta institución educativa marcará profúndamente su posterior trayectoria intelectual. En 1899 viajará a París donde entra en contacto con los poetas simbolistas franceses y conoce a Pío Baroja y a Gómez Carrillo. En 1907 obtendrá una cátedra como profesor de Francés en Soria, donde conoce a Leonor Izquierdo, la que sería su mujer desde 1909. Con ella viaja de nuevo a París donde asistirá a las clases de Joseph Bedier y de Henri Bergson. Estando en París Leonor se sentiría repentinamente enferma lo que obliga a la pareja a regresar a Soria, donde Leonor fallece en agosto de 1912. La muerte de Leonor hace que el poeta caiga en una profunda crisis vital que le llevará a trasladarse a Baeza, donde impartirá clases hasta 1919. En este año cambia la ciudad andaluza por Segovia, donde vivirá hasta 1931. Tras la proclamación de la República, de la cual se muestra partidario, se traslada al Instituto "Calderón de la Barca" en Madrid, donde le sorprenderá el comienzo de la guerra. En 1936 se traslada a Valencia, ciudad que abandonará dos años después para comenzar un largo peregrinaje hacia el exilio francés. En Collioure, muere el 22 de febrero de 1939.
Machado, como poeta, sabrá conciliar la belleza del verso modernista con una preocupación existencial no ajena a la vida cotidiana. En su poesía es posible descubrir una evolución desde lo puramente poético a lo intelectual pasando por lo circunstancial. Su profunda humanidad y su compromiso con unos ideales a los cuales nunca renunció, le permitió dotar a sus poemas de una profunda vitalidad que en no pocas ocasiones le lleva a renunciar al puro esteticismo. 
El Modernismo en Machado será un punto de partida, a partir del cual le fue posible encontrar una voz estética personal e independiente. En ella el pensamiento poético, como resultado de la experiencia vital, se convierte en el núcleo central de su poesía. Para Machado, el texto poético no era más que el punto final de un proceso mucho más complejo. Sin duda influido por Bergson, Machado sitúa la intuición en lugar preeminente de su proceso creativo, lo cual lo emparenta con el posromanticismo becqueriano. Su concepción de la poesía como "una honda palpitación del espíritu", no hace sino ahondar en esta idea. 
A finales de 1902 Machado publica su primera obra: Soledades. Cinco años después dará el poeta sevillano a la imprenta Soledades, Galerías y otros poemas (18), donde, además de incluirse la nueva sección de Galerías, se suprime una buena parte de Soledades. En términos generales el texto gana en intimismo lo que pierde en sonoridad, lo cual no impide que aún así sea perceptible la influencia de Verlaine. Para José María Valverde, Antonio Machado, en esta obra el poeta intenta un proceso de introspección en búsqueda de la propia verdad poética. Este fondo intimista, opina Enrique Rull Fenández (El Modernismo y la Generación del 98), ya no lo abandonará a lo largo de toda su obra poética y, si bien con matices, es posible descubrirlo en sus futuros textos.

En este libro se encuentran ya los temas que estarán presentes en toda la producción machadiana: la reflexión sobre el paso del tiempo, los sueños y la juventud perdida. En cuanto al paso del tiempo, destaca la concepción senequista del mismo, la cual lo acerca a una tradición hispana del tópico que cuenta con tan ilustres predecesores como Francisco de Quevedo.
Otra característica de los poemas de este libro es la abundancia de diálogos. El poeta entabla una conversación constante con los elementos naturales lo que provoca la personificación de los mismos. En la mayoría de las ocasiones la voz poética realiza preguntas que guardan relación con sus personales inquietudes vitales y que de manera general no encuentran respuesta.


En 1912 publica Campos de Castilla, obra que ampliará en 1917. Se trata de una obra mucho más vinculada a las circunstancias concretas del transcurrir vital del poeta, alejándose, consecuentemente, del simbolismo de la primera época. Castilla, como paisaje real, como trasunto histórico, como potencia moldeadora de hombres, se convierte en el decorado sobre el cual el poeta expondrá sus sentimientos. Varios serán los temas que estarán presentes en los poemas del libro: el problema de la decadencia nacional, la preocupación religiosa y la constante inquietud existencial. Junto a ellos encontramos siete poemas dedicados a la muerte de Leonor  y el largo romance "La tierra de Alvargonzález", que retoma un tema tan ancestral como el de la envidia cainita adaptándola a la tradición versal hispana. El poeta se abrirá al exterior pero sin renunciar completamente al intimismo que resulta tan propio de su producción literaria.
En 1924 publica Nuevas canciones. Este libro guarda evidentes semejanzas con el anterior, si bien en él el campo castellano es sustituido por el campo andaluz. Junto a sonetos, en los cuales es posible encontrar adornos mitológicos, Machado practicará una poesía breve y aforística. También se incluyen motivos de la tradición folklórica, tan querida a la familia Machado. En esta tercera etapa cabría incluir también las Canciones a Guiomar y De un cancionero apócrifo.
El conjunto de la producción poética de Antonio Machado concluye con una veintena de poemas que conforman Poesías de la guerra. Se trata de una serie de textos influenciados por las circunstancias en las que fueron escritos y por el compromiso ideológico de su autor.



martes, 4 de diciembre de 2012

Poetas de fin de siglo: Rubén Darío



Leda, Leonardo da Vinci
Rubén Darío nace en Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, el 18 de enero de 1867. Darío estaría llamado a convertirse en el protoestandarte del movimiento Modernista, demostrando una asombrosa capacidad para asimilar todas las corrientes poéticas que existian en el momento y devolverlas al caudal lírico dotadas de una expresión personalísima. El poeta nicaragüense será reconocido como maestro indiscutible del Modernismo y su poesía, cargada de elementos cosmopolitas y foráneos, pero al tiempo dotada de un verbo castizo e hispánico como pocos, servirá de modelo a los nuevos poetas.
El cosmopolitismo dariano es resultado del peregrinaje vital que experimentaría. La consecuencia de este deambular será la asunción de un esteticismo universalista abierto a toda innovación.  De este modo, Darío, ganará una libertad artística que le permitirá recorrer con audacia las nuevas sendas del Modernismo.
De Nicaragua, su país de nacimiento, Rubén viajará a El Salvador y más tarde a Chile, donde publicaría Azul... en 1888. En este libro se evidencia la influencia Parnasiana y en sus páginas se crea un mundo de hadas, princesas, centauros, fuentes y cisnes. El ideal parnasiano de "el arte por el arte" repudia la realidad burguesa y, en consecuencia, los textos darianos se pueblan de objetos exóticos dotados de una exquisited aristocrática. Las imágenes sorprendentes, los adjetivos inesperados, los metros y ritmos insólitos, así como el tono por ocasiones insolente y la sensualidad que rezuman sus versos, sorprendió y atrajo a las nuevas generaciones poéticas. Algunos de los símbolos presentes en este poemario se repetirán a lo largo de la obra dariana. El color azul, que da nombre al libro, y especialmente el cisne (17), serán asociados aún hoy a la poesía de Darío.
En 1892, después de haber pasado temporadas en Guatemala y El Salvador, Darío visita España. Permanece en la Península solamente dos meses pero es tiempo suficiente para recibir múltiples muestras de afecto e interés por su obra. 
De España pasará a Buenos Aires, donde ocupará el cargo de Cónsul de Colombia, de aquí a Nueva York y París, donde conocerá a Verlaine. De vuelta en la Argentina escribirá Los Raros en 1894 y solo dos años después publicará Prosas profanas. Se trata de una obra de madurez y plenitud. Con ella el Modernismo se convierte en una realidad absoluta, imitada e imitable. El caudal de temas darianos se amplía considerablemente. La música, lo íntimo, la pintura y lo moderno entran a formar parte del universo poético del nicaragüense. Se acentúan los motivos de la Antigüedad Clásica y se detecta la influencia del simbolismo. Igualmente sorprendente resulta la renovación métrica practicada por Darío. Aunará el esteticismo hermético con la reflexión existencial, introduciendo una nota intimista en algunos poemas. El tema de España también se encontrará presente y todo el poemario se vera impregnado por un velado erotismo.
En 1898 Darío regresará a España como corresponsal de La Nación. En esta ocasión lo hace como maestro indiscutible del Modernismo, aclamado y seguido por las nuevas generaciones líricas. Dos años más tarde viaja de nuevo a París, donde establece contactos con el poeta Amado Nervo. Los años siguientes los dedica a viajar por Italia y Francia, escribiendo dos libros de crónicas viajeras, Peregrinaciones en 1901 y La caravana pasa en 1903.
En 1905 publica Cantos de vida y esperanza. Se trata de un libro profundamente íntimo y cargado de un universalismo cordial. En sus páginas se encuentran todos los principios que constituirán la lírica contemporánea: religión, esteticismo, política e intimismo. Con una expresión mucho más sobria se ocupará de los problemas del mundo hispánico así como ahondará en la reflexión existencial. En algunos de sus poemas es posible detectar cierto tono de hastío vital.

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Material informe y sumamente desigual conforman El canto errante, publicado en 1907. Se trata de una obra que evidencia la falta de unidad.
Idéntico problema presentará Poema del otoño y otros poemas, de 1910. De este mismo año será Canto a la Argentina, un extenso poema preñado de eruditas referencias históricas y artísticas.
Rubén Darío morirá en el León de su infancia, Nicaragua, el 6 de febrero de 1916.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Evolución de la lírica en la generación de fin de siglo



Apuntes extraídos del libro de Pedraza y Rodríguez Cáceres Las épocas de la literatura española.


La lírica de este periodo se caracterizará, como hemos visto, por la ampliación de su instrumental métrico. Pero el objeto de la asunción de nuevos metros, estrofas y recursos no persigue solamente una musicalidad nueva, sino también establecer una correspondencia fiel entre el sentimiento y la sonoridad del poema. 
Se pretende romper con el acompasamiento habitual del verso, y se hará, principalmente, buscando la sugerencia. Para ello los autores modernistas utilizarán el encabalgamiento, las rimas internas o el cambio o anulación de las cesuras del verso. Igualmente, el Impresionismo colaborará a esta finalidad proporcionando recursos como las sinestesias, las frases inconclusas o las locuciones racionalmente incompletas.
Resulta complejo establecer una clasificación rigurosa de la lírica Modernista. Ciertamente, existen varias tendencias pero no resulta posible agrupar a los autores en función de cada una de ellas pues, en no pocas ocasiones, participan de varias. 

Aledaños del modernismo

Agrupamos aquí a una serie de autores cuyas obras no es posible incluir en las corrientes dominantes de la época. Se trata de obras premodernistas y pertenecientes a una poesía dialectal y folklórica.
Gabriel y Galán
Entre los primeros podemos incluir a Ricardo Gil, Manuel Reina o Salvador Rueda. Son autores de transición entre el Realismo y el Modernismo y se caracterizan por intentar una renovación del material retórico y temático de la poesía. En Rueda destacará tanto su colorismo regionalista como su panteísmo filosófico, características que darán por resultado una poesía que muestra un profundo entusiasmo por la Naturaleza.
La poesía dialectal fue un tipo de poesía que contó con un enorme predicamento en su época. Básicamente son composiciones en las que se aúna lo narrativo, lo lírico e incluso lo dramático, todo sobre una base melodramática. En ellas los usos dialectales se reservan para los parlamentos que establecen entre sí los interlocutores del poema manteniéndose el registro literario en el resto de la composición. Se trata de un tipo de poesía estrechamente relacionada con el Naturalismo y entre sus más acabados representantes podemos mencionar a Vicente Merina (Aires murcianos) o José María Gabriel y Galán (Extremeñas). Con existir diferencias entre ambos autores, Merina se mostrará más radical en sus propuestas que el tradicional Gabriel y Galán, ambos evidencian el influjo en su obra de las ideas regeneracionistas.
Otro grupos de poetas, entre los que destaca Manuel Machado (Cante hondo) retomarán la tradición folklórica del país para modernizarla mediante el uso de sinestesias e imágenes ambiguas. Esta revisión del caudal popular hispano habría de influir más adelante en algunos de los escritores de la Generación del 27.

Parnasianismo y exotismo

Con la irrupción de Rubén Darío en el panorama literario hispano se producirá un verdadero cambio en la creación lírica. La publicación de Prosas profanas revolucionará la concepción de la poesía aunque, ciertamente, en España no alcanzaría el Parnasianismo un triunfo completo.
En Prosas profanas triunfa el esteticismo, el arte evasivo y aristocrático que presta especial atención a la sonoridad, a la imaginería y al colorismo. En sus páginas se construye todo un universo plagado de princesas, ritmos de gavota y dioses de la Antigüedad, sin olvidar las referencias al lejano Oriente y a la Edad Media.
No obstante, no podemos afirmar que la poesía parnasiana triunfara en España. Los ideales estéticos finiseculares que se seguirán mayoritariamente serán, como veremos, otros. Sin embargo, Antonio Zayas, con su poemario Joyeles bizantinos, se convirtió en el ejemplo más acabado de este tipo de poesía en el territorio peninsular.

Simbolismo e intimismo

Manuel Machado
Decisivo sería en España el influjo del simbolismo. Se creará una poesía profundamente deudora de la lírica de Verlaine, la cual, al mismo tiempo, experimentará intensamente la influencia del intimismo becqueriano. Todos los autores que es posible encuadrar en esta tendencia sienten un vivo interés por la exploración de su "mundo interior", lo cual les lleva a reducir los elementos narrativos haciendo de la descripción una experiencia íntima. La pretensión de todos ellos será la de dar expresión a una emoción, elevando a símbolo poético una descripción o una leve anécdota. 
El libro Alma, de Manuel Machado, es un perfecto representante de estos postulados. Lo mismo cabría afirmar, hasta cierto punto, de Soledades y de Soledades, galerías y otros poemas, de su hermano Antonio, si bien en este caso el poeta optaría por un intimismo mucho más radical. Otros representantes de esta tendencia serían Villaespesa (Tristita rerum), Zayas (Paisajes) o Juan Ramón Jiménez (Arias tristes, Jardines lejanos, Pastorales).
Una parte de la poesía de Miguel de Unamuno cuenta con un importante componente simbólico. Se trata, especialmente, de aquella que guarda relación con sus preocupaciones religiosas o metafísicas (Poesías, El Cristo de Velázquez). Igualmente, Unamuno tratará de recuperar las formas y el espíritu becqueriano en otras composiciones (Rimas de dentro, Teresa)

Poesía cívica

El subjetivismo extremo al que había conducido el simbolismo corría el riesgo de perpetuarse hasta el más decepcionante hastío. La repetición sin pausa de un caudal finito de tópicos y formas conducía de manera obligada al amaneramiento. Un grupo de autores, sin duda los mejores, se mostraron conscientes de estas limitaciones y pronto encaminaron sus pasos en una nueva dirección. 
Se intenta una poesía más directa y transparente, la cual siguió en ciertos casos expresando el mundo interior de los poetas, pero que tenía claramente una vocación externa. El maestro, como ocurriera con anterioridad, será Darío. La publicación de Cantos de vida y esperanza marca un nuevo rumbo para la poética hispana. Se trata de un libro en el cual el poeta plasma su preocupación por la comunidad hispana y su destino, utilizando para ello la ironía, el sarcasmo o la bronquedad del lenguaje proveniente del habla cotidiana.
En España, el regeneracionismo poético aprovecha la predilección simbolista por el paisaje. Las descripciones del mismo se convertirán en un vehículo apropiado para representar la realidad social. Antonio Machado en Campos de Castilla renuncia a cualquier ambigüedad para mostrar de forma clara un ideal eticopolítico de regeneración social.

Hacia el expresionismo

La actitud de protesta se encuentra estrechamente vinculada a la creación artística finisecular. Se producen así un gran número de poemas de carácter antisocial y que se complacen en representar los aspectos más execrables de la realidad. Surge de este modo un particular gusto por lo feo, que se relaciona con la vertiente del Decadentismo que se complace en registrar las deformidades que presenta la sociedad del momento.
En España tanto Juan Ramón Jiménez (Ninfeas) como Villaespesa (Luchas) se deslizarán hacia el expresionismo. Igualmente expresionista será la obra de Manuel Machado El mal poema, donde el autor sevillano utilizará un lenguaje intencionalmente prosaico que se muestra atento al encanto y repulsión de la miseria humana.
Por su parte Valle-Inclán, tras haber pasado por el primitivismo de Claves líricas y por una etapa de marcado gnosticismo, creará una poesía distorsionada y grotesca en la línea del esperpento en su obra La pipa de Kif.





domingo, 2 de diciembre de 2012

Característica del Modernismo literario


Apuntes extraídos, principalmente, del libro de Enrique Rull Fernández, El Modernismo y la Generación del 98.

Resulta complejo establecer de manera esquemática las principales características del movimiento Modernista. El carácter sincrético y profundamente individualista, además de las múltiples tendencias que cabría incluir en su seno, hace de esta labor una tarea ímproba y, dadas mis escasas fuerzas, necesariamente incompleta. No obstante, no es posible, a fuer de ser precisos, solucionar la cuestión registrando aquí cuatro o cinco de las características con las que habitualmente los manuales escolares suelen zanjar la cuestión. Por norma general, se habla en estos textos de evasión, exotismo, cosmopolitismo, renovación del lenguaje poético y poco más. Entiendo las bondades pedagógicas de este modo de actuar, e incluso yo mismo he estado tentado, en aras de la bendita claridad expositiva, a actuar de este modo. Sin embargo, hacerlo implicaría admitir tácitamente una división entre Modernismo y Generación del 98 que en textos precedentes no he admitido nominalmente. Si hemos de suponer, como hasta el momento he venido haciendo, que el llamado noventayochismo es una tendencia más dentro de la corriente literaria denominada Modernismo, no es posible identificar las características generales de esta corriente con aquellas otras que pertenecen a uno de sus movimientos y que, además, se circunscriben a un género literario concreto.
Es importante, por lo tanto, recordar, como afirma Federico Onís, que el Modernismo es la respuesta artística a la crisis finisecular que desde 1883 venía afectando a todos los órdenes de la vida. En su seno existirán múltiples tendencias y, si nos centramos en lo literario, participarán de todos los géneros. Partiendo de este presupuesto intentemos clarificar un tanto la cuestión.

Afán de renovación

La tan traída y llevada crisis de fin de siglo supondrá la caducidad de los valores sociales imperantes. Ante este estado de cosas los autores modernistas no pueden aceptar la literatura que se vanagloriaba de representar, precisamente, a esa sociedad. Se hace, pues, inevitable explorar nuevos caminos expresivos que sean capaces de dar rienda suelta a la nueva actitud vital. 
Este afán por la innovación será mucho más evidente, aunque no de manera exclusiva, en la poesía. En lo formal, se llevará a cabo una profunda renovación tanto del lenguaje poético como de la versificación. 
Se utilizarán versos que hasta la fecha habían quedado en desuso o simplemente no se habían utilizado antes. Tal es el caso del endecasílabo dactílico, con acento en la primera, cuarta y séptima sílaba; o el hexámetro compuesto por cinco dactílicos y un troqueo, que trata de remedar la versificación latina. En la rima comienzan a utilizarse moldes atípicos, como los versos monorrimos, y se introducen medidas poco habituales como los versos de diez, doce o quince sílabas. El gusto por la innovación alcanzará incluso a los moldes estróficos más consagrados, como el soneto, que autores como Unamuno, Machado o Darío intentarán renovar utilizando versos de doce, catorce o diez y seis sílabas. 
También supondrá una innovación el empleo de nuevos recursos y técnicas expresivas. El impresionismo influirá tanto en la prosa como en el verso y en autores tan dispares como Baroja y Rubén Darío. Serán de este modo habituales las sinestesias o la utilización de las descripciones impresionistas en la prosa.
Común a la prosa, a la poesía e incluso al teatro es el gusto por introducir en los textos modernistas nuevos vocablos. La literatura debía convertirse en un artefacto único y sorprendente y un medio de lograrlo era permitir la entrada a múltiples extranjerismos, un sinnúmero de cultismos y no pocos arcaísmos. Consecuentemente el texto se oscurece, y lo hace hasta tal punto que de un verso de Darío, concretamente del que dice: "que púberes canéforas te ofrenden el acanto" (Responso a Verlaine), un insigne poeta dijo no alcanzar a entender más que el "que".

Estéticismo de tendencia mística

Consiste en una concepción ideológica, propia básicamente de la poesía, que pretende expresar un sentimiento religioso trascendente. Lo encontramos en el primer Darío, caracterizado por un buscado hermetismo, y, liberado de todo afán culturalista, en las composiciones subjetivistas de Juan Ramón Jiménez. Se trata, en esencia, del mismo concepto que articula la honda preocupación por el más allá que es posible detectar en Antonio Machado o Miguel de Unamuno
Esta idea tendrá su origen en el culto artístico-místico del primer Modernismo que obligaba al poeta a trabajar artísticamente el lenguaje, lo cual, unido al rechazo que sienten por la religiosidad tradicional, conduce a los autores a un esteticismo trascendentalista que derivará, en algunos casos, en un amoralismo heredero del decadentismo y de algunas de las ideas nietzscheanas.
El resultado serán tres actitudes muy distintas dentro del Modernismo en lo que se refiere a su relación con lo religioso. La primera de ellas se muestra radicalmente amoral. En nuestras letras Valle-Inclán, quien elevará a religión la idea del arte artístico en La lámpara maravillosa, será un ejemplo acabado de esta postura. Frente a ella encontraríamos la actitud representada por Rubén Darío, quien se moverá entre el paganismo, resultado de la búsqueda de temas religioso-místicos no eclesiales en la Antigüedad Clásica, y el cristianismo. Por último, Unamuno, con su hetorodoxa religiosidad llena de dudas, se situará entre ambos extremos equilibrando el fiel de la balanza.

Huida temporal y espacial

Destaca en las composiciones modernistas cierto afán de huida. La realidad es sentida como insuficiente, incapaz de satisfacer las ansias vitalistas que experimentan los poetas. En el rutinario vivir de cada día los modernistas no pueden encontrar la respuesta adecuada a su nueva sensibilidad, haciéndose obligada la fuga hacia otros espacios y otros tiempos.
En lo temporal regresarán a la Edad Media, a la Antigüedad Clásica, al siglo XVIII, a la mítica América precolombina, a la Francia de los luises... Son tiempos perlados por un refinamiento nostálgico en los que es posible soñar, como dice Darío, con princesas, reyes y cosas imperiales.
En lo espacial la fuga de la realidad les llevará a lejanas tierras, preferiblemente Oriente, donde se reconstruirá todo un imaginario preñado de exotismo. Se incluyen en los poemas continuas referencias a los modelos estéticos de las lejanas China y Japón, tomados en muchos casos de Gautier y Loti. Guillermo Valencia, autor colombiano, escribirá Catay en plena época modernisma, un libro inspirado por entero en la poesía china.


Formas crepusculares del sentir

Sin duda, la crisis de valores que sufriría Europa y América a finales de siglo generó una tendencia neurasténica generalizada. No obstante, esta se mostró especialmente virulenta entre los autores modernistas, afectando igualmente a poetas como Rubén Darío o prosistas como Azorín o Baroja. Es cierto que en algunos de ellos esta angustia estaba teñida por el decadentismo finisecular, mientras que en otros predominaba cierta angustia de carácter metafísico. Sin embargo, en todos ellos es posible detectar la angustia de la vida sensible, que tan magistralmente explicaría Azorín:
Ha habido en el fondo de la generación del 98 un légamo de melancolía. En reacción contra la frivolidad ambiente, esos escritores eran tristes. Triste era el Greco y triste era Larra, admirados por tal generación. Pero ¿por qué se había ido hacia esos artistas? ¿Por que, fundamentalmente, se era triste? De la tristeza y no de la alegría salen las grandes cosas del arte. No se diga, como se suele, que la tristeza provenía de la consideración del desastre colonial. Nos entristecía el desastre. Pero no era, no, la causa política, sino psicológica. Emanaba, a no dudar, del replegamiento a que obligaba el cansancio, ya naciente, de una sociedad -la sociedad de la Restauración- que llegaba a su final, acaso -los hechos lo han confirmado- trágico final.
Bien mirado, la reflexión azoriniana le cae tan bien a los Nocturnos de Darío como a la melancólica y fugaz mirada al mundo que Azorín plantea en obras como La Voluntad o a la neurastenia que derrocha El árbol de la ciencia de Baroja.
Como resultado de esta actitud surgirán un gran número de temas que resultarán comunes a todos los escritores modernistas. El tiempo, la soledad, el sueño y la sensualidad estarán presentes por igual en poemas, ensayos y novelas.