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jueves, 27 de junio de 2013

Sustantivos contables y no contables




Propiedades gramaticales

Los sustantivos contables pueden usarse en plural con modificadores de diverso tipo: determinantes definidos (las casas, los amigos), numerales cardinales (tres palabras), indefinidos (muchos viajes) o sin ningún tipo de modificador (Faltan detalles). Los sustantivos no contables no pueden aparecer en plural y van acompañados de los indefinidos mucho, poco, bastante, demasiado, harto, tanto, cuanto, cuánto, etc (mucho pan, bastante dinero). No obstante, este tipo de sustantivos no admiten ni numerales ni el adjetivo medio, tampoco acepta ciertos indefinidos como varios, diversos o determinados.
Se asimilan, al menos en parte, a los no contables los denominados pluralia tántum. Tal es el caso de agujetas, apuros, celos, cimientos o comestibles. Estos sustantivos, pese a emplearse siempre en plural, no aportan información de pluralidad, lo cual hace que no designen entidades enumerables. 
En determinadas funciones sintácticas, especialmente como complemento directo o sujeto en posición pospuesta, los nombres no contables en singular alternan con los contables en plural. No obstante, en estas posiciones, no suelen admitirse sustantivos contables en singular (Compraré pan, comprare libros, *comprare libro). No obstante, se admiten los contables en singular en la interpretación de tipo o clase con el verbo abundar (No abunda la perdiz roja).
La semejanzas gramaticales que se detectan entre los sustantivos contables en plural y los no contables en singular pueden deberse a que estos últimos forman una suerte de plurales léxicos al denotar conjunto de partículas o individuos. Esto explicaría que desempeñen la función de término de la preposición entre sustantivos no contables en singular. Del mismo modo, los verbos que seleccionan argumentos colectivos aceptan en singular los nombres no contables (Voy amontonando basura en el patio).
Una serie de adjetivos parecen acompañar, de manera recurrente, a sustantivos no contables. Tal es el caso de abundante. Este adjetivo puede acompañar a un gran número de sustantivos no contables, no obstante, es rechazado por algunos de carácter abstracto y puede encontrarse con sustantivos contables (cena, desayuno, merienda...). Es decir, que en el caso de abundante, a la hora de intentar distinguir entre nombres contables o no contables, hay que actuar con prudencia.
Clases semánticas de nombres no contables. Cambios de categoría

Intentar establecer una clasificación semántica de los nombres no contables resulta compleja. En primer lugar porque pueden formar parte de este tipo de nombres tanto sustantivos concretos como abstractos y, en segundo lugar, porque determinados nombres, a priori no contables, cuentan con acepciones que pueden ser interpretadas como contables. Por otro lado no es nada infrecuente que en español se utilicen los mismos nombres tanto como contables como no contables, lo cual complica aún más la cuestión.
Habitualmente, cuando utilizamos un sustantivo no contable como contable, solemos hacerlo para referirnos a la clase o tipo en la cual se engloba un conjunto de realidades que contienen un rasgo semántico común. De este modo el sustantivo vino resulta no contable en la oración Bebió bastante vino aquella noche. Si nos fijamos, en este contexto no es posible utilizar el adjetivo medio, o cuando menos el uso del mismo implica una interpretación diferente a la que parece extraerse de la lectura de la oración anterior: Bebió medio vino aquella noche. No obstante, en otros contextos, más en concreto, al referirnos a la clase genérica que engloba un conjunto de vinos, este sustantivo, es interpretado como no contable, aceptando como tal el uso del plural: Los vinos de la Rioja son estupendos.
Algo semejante ocurre cuando el sustantivo no contable pasa a designar de manera individual un fragmento del conjunto. Es lo que ocurre cuando afirmamos, por ejemplo: La pelota rompió dos cristales de la puerta. En este caso el sustantivo no contable cristal se convierte en contable al designar partes individuales del mismo, lo cual permite que aparezca en plural y modificado por un numeral.
Con los nombres de alimentos ocurre algo parecido. Si volvemos al vino de nuestro primer ejemplo comprobaremos que, en determinados contextos, el nombre no contable puede hacer referencia a su modo de presentación. Así diremos, sin ningún tipo de problema: Bebió un vino aquella noche. En este caso el sustantivo vuelve a comportarse como un nombre contable, aunque cabría preguntarse hasta que punto no nos encontremos ante una elipsis que el oyente es capaz de completar gracias a su conocimiento pragmático.
Mucho menos frecuente es el caso contrario, es decir, que un sustantivo contable pase a ser interpretado como no contable. En los casos en los que se produce suele existir un cambio de carácter cuantitativo, aunque no dejan de existir casos en los que se produce cambios de carácter cualitativo. En este sentido la oración Arturo es poco hombre para Adela, lo que se pone en cuestión es la calidad en cuanto hombre, con todo lo que esto implica, de el pobre Arturo. En esta ocasión el sustantivo va acompañado del indefinido poco pero no podría ir modificado por el adjetivo medio. No obstante, en otros casos el cambio de categoría puede afectar al significado de la oración desde un punto de vista cualitativo. Sirva de ejemplo: Aquí en Villaconejos hay demasiado hombre para tan poca mujer.

El sustantivo y sus clases



Caracterización del sustantivo

Desde un punto de vista morfológico el sustantivo se caracteriza por variar en género y número y por participar en diferentes procesos de derivación y composición. Desde un punto de vista sintáctico, el sustantivo da lugar a grupos nominales que tienen la capacidad de ejercer diferentes funciones sintácticas. 
Por otro lado, los sustantivos denotan un amplio campo de entidades de diferente naturaleza y condición. Esta diversidad es la que obliga a agruparlos en varias clases gramaticales.

Clases principales de sustantivos

Una primera distinción se establece entre sustantivos comunes y sustantivos propios. El nombre común se aplica a toda una serie de realidades que forman parte de una misma clase, ya que comparten una serie de rasgos que las agrupan y, al mismo tiempo, las diferencian de otros nombres comunes. Esta característica permite a esta clase de sustantivos participar de relaciones léxicas de hiperonimia, hiponimia, sinonimia y antonimia, así como resultar susceptibles de traducción. No obstante, el nombre común solamente adquiere un carácter referencial cuando se integra en en un grupo nominal. El nombre común mesa, de manera aislada, hace referencia a un concepto general en el cual es posible englobar cualquier objeto concreto que se ajuste a las rasgos generales que se reúnen en su definición. Solo cuando el sustantivo es determinado en el seno de un grupo nominal adquiere valor referencial e individualizador, es decir, el contenido semántico general que se corresponde con determinado sustantivo se concreta en una referencia extraliteraria concreta: una mesa.
Por el contrario el nombre propio identifica un ser entre los demás sin informar de sus rasgos o sus propiedades constitutivas. Esta serie de sustantivos expresan cómo se llaman individualmente las entidades. Esto hace que estas unidades tengan poder referencial por sí mismos y les impide participar en las relaciones léxicas que era posible establecer entre los nombres comunes. De igual modo, tampoco es posible realizar la traducción de este tipo de nombres.
Los nombres comunes se dividen en contables-no contables, individuales-colectivos, abstractos-concretos.

Nombres contables-no contables

Los nombres contables o discontinuos o discretos hacen referencia a entidades que se pueden contar o enumerar. Por su parte, los no contables, también llamados incontables, continuos, de materia, de masa y medibles) designan magnitudes que se interpretan como sustancias o materias.
Son nombres contables libro, planetas, información, vasos. Son nombres no contables tiempo, testarudez, agua. Debemos tener en cuenta que determinados sustantivos no contables pueden comportarse, según el contexto, como sustantivos contables. Es lo que ocurre con, por ejemplo, café. Este sustantivo resulta no contable en expresiones del tipo: En el almacén había café, aceite y trigo. No obstante, el mismo sustantivo actúa como contable en: El profesor se tomó un café.

Nombres individuales-colectivos

Los sustantivos individuales denotan personas, animales o cosas que concebimos como entidades únicas. Por su parte los nombres colectivos designan, en singular, conjuntos de personas o cosas similares. Se aprecia esta distinción entre, por ejemplo, profesor y claustro. El primero designa a un ente particular mientras que el segundo hace referencia a un grupo de profesores.

Nombres abstractos-concretos

Los sustantivos abstractos designan conceptos no materiales, es decir, acciones, cualidades o procesos que atribuimos a los seres o pensándolos como entidades independientes a los mismos. Los nombres concretos hacen referencia a los seres a los que atribuimos las mencionadas propiedades o acciones.

Sustantivos argumentales

Los nombres argumentales cuentan con argumentos que designan participantes exigidos por el significado concreto del sustantivo. En este sentido el sustantivo amigo es argumental porque su significado no se entiende sin la existencia de dos participantes que mantienen entre sí una relación de amistad.

Sustantivos eventivos

Los nombres eventivos son aquellos susceptibles de convertirse en sujetos del predicado tener lugar o términos de la preposición durante (batalla, reunión, cacería).

Sustantivos cuantificativos

Se denominan nombres cuantificativos o cuantitativos aquellos que forman grupos nominales que pueden desempeñar la función de cuantificadores (Una brizna de hierba, un grano de algodón, un litro de leche). 

martes, 25 de junio de 2013

Escuadra hacia la muerte



Ahí, sobre estas líneas, están los protagonistas que la noche del 18 de marzo de 1953 llevaron a las tablas del María Guerrero Escuadra hacia la muerte. Cuenta Jaime Ferrán, poeta, que el por entonces ministro del Ejército, Agustín Muñoz Grandes, amenazó con quemar el teatro esa misma noche. Esta pequeña anécdota, tan del gusto de los que como yo disfrutan con la intrahistoria pato-heroica de la literatura, me permite ilustrar lo alejado que desde sus comienzos se mostró Sastre y su teatro de la situación política que le tocó vivir. No sin razón Farris Anderson verá en el teatro de Sastre un cuestionamiento constante de la realidad que lo circunda. Sastre se opondrá dialécticamente a su entorno, ya sea este social, político o artístico, y esta postura, embrionaria en estos primeros años, no hará sino radicalizarse con el paso del tiempo.
Decididamente comprometido, Sastre verá muy pronto el teatro como una eficaz herramienta de acción social. La creación del TAS (Teatro de Agitación Social) en 1950, si bien no fructificó, fue la primera piedra  (la segunda si contamos la fundación de Arte Nuevo en 1945) sobre la que solo diez años después se habría de cimentar el GTR (Grupo de Teatro Realista) y, paralelamente, el cambio de foco desde lo artístico a lo social. A resumidas cuentas, lo que pretendían tanto Sastre como sus compañeros de viaje (un paradójico Alfonso Paso, Medardo Fraile y Carlos José Costas en un principio, a los que se uniría, ya en el más profesional TAS, Jose María de Quinto) era renovar profundamente la escena española. Tarea esta tan perenne como dificultosa dadas las circunstancias.
Las peripecias que configuran la creación y representación de la obra (aparte el arrebato neróntico del bueno de don Agustín Muñoz) son también especialmente llamativas. En un principio la obra fue un encargo de un empresario inglés que tuvo, no sé si la peregrina idea, de llevar a Londres una obra española representada por una compañía española. La obra en cuestión debía ser algo nuevo y el encargo cayó en las manos de Alfonso Sastre. Sastre decidió contar para esta representación con los antiguos miembros de Arte Nuevo e ideó una obra que, libre de las cortapisas que le supondría un estreno en España, resultó radicalmente novedosa. Lamentablemente la gira británica no llegó a fructificar, lo que llevó a la compañía a estrenar la obra en Madrid en la fecha y lugar indicado. Escuadra hacia la muerte no pasaría en su estreno de la tercera representación, pero su autor, un joven Alfonso Sastre, pasaría a ocupar un lugar destacado en la escena hispana.
Bueno, pero, ¿de qué va Escuadra hacia la muerte? La cosa es bastante sencilla de explicar. En una hipotética tercera guerra mundial un escuadrón de castigo formado por seis hombres es enviado a una misión suicida para purgar de este modo sus culpas (se entiende que cada uno de los miembros del escuadrón tiene un oscuro o vergonzoso pasado. Llama la atención de entre todos el caso de Luis, un soldado que es condenado al escuadrón por no haber querido formar parte de un pelotón de fusilamiento. Volveremos a él más tarde). El escuadrón está al mando de un cabo tiránico que maltrata a sus compañeros haciendo cumplir las ordenanzas militares con una escrupulosidad carente de sentido. Todos los miembros del pequeño escuadrón se saben condenados, conducidos de manera inevitable a una muerte segura y, por lo tanto, ven absurdo el cumplimiento de la disciplina militar. El caso es que, como no podía ser de otro modo, el cabo termina siendo asesinado por cuatro de sus compañeros (Luis en ese momento se encuentra haciendo la guardia). Desde ese momento el estado de cosas se ve radicalmente alterado. Hasta ese momento los soldados parecen tener clara su situación. Si el resultado de su misión suicida es la muerte expiarán con ella sus pecados. Si por el contrario salen sanos y salvos habrán recibido el perdón, no me atrevo a decir divino, pero perdón a fin de cuentas. El asesinato del cabo es una nueva muesca en sus almas y en este caso no existe restitución posible. Así, por lo menos, es como lo ve Pedro, el más veterano de los cinco soldados, que decide ocupar el lugar del cabo tras la muerte de este. Pedro comprende la necesidad de mantener la disciplina militar, lo cual desvirtúa en parte la muerte del cabo, y, al final de la obra, la necesidad de confesar su culpa ante un consejo de guerra llegado el caso. Mucho más interesante me resulta la figura de Adolfo. Este no cree en la concepción judeo-cristiana del pecado que de manera tan varonil acepta su compañero Pedro. El prefiere huir, echarse al monte y dar continuidad a una existencia que se desliza por la ladera de lo nietzscheano. Por su parte Andrés renuncia como Pedro a su existencia, no de un modo total como este, o como ocurrirá en el caso de Javier, pero sí lo hace nominalmente. Andrés decide entregarse al enemigo, a ese enemigo cruel y despiadado del que solo puede esperarse o una muerte lenta o la animalización total en un campo de prisioneros. De este modo Andrés renuncia a su voluntad, a su voluntad de hombre, la misma que a Javier, prudentemente fuera de escena, le permite disponer tan libremente de su vida como para colgarla de un árbol. Por último nos queda Luis, ese justo entre sodomitas. El pecado que le ha llevado a ese escuadrón no es, como se ha apuntado, tal pecado, consecuentemente la justicia poética no puede otorgarle el mismo final que a sus compañeros. Él, que no quiso participar en un pelotón de ejecución, no podía participar y no participó en la ejecución del cabo. Sastre lo salva, protege de este modo a un alma inocente posibilitando su redención final.
Pues esto, más o menos, es lo que yo he entendido de esta obra teatral que tristemente he leído porque no he tenido la suerte de asistir a su representación. Estoy seguro de que sobre las tablas el texto ganará mucho. No obstante, no puedo dejar de sentir cierta decepción tras haberme acercado, por fin, a esta obra. 
Es posible que yo esperara algo mucho más radical, un planteamiento que dinamitara con tal contundencia las concepciones morales de la sociedad de la época como para que los ecos de esta explosión llegaran hasta mí. Lamentablemente no ha sido así. Es cierto que la obra es antimilitarista e introduce lateralmente lo absurdo de seguir unas normas que resultan delirantes en determinadas circunstancias (que actual es en este sentido la obra), sin embargo, me molesta esa solución complaciente que el autor proporciona al conflicto moral que dimana de su planteamiento trágico. Claro que, si no fuera de este modo, cabría preguntarse si realmente existiría tragedia alguna.  

lunes, 24 de junio de 2013

El Balneario



Hacía años que no iba por una librería de viejo. Renuncié a ellas porque lo que podía encontrar entre sus estanterías me había dejado de interesar y, tal vez, porque mi madurez, hasta cierto punto económica, me llevó a preferir la asepsia perfumada de la Fnac o de El Corte Inglés. Sé que en esta actitud mía hay mucho de traición contumaz, y puede que también un algo de estulticia postmoderna. Sin embargo, no me flagelo demasiado por ello. Convivo pacíficamente con mis traumas consumistas sin perder el sueño, al menos, no por completo.
Siempre había tenido a Manuel Vázquez Montalbán por un escritor menor. No es que ahora mi opinión haya cambiado sustancialmente. No poseo datos concluyentes y desdecirme así, de improviso, de una convicción que me ha acompañado desde mis años de estudiante, sería una nueva traición que no podría sumar sin sonrojo a la ya mencionada. Hasta fechas muy próximas solo conocía de este escritor la versión televisiva  que de Las aventuras de Pepe Carbalho había llevado a la pequeña pantalla Adolfo Aristarain para TVE, con guión del propio Vázquez Montalbán y Domenec Font. En mi memoria, memoria de primera adolescencia, Eusebio Poncela actúa como agente catalizador de una erotismo interruptus que, por otro lado, resultaba tan propio de la época. Para mí, desde ese despertar a las señoritas, el nombre de Pepe Carbalho quedaría irremediablemente unido a cierto onanismo frustrado, lo cual, me temo, determinó fatalmente mi opinión para con el pobre Montalbán.
El caso es que en los últimos tiempos me he hecho con un ejemplar del séptimo volumen de la Historia de la Literatura Española que para Ariel dirige José-Carlos Mainer. En este tomo, Derrota y restitución de la modernidad. 1939-2010, Jordi Gracia Domingo Ródenas repasa la literatura española de más reciente cuño. Lo cierto es que, por razones pedagógicas e ideológicas que no vienen al caso, yo siempre he sido un profundo desconocedor de esta literatura, por lo cual me puse a leer el citado manual con relativa curiosidad. Allí aprendí muchos nombres que he olvidado y de entre todos ellos me llamó la atención el de Vázquez Montalbán. Jordi Gracia le asigna un papel capital en la elaboración de la nueva narrativa que logra superar la novela testimonial del segundo cuarto del siglo XX y, al mismo tiempo, lo convierte en un actor principal del clima literario que se respirará en la España de la segunda mitad de ese siglo.
De este modo es como mi natural ignorancia se alió con mi falta de convicciones y no pude resistirme al ejemplar de El Balneario que, encuadernado en tapas duras por Planeta, me llamaba desde los anaqueles de El Indio -local especializado en la venta de artículos de muchas manos-.
Lo que viene a continuación es lo esperado. Lo pagué, lo acaricié y lo leía con relativa rapidez. Ciertamente la novelita se lee en dos patadas. Era la primera obra que leía del género -de nuevo mis prejuicios literarios- y debo confesar que no recibí más de lo que esperaba.
La trama tiene lugar en un balneario de la costa española. Se trata de un establecimiento especializado en la cura de la obesidad mediante la aplicación de una severa dieta vegetariana. De este modo Montalbán construye un espacio cerrado, aislado del entorno y sin posible escapatoria, en el cual se llevan a cabo una serie de asesinatos. Consecuentemente, todos y cada uno de los huéspedes del balneario se convertirán en posibles víctimas y en potenciales asesinos. Esta circunstancia les obligará a permanecer encerrados, lo cual aprovechará Montalbán para proponer un divertido juguete sociológico en el cual, sin más pretensiones, pasará revista a los estereotipos regionales, clasistas y nacionales que, por entonces, regían la percepción que los españoles tenían tanto de sí mismos como de buena parte de Europa o América. Reconozco que en este punto la novela se desliza por la vertiente del chiste clásico, (aquello de "había un catalán, un vasco, una señora de Toledo y un belga....") no obstante, esto, que podría ser un defecto según se considere, a mi me resultó lo más ameno del texto, ya que la trama policíaca por momentos resulta endeble, previsible y, si me apuran, con un interés menor.
Resumiendo, leí esta novela por un puro casual y no creo que su memoria se prolongue mucho más allá de esta entrada. Novela de carácter ligero, creada por aquello del pane lucrando y sin mayor pretensión. Como pasatiempo está bien, como muestra del verdadero potencial de este autor no creo que resulte significativa.

viernes, 8 de febrero de 2013

Composición: pautas de composición poco productivas y composición neoclásica

Pautas de composición poco productivas

Compuestos con numerales y adverbios

Un cierto número de compuestos se crean utilizando numerales (ciempiés, milflores, milhojas, sietecolores). Más conflictivo resulta el caso de los compuestos, en su inmensa mayoría pertenecientes al ámbito científico, que utilizan numerales procedentes del latín y del griego. Para unos autores no nos encontraríamos ante verdaderos compuestos, sino ante derivados que se ven afectados por prefijos. No obstante, la Nueva gramática de la lengua española los incluye en este apartado y, consecuentemente, así los aceptaremos. Sin embargo, no podemos dejar de hacer notar la incoherencia que se comete al considerar, en esta misma obra, a algunos de estos elementos como prefijos (tetrápodo, bípedo, pentámetro, monodactílico, díptero).
También se crean compuestos con adverbios (o adjetivos en función adverbial). Estos adverbios ocupan el primer lugar del compuesto y pueden utilizar o no vocal de enlace (simpreviva, altisonante). Algo más frecuentes son los compuestos ADV-A creados con los advervios bien y mal (biempensante, malpensante, bienaventurado, malmadado, malnacido, bienintencionado). Generalmente estas palabras son consideradas como parasintéticas. El esquema ADV-V da lugar a un importante número de palabras (malquerer, malgastar, bienvivir).

Compuestos con las pautas V-i-V, V-V. N-V. Otros grupos lexicalizados

La pauta V-i-V no resulta especialmente productiva (quitaipón, subeibaja). El sustantivo correveidile es un compuesto generado con tres imperativos, el último con el pronombre enclítico, lo cual lo hace especialmente curioso.
Responden al esquema V-V toda una serie de compuestos. Entre ellos destacan aquellos que unen verbos de significado contrario y los que duplican el verbo (alzapón, tejemaneje, matamata, pegapega).
En la mayoría de los compuestos que responden al esquema N-V el sustantivo se corresponde con el Objeto Directo del verbo (vasodilatar, alicortar). Sin embargo, en manuscribir y fotograbar no se cumple este principio, sino que denota el instrumento con el cual se realiza la acción.
En ocasiones se lexicalizan grupos verbales que pueden contener pronombres, artículos, preposiciones y otros elementos (acabose, besalamano, bienmesabe, curalotodo).

La composición neoclásica

Bases compositivas cultas. Definición

Un buen número de compuestos adjetivales y nominales se forman con voces de origen latino o griego. A estas voces se les denomina bases compositivas cultas. A continuación presentamos algunas de estas bases con su definición:


Naturaleza

A diferencia de algunas formas de origen grecolatino, como homo-, que se asimilan a los prefijos, otros elementos, como son aquellos de los cuales nos ocupamos ahora, son considerados, por su carácter intermedio entre los afijos y los morfemas libres, como bases compositivas.
Pese a ocupar en no pocas ocasiones un lugar inicial en la palabra, no es posible asimilarlos a los prefijos pues, en no pocas ocasiones, constituyen una nueva palabra junto a un afijo (étnico, hídrico). Consecuentemente, estos elementos suelen ser denominados, al menos por una parte de los gramáticos, como falsos prefijos, cuasiprefijos o pseudoprefijos.
Lo mismo sucede con una serie de elementos que se suelen añadir al final de la palabra (-algia, -arca, -`fugo). Estos pueden formar palabras uniéndose a prefijos y a sufijos (analgésico, anarquista, prófugo).
De igual modo, algunos de estos elementos pueden ocupar tanto una posición inicial como final en la palabra (filoamericano, cinéfilo).
Por último, la existencia de una relación argumental entre estos elementos en el interior de la palabra cuando dan lugar a los llamados compuestos neoclásicos, refuerza la idea de composición, pues este tipo de relación es propia de los compuestos y no se da entre la base y sus afijos.  

miércoles, 23 de enero de 2013

Composición: compuestos de nombre y adjetivo, compuestos de verbo y nombre



Compuesto de nombre y adjetivo

La composición de un nombre y un adjetivo puede dar lugar tanto a compuestos nominales como compuestos adjetivales.

Compuestos nominales y adjetivales N-A, A-N y N+A

La mayoría de los compuestos que responden al esquema N-A es atributiva, pues el adjetivo designa una propiedad del nombre que constituye el núcleo del compuesto (aguamarina, aguardiente, camposanto, caradura). 
También resultan atributivas algunas construcciones con el adjetivo en primera posición (altavoz, buenandanza, buenaventura, malnutrición, extremaunción). 
En ciertos casos la grafía, y consecuentemente la distinta naturaleza de los compuestos que se forman con las mismas palabras, acarrean significados distintos (agua fuerte = 'disolución de ácido nítrico'; aguafuerte = 'estampa'). Relacionado con esto, se prefiere guardamarina para designar a una persona, antes que guarda marina. También resulta preferible emplear guardiacivil para designar a un individuo, aunque se admite guardia civil y Guardia Civil para designar a la institución. 
De igual modo, el esquema A-N puede dar lugar a compuestos adjetivales (grancanario, altoaragonés).
Un grupo limitado de compuestos que responden al esquema N-A presentan el núcleo a la derecha, mostrando, muchos de ellos, una relación argumental entre el nombre y el adjetivo (drogadicto, acidorresistente, catalanohablante, drogodependiente, radioaficionado).
Muchos de los compuestos que responden al esquema N+A designan a individuos. En estos compuestos sintagmáticos el nombre se refiere a una parte o un componente del cuerpo (cabeza rapada, cara bonita, piel roja), una prenda de vestir (camisa roja, cascos azules). El número y el género de estos compuestos se muestran independientes del número y género del sustantivo que los encabeza. Se comportan en este sentido como nombres comunes en cuanto al género, lo cual favorece su interpretación como compuestos, alejándolos de las locuciones nominales.

Adjetivos compuestos según la pauta N-i-A 

Entre todas las pautas compositivas que unen adjetivos y sustantivos la que aquí se estudia resulta la más productiva. Un gran número de estos compuestos son adjetivos que se predican de nombres de persona o de animales (cariacontecido, narilargo, ojizarco, pernilargo). Los adjetivos de estos compuestos presentan los mismo atributos gramaticales del grupo nominal del que se predica el compuesto, y no del sustantivo contenido en este. 
Este tipo de compuestos suelen ser considerados endocéntricos, con núcleo a la derecha. No obstante, algunos autores los consideran exocéntricos pues a su parecer el adjetivo solo denota indirectamente una cualidad de la persona o del animal al que se le atribuye la propiedad que estos designan (Una persona pelirroja no es una persona roja, sino una persona con el pelo rojo).

Compuestos de verbo y nombre

El esquema V-N es el modelo más productivo de entre los que dan lugar a compuestos propios. Da lugar a un gran número de compuestos nominales que designan, además de otra nociones menos sistemáticas, agentes o instrumentos.

Estructura morfológica de los compuestos V-N

No está totalmente claro el carácter endocéntrico o exocéntrico de este tipo de compuestos. Se asimilan a los primeros en cuanto resultan altamente productivos y en que poseen un significado transparente. No obstante, estos compuestos son sustantivos que se forman a partir de verbos y su significado es parcialmente predecible en función del significado de sus componentes.
Por otro lado, se acercan a los compuestos exocéntricos al contar con un género y un número independientes de los que presenta el sustantivo que contienen. 
Este tipo de compuestos mantienen la vocal temática del presente de indicativo. Aquellos pocos que se forman sobre una base imperativa no se consideran propios de este tipo.

Características léxicas de los compuestos V-N

La mayoría de estos compuestos se forman con verbos transitivos de acción (cortaplumas, guardarropa, pintalabios), o con verbos que pueden funcionar tanto como transitivos o como intransitivos (rompeolas, hierbeleches).
La forma más frecuente es la que presenta en el segundo elemento el complemento directo del verbo que ocupa la primera posición (aparcacoches, pasatiempo, quitaesmalte, giradiscos). En algunos casos el sustantivo refiere el complemento de régimen de los verbos (guardabarros, parachoques, guardapolvos, parabrisas). Ya sumamente escasos son aquellos compuestos en los que el sustantivo puede ser interpretado como el sujeto del verbo al cual acompañan (vuelapié, vuelapluma).
El sustantivo, que supone el segundo elemento de los compuestos V-N, aparece en plural si son contables (afilalápices), aunque existen algunas excepciones (girasol, portafusil, portaestandarte). Otro grupo admite las dos formas al usarse en singular (cortafuego(s), matarrata(s), guardabarrera(s), portaequipaje(s), taparrabo(s)). Si el sustantivo es no contable, lo habitual es que aparezcan en singular (cortacorriente, portaleña, tragaluz). Sin embargo, también entre estos se encuentran alternancias (guardafango-aguardafangos, guardarropa-guardarropas, pasapuré-pasapurés). En un pequeño grupo el compuesto singular y el plural hacen referencia a significados distintos (buscapié = 'pretexto', buscapiés = 'cohete', catavino = 'vaso', catavinos = 'persona').
La mayoría de estos compuestos designan utensilios, instrumentos y prendas de vestir (cubrecama, cazamariposas, limpiacristales, guardapolvo). También designan individuos (aparcacoches, portavoz, limpiabotas, guardabosques). Unos pocos designan acciones, procesos, ciertos golpes y juegos (besamanos, soplamocos, pasapalabra, correcalles).

Composición: compuestos de doble sustantivo y compuestos de doble adjetivo

Antonio Azorín, Pipa para gemelos

Compuestos de doble sustantivo

Compuestos N-i-N, N-N y N+N no atributivos

Son varios los compuestos propios que se forman combinando dos sustantivos, con o sin vocal de enlace (telaraña, carricoche, coliflor). Los que presentan vocal de enlace suelen ser coordinativos y los que no cuentan con ella subordinativos. Estos últimos suelen presentar el núcleo a la izquierda (bocacalle, telaraña).
El plural de los compuestos propios se forma sobre el segundo elemento, sea o no el núcleo. Sin embargo, los compuestos sintagmáticos suelen flexionar el núcleo manteniendo invariable el otro segmento (coches cama, ciudades dormitorio).

Compuestos N+N atributivos

El segundo miembro de estos compuestos aporta alguna propiedad particular de la entidad designada por el núcleo (corbata mariposa [forma], bebé probeta [origen], buque escuela [función]). Si el núcleo es un color el segundo segmento lo matiza (rosa palo).
Muchos de estos compuestos se forman con sustantivos que se interpretan como exponentes de ciertas cualidades prototípicas (problema clave, situación límite, alumno modelo, examen relámpago, experiencia piloto).

Compuestos de doble adjetivo

Compuestos A-i-A

Son muchos los compuestos propios que se forman uniendo dos adjetivos. La pauta más productiva es la que combina dos adjetivos de color (aurinegro, albiceleste, blanquiazul, rojinegro). Con ellos se suele designar colores superpuestos de manera contigua o en patrones alternantes. Por el contrario, otros patrones que comparten este esquema, hacen referencia a cierta propiedad resultante de mezclar o combinar otras dos (tontiloco, agridulce, anchicorto).

Compuestos A-A y A+A

Estos esquemas resultan muy productivos con adjetivos relacionales que aluden a la conjunción de los dos ámbitos a los que se hace referencia (audio visual, físico-químico, político-económico). Destacan los formados con gentilicios (angloárabe, luso-brasileño). En no pocas ocasiones los mismos adjetivos dan lugar a dos compuestos, uno univerbal y el otro sintagmático (maxilofacial, maxilar-facial). En el caso de los compuestos propios el primer miembro del compuesto puede acortarse suprimiendo la terminación y añadiendo -o- (afroamericano, bucofaríngeo, espaciotemporal, verbonominal), pero también es posible que que no exista reducción y se añada solamente -o- (alemanoespañol, catalanoparlante) o que se empleen bases supletivas (angloespañol, galaicoportugués, hispanoitaliana).
Se recomienda el uso de compuestos sintagmáticos, separados por guión, cuando los miembros del compuesto mantienen sus terminaciones y cuando los miembros mantienen su denotación de manera independiente (contienda hispano-americana, literatura hispanoamericana).
Los compuestos A-A suelen ser coordinativos y, por lo general, relacionales. No obstante, existe un grupo de compuestos propios formados por adjetivos calificativos (blancoamarillento, negroparduzco). En este caso, a diferencia de lo que ocurría con los adjetivos de color que respondían al esquema A-i-A, el tono designado por estos compuestos denota la mezcla de colores.

martes, 22 de enero de 2013

Composición: estructura interna de los compuestos


Aspectos morfológicos y sintácticos

Los compuestos no admiten modificadores que afecten solamente a uno de sus componentes ni tampoco procesos de derivación exclusivos de uno de ellos. No obstante, un pequeño grupo de compuestos sintagmáticos formados por dos sustantivos admiten un morfema apreciativo, casi siempre en el primer miembro (cabecita loca).
Por otra parte, los pronombres no suelen formar parte de los compuestos. Representan una excepción un pequeño grupo de palabras compuestas en los cuales el pronombre carece de antecedente y que no responden a pautas morfológicas estables (metomentodo, nomeolvides, sabelotodo).
Tampoco resulta habitual, aunque se da en determinadas áreas geográficas, la coordinación de las bases léxicas de los compuestos con otros elementos. De este modo resultan agramaticales construcciones del tipo: *lavaplatos y tazas. Sin embargo, sí que parecen aceptar la coordinación aquellos compuestos sintagmáticos que se encuentran más cerca de las estructuras sintácticas apositivas (Es un momento clave y excitante en el sector).
No se consideran palabras compuestas, sino derivadas, aquellos compuestos que modificados por un afijo. En estos casos se da un proceso de composición>derivación (malhumorar, sacapuntitas). De igual modo, nos encontramos con el proceso inverso, derivación>composición, cuando el compuesto se forma sobre una palabra derivada (cazabonbardero, hispanohablante). Es importante que la representación de la estructura de la palabra manifieste claramente estas diferencias: [saca-punt][itas]; [caza-bombard[ero]].
La parasíntesis es una forma híbrida de composición y de derivación que se produce cuando no existen por sí solas ni la palabra derivada ni la compuesta (mileurista, pordiosero, quinceañero, ropavejero, sietemesino). En estas palabras suelen reconocerse solamente dos componentes [pordios][ero].
Otra opción, estudiada en la prefijación, es la consideración más amplia del concepto de parasíntesis. En este caso se consideran como palabras parasintéticas aquellas, como ciertos verbos, que incorporan a la base un afijo discontinuo [a[clar]ar].
En ocasiones los compuestos aparecen unidos por un elemento de enlace, normalmente la vocal -i-. Esto sucede tanto en los compuestos coordinativos como subordinativos (agridulce, subibaja, perniquebrar). En los compuestos formados por elementos de origen grecolatino se suele utilizar -o- si los términos son griegos o -i- si son latinos (cartógrafo, dermatólogo, apícultor, fraticida).

Aspectos fonológicos

Ya hemos visto que los compuestos univerbales cuentan únicamente de un acento principal, lo cual los distingue de los compuestos sintagmáticos que conservan el acento de los elementos que los componen. En el caso de los primeros es posible distinguir, además del principal, un acento secundario (decimoséptimo).
Igualmente, es posible descubrir cierta independencia fonológica en los componentes de los compuestos univerbales. Así, tal y como sucede con los sustantivos femeninos que comienzan con una /a/ tónica, los compuestos que cuentan con este tipo de sustantivos en su primer miembro se combinan con la variante el del artículo definido femenino (el aguamarina). Del mismo modo, la alternancia /o/-/ué/ o /e/-/ié/ que se produce en ciertos verbos, se mantiene cuando estos ocupan el primer lugar en una palabra compuesta (cuentacuentos, vierteaguas, duermevela).
En los compuestos nominales en los que se yuxtaponen dos vocales estas se mantienen, aunque se suelen fundir si son idénticas (aguardiente, quintaesencia). No obstante, no suele mantenerse la vocal final del primer miembro cuando nos encontramos con la vocal de enlace -i-.

lunes, 21 de enero de 2013

Composición: concepto


Las palabras compuestas

Se llama composición al proceso morfológico mediante el cual dos o más raíces forman una palabra compuesta o compuesto.
Resulta polémico establecer los límites entre las formas compuestas y otro tipo de construcciones como, por ejemplo, las palabras prefijadas, las locuciones o las construcciones en aposición. 
Para empezar, no se consideran en morfología sincrónica compuestos las combinaciones de adverbios, preposiciones y conjunciones (adonde, abajo, asimismo, aunque), ya que no se reconoce en ellos la independencia gramatical de los segmentos que proporciona su etimología. Tampoco son considerados compuestos, sino grupos preposicionales, conmigo, contigo y consigo, ya que, aún estando integrados en una sola palabra, desempeñan funciones propias de este tipo de grupos y es posible coordinarlos con ellos.
Sí se consideran compuestos, los relativos inespecíficos cualquiera, cualesquiera, quienquiera, quienesquiera, dondequiera, comoquiera y cuandoquiera.


Se distingues tres tipos de compuestos: los compuestos propios o univerbales, los compuestos sintagmáticos y los compuestos sintácticos. En el caso de los primeros, los componentes que los forman se unen en una sola palabra ortográfica y, por lo general, en un único grupo fónico (maniatar, maxilofacial). Cuando uno de los componentes de este tipo de compuestos, generalmente el primero, se encuentra acortado, se habla de compuestos acrónimos (cantautor). Los compuestos univerbales no llevan tilde en el primer segmento, de modo que se escribe acidorresistente en lugar de ácidoresistente.
Los compuestos sintagmáticos se forman con palabras que mantienen su autonomía gráfica y acentual. Este tipo de compuestos pueden aparecer separados por un guión o no (hispano-suizo, tren bala).
Son más problemáticos los compuestos del tercer tipo, puesto que parecen formar más bien parte de la fraseología que de la morfología. De manera general, consideraremos que estas construcciones son en la mayoría de los casos algún tipo de locución y no un compuesto.
En función de la relación gramatical que se establece entre sus segmentos constitutivos, los compuestos se pueden clasificar en coordinativos y subordinativos. Los primeros presentan una relación similar a la que en sintaxis se denomina coordinación (agridulce, carricoche, verdinegro) y en ella resulta muy productivo el esquema X-i-X. Por su parte, los compuestos subordinativos ponen en evidencia la relación de subordinación entre uno de los elementos, que es sentido como nuclear, y otro u otros que funcionan como modificadores o complementos (bocacalle, maldecir, matamoscas). Entre estos últimos es posible reconocer los llamados compuestos atributivos. Estos compuestos suelen estar formados por un sustantivo y un adjetivo que aporta alguna característica de la entidad designada por el nombre (camposanto, purasangre).
Una última clasificación de los compuestos responde a la existencia o inexistencia de un componente que funcione como núcleo dentro de los mismos. Los primeros son compuestos endocéntricos y los segundos compuestos exocéntricos. El núcleo de un compuesto caracteriza semánticamente y formalmente al compuesto (anglohablante, patilargo, hierbabuena, casacuna).
Al contrario de lo que sucede en los compuestos endocéntricos, en los exocéntricos las propiedades gramaticales y semánticas del compuesto no vienen determinadas por alguno de sus componentes, sino por el conjunto de ellos (piel roja).

Diferencias entre compuestos univerbales, compuestos sintagmáticos y locuciones

Para distinguir entre unidades compuestas y unidades gramaticales compuestas suelen emplearse una serie de criterios:

  1. Prosodia
  2. Flexión
  3. Composicionalidad
  4. Productividad
  5. Expansión y recursividad

El primer criterio nos permite diferenciar entre compuestos univerbales, que como hemos visto cuentan con un solo acento, y los compuestos sintagmáticos, que poseen dos.
EL segundo criterio sirve para delimitar las piezas léxicas. La mayor parte de los compuestos sintagmáticos solamente pluralizan uno de sus componentes. Cuando nos encontramos con formaciones que permiten tanto la pluralización de uno de sus elementos como de los dos (asuntos clave-asuntos claves) se suele considerar, en el segundo caso, que nos encontramos ante grupos sintácticos. No obstante, sí presentan doble plural los compuestos sintagmáticos coordinativos (droguerías perfumerías, relojes despertadores).
Las construcciones del tipo de: cabeza cuadrada, lengua larga o relaciones públicas resultan especialmente problemáticas. La existencia en estos casos de la llamada concordancia sistemática (un cabeza cuadrada-unos cabezas cuadradas) los asimila a las locuciones nominales. No obstante, al resultar comunes en cuanto al género, se acercan a los compuestos exocéntricos y se alejan de las locuciones, que tienen género masculino y femenino.
El tercer criterio hace referencia a la posibilidad de interpretar las unidades complejas a partir de la información presente en las unidades simples, así como en función de los principios combinatorios que las integran. Las locuciones suelen ser en este sentido bastante opacas mientras que los compuestos suelen resultar bastante transparentes.
El cuarto criterio está relacionado con el anterior. Por productividad entendemos el rendimiento que ofrece una determinada pauta gramatical. La productividad máxima corresponde a las unidades sintácticas. También son muy productivos ciertos esquemas compositivos como V-N o A-i-A. Por el contrario las locuciones nominales presentan una productividad mínima.
Finalmente, el criterio quinto establece una división tradicional entre la morfología y la sintaxis. Es propio de la sintaxis expandir un componente de una construcción o repetir linealmente una pauta  concreta. No obstante, es posible detectar cierta recursividad en algunos compuestos (limpiaparabrisas, hispanoangloamericano).

Prefijación: prefijos negativos, opositivos, de actitud favorable y adjetivales



Prefijos negativos

Denotan negación los prefijos cuyos derivados expresan la noción contraria a la expresada por la base. También son considerados de este modo los que aportan una noción de ausencia de una acción, propiedad o entidad y los que indican la inversión de una situación previa.

El prefijo in-

El prefijo in- presenta las variantes i- ante bases que comienzan por /l/ o /r/ e im- ante "b" o "p". Son numerosos los adjetivos formados de este modo que constituyen los antónimos de las bases sobre los cuales se forman (imposible, inválido, ilícito). Resulta menos productivo con bases verbales y nominales (imcumplir, insubordinar, impiedad, inacción). 
En las oraciones copulativas los adjetivos que admiten in- suelen combinarse con el verbo ser, mientras que los adjetivos que aceptan estar suelen rechazar este prefijo, salvo inconsciente.
Tampoco resulta habitual crear adjetivos con este prefijo sobre bases adjetivales relacionales. Son una aparente excepción inconstitucional, incivil o irreligioso, ya que en la práctica se interpretan como calificativos.
En ciertos casos, los adjetivos prefijados con in- corresponden a cultismos en los que este ya se encuentra incorporado. En estos casos caben dos posibilidades. O bien aceptamos una base supletiva que es posible identificar (informe, indoloro, impune), o bien no se analizan como prefijos desde un punto de vista sincrónico (impecable, intonso, ileso).
Es bastante frecuente que ciertos adjetivos derivados en -ble admitan la presencia del prefijo in-. En estos casos se considera que el prefijo se agrega al adjetivo [in[traducible]]. No obstante, un grupo de adjetivos formados con estos mismos componentes admiten dos segmentaciones según sea el significado que se le otorgue al derivado. Así incomunicable puede ser analizado tanto como [in[comunicable]]; 'que no puede ser comunicado', o como [[incomunica]ble]; 'susceptible de ser incomunicado'. No obstante, y contra lo establecido la Nueva Gramática de la lengua española que aquí seguimos, el diccionario de la RAE solo admite una definición de este vocablo; exactamente la de 'no comunicable'.

El prefijo des-

Se crean numerosos nombres que denotan un valor opuesto al de la base o un sentido privativo (desempleado, desdicha). También se combina con bases adjetivas, en su mayoría vinculadas a participios (desafecto, descompuesto).
Este prefijo da lugar a esquemas parasintéticos des-N-ado, des-A-ado que crean numerosos derivados adjetivales.
En cuanto a los derivados verbales creados con des-, se distinguen cuatro interpretaciones posibles: ausencia (desconocer), cese o cancelación (deshabitar), acción contraria (descoser) o acción inadecuada (desinformar). No obstante, algún derivado puede aceptar varias de estas interpretaciones.
En ciertos casos los verbos del primer grupo no siempre expresan la mera ausencia de determinada acción, sino que a veces expresan también actuaciones intencionadas como desobedecer. Ciertamente existe cierto matiz de intencionalidad en verbos de este tipo pues no son exactamente sinónimos no obedecer y desobedecer
La interpretación de acción contraria, también llamada reversiva, presupone una acción previa denotada por la base, lo que no ocurre en la primera de las interpretaciones anteriormente vistas. En este sentido, el prefijo des- actuará, para dar lugar a esta interpretación, sobre verbos que expresen cambios de estado o de posición.
Respecto a este punto, debemos considerar en múltiples ocasiones cuál será la interpretación más adecuada de un determinado derivado, pues esta determinará la dirección y la naturaleza de los procesos derivativos que se han puesto en marcha. De este modo, en no pocas ocasiones resulta mucho más adecuado interpretar una estructura parasintética antes que dos procesos derivativos, uno de sufijación y otro de prefijación. Así, la interpretación de, por ejemplo, desaguar  no será reversiva, puesto que desaguar no es exactamente la acción contraria de aguar, sino que se corresponde mejor con la interpretación de 'quitar el agua' y, por lo tanto, con la segmentación des-agua-ar
Sucede lo mismo con toda una serie de verbos como desacreditar(se), descorazonar(se), desequilibra(se), desganar(se), deshabituar(se), deshonrar(se), desilusionar(se).

El prefijo a- y los prefijos negativos separables

El prefijo a- cuenta con la variante an- que se presenta ante bases que comienzan por vocal. Cuando se une a determinados adjetivos calificativos y a un amplio número de adjetivos relacionales expresa el concepto contrario al expresado por la base (anormal, atípico). También es frecuente su interpretación privativa tanto en adjetivos, como en sustantivos (acéfalo, afasia).
Tiene también valor negativo el prefijo separable sin- que se combina con bases sustantivas para designar clases de personas (sin techo, sin ley).
También expresa 'ausencia' el prefijo separable no cuando va antepuesto a bases nominales deverbales (no agresión, no intervención).

Prefijos opositivos y de actitud favorable

Es un grupo reducido el de los prefijos que muestran la actitud hacia algo o finalidad con que se realiza una determinada acción. Expresan oposición anti- o contra- y denota actitud favorable pro-
El prefijo anti- se usa en bases nominales y sobre adjetivos relacionales (antiaborto, antiácido, antialérgico). Es posible una doble interpretación en adjetivos como antifascista, que puede significar tanto 'lo opuesto a lo + adjetivo' o bien 'lo opuesto al N-ismo'. 
Por su parte, la pauta anti-N ha dado lugar a adjetivos (o bien sustantivos en aposición) con ciertos nombres abstractos o con las bases nominales de lo que se pretende evitar o prevenir, muchas de ellas terminadas en -nte (reglas antisubsidios, antiaéreo, anticongelante).

Prefijos adjetivales

Este tipo de prefijos aportan un significado similar al de los adjetivos. De hecho, estos prefijos suelen considerarse como elementos compositivos, si bien es posible asimilarse al grupo de los prefijos si se les asigna un estatuto especial dentro de esta categoría. Forman parte de este grupo:
  • neo-, equiparable a nuevo (neogótico).
  • paleo-, la entidad designada por el sustantivo al que antecede se manifiesta en su faceta más antigua o más temprana (paleocristiana).
  • para-, la expresión denotada por la base no debe ser considerada en su sentido estricto (paraciencia).
  • pseudo-, hace referencia a variantes o versiones falsas, fraudulentas o fingidas de la noción denotada por la base (pseudocientífico).
  • homo-, igualdad entre dos entidades en relación (homogéneo).
  • hetero-, diferencia entre dos entidades en relación (heterónimo).